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“¡Bendita tierra
qué es esta, que te vio a ti nacer!
! Jinete caballo
blanco!: Barrié Pedro de la Maza.
En el medio reza
el hombre, en los extremos la fama;
y entre nombre y
apellidos, el trabajo fue su espada.”
Mariano Cabrero, La realidad de mis silencios,
Poema: “Y pasó... haciendo el bien”.

El edificio –la Fundación “Pedro Barrié de la
Maza”– que en su interior guarda tanto “saber”, mantiene el estilo de
construcción de nuestra antigua metrópoli: amplios ventanales que la dieron el
eslogan de “ciudad cristal”. El conde de Fenosa–fallecido–, don Pedro para los
coruñeses, fue el pro–hombre coruñés que, en mi modesta opinión, más ha hecho
por nuestra urbe en todo el pasado siglo XX. Su vida estuvo dedicada a la
técnica del trabajo por el trabajo, con dotes propias de un gran banquero, y, al
mismo tiempo, gran empresario: ambas cualidades son difíciles de hallar en una
persona.
Santo Tomás había dicho: “Vigila los negocios,
cuida de sus progresos y saca valor a los frutos”. Nuestro financiero coruñés
siguió al pie de la letra el pensamiento anterior; en cualquier caso, debemos de
reconocer que, este caballero ejemplar empleaba prudencia y discreción en todas
sus actuaciones, habiendo sido “amo de su dinero”, y digo amo, porque fue lo
suficientemente humano y humilde que distribuyó todo su dinero, de suerte que
muchísimas familias gallegas han vivido y viven en la actualidad de lo que él
dejó: trabajo.
No podemos olvidar, que gracias a su empuje y
dinero –no al nuestro–, se construyó el Aeropuerto coruñés, la empresa Astano,
Fenosa, Banco Pastor, etc. El refranero español se cumple ampliamente en la
persona de este prestigioso personaje, cuando nos dice: “el nombre sigue al
hombre”.
Todos sabemos que sus obras le califican como un
hombre relevante y que le dieron amplia y merecida reputación. Desconozco si
tuvo ideario político, pero creo–estoy ampliamente convencido–, que las ideas
políticas de un hombre son sus hechos.
Se diga lo que se diga, don Pedro nos dio a todos
nosotros un sencilla, pero “difícil lección” de humildad: donó todos sus bienes
para el mundo de la cultura; cuando venimos a esta vida, lo hacemos
desprovistos de conocimientos de cualquier clase, es decir, tenemos que
cultivarnos para poder respetar y amar a nuestros semejantes, dominando
“la bestia” que llevamos dentro: la antigua Yugoslavia, Chechenia,
Birmania, etc., son ejemplos evidentes de que la bestia está dominando el
intelecto del hombre y fomentando la guerra entre hermanos. Es un hecho simple:
Matar por el placer de matar.
La esposa de don
Pedro_Barrié_de_la_Maza, doña Carmela Arias y Díaz de Rábago, condesa de
Fenosa, sigue los pasos de su marido. Ella presidió el Consejo de Administración
del Banco Pastor en su día, y la Fundación en la actualidad, y, ¡por cierto!,
creo que muy bien. El primero está saneado económicamente, y la segunda ha sido
un éxito en cuanto a su construcción y posterior inauguración.
Doña Carmela es una mujer sencilla, culta, sensible y amante de su hogar;
sabe rodearse de personas eficaces y leales, y consecuentes con el trabajo que
desempeñan. Me da la impresión de que posee el “don” de saber escuchar...
Hagamos votos para que esta gran dama, que viene
trabajando hace muchos años en la sombra, pero con eficacia manifiesta, continúe
en su ejemplar trayectoria con la ayuda de Dios.
Si nos remontamos al siglo XV encontramos un
refrán, que marca el equilibrio en cualquier situación litigiosa, el cual reza
así: “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”; pues bien, trasladado a
los tiempos actuales podemos hacer la siguiente lectura: “Tanto monta, monta
tanto, la Condesa como el Conde”.
Dos vidas marcadas por el equilibrio, en el más
amplio sentido de la palabra: Una que nos abandonó y otra que aún perdura.
La vena de poetas que todos los escritores
llevamos dentro me mueve a escribir el poema siguiente: Galicia tiene los ríos,
/ los ríos tienen las aguas, /las aguas tienen la fuerza, / la fuerza la hizo
Dios./ Nació “Barrié de la Maza”/–¡Dios sabe por qué nació!–, / y las aguas
embalsó; / y con la fuerza embalsada, / !milagro ! : la luz mostró. A esta
relevante obra por “Fenosa” la nombró, y fue la fe nosa del gallego que le hizo
volver a sus tierras.
¡Qué pena “Galicia Hermosa” no tuviste diez
Barriés! Diez caballeros andantes, diez Fenosa, diez Astano...diez patronos como
él, pero tuviste uno sólo: uno que valió por diez; y tuviste sólo uno: ¡Qué pasó
haciendo el bien...! Galicia lloró su luto cuando falleció el conde de Fenosa:
fue su padre, fue su hermano...su compañero más fiel; kilovatios que se fueron
para nunca más volver. “Jinete caballo blanco”, ya has dejado de trotar: Barrié
Pedro de la Maza...duerme descansa en paz.
Los restos
mortales de don Pedro (“señor de las aguas”, “señor del trabajo”...) reposan en
el camposanto coruñés de San Amaro dentro de un simple nicho, durmiendo
resurrección, bajo sencilla inscripción: “Pasó haciendo el bien”, y un número:
el novecientos cincuenta y tres. Dentro: un hombre.
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