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“Este invierno estoy trabajando
duro, tantas y tantas horas pasadas sobre la mesa de mi despacho y sólo para
poseer gran cantidad de dinero–bienes perecederos, al fin y al cabo–, que nunca
jamás los podré gastar. Estoy olvidando a las personas: sus sentamientos, sus
emociones, sus ilusiones. Tengo casi olvidad a mi novia: el mejor día me la va a
pegar (por dar) con otro: me lo tengo bien merecido. Vivo una vida atolondrada,
hiperactiva, corriendo a la velocidad de la luz...”, esta sea quizá una de las
muchas conversaciones que uno escucha a nuestros semejantes, tomando un café en
cualquier cafetería de turno.
Y es que, en principio, se
creyó que el incentivo del dinero era el mejor incentivo que se podía ofrecer a
una persona, trabajándola poder serlas veinticuatro horas del día y...viajar a
ninguna parte, sin relacionarse con nuestros semejantes; posteriormente se vino
en conocimiento que otras motivaciones –al margen de las meramente
económicas–habían de estimular en igual o mayor fuerza al ser humano.
Así, sin duda, muchos de
nosotros vivimos agobiados–equivocados, diría yo–, en nuestros trabajos y
obligaciones de todos los días, acumulando (por cosechando) –día adía, minuto a
minuto, segundo a segundo–, temor, cansancio, apatía, desilusiones,
frustraciones..., que merman, en gran manera, nuestra vida: afectiva y
sensorial. No es extraño que, de esta forma por la que estamos procediendo,
inexorablemente caigamos en un “pozo negro” de difícil salida: la depresión. Y
como locos, con obligación, buscamos un premio que nos haga conllevar y soportar
el esfuerzo que realizamos, y que al final resulta estresante y sobrecargado que
nos conduce al frenesí. (¡Poderoso
caballero es don dinero!)
Y pensando y más pensando
llegamos–todos satisfechos–a una simple y cotidiana solución: “después de que
pase este tedioso y largo invierno nos iremos todos de vacaciones”, concluimos
diciendo.
Nos imponemos muchas y pesadas
obligaciones en nuestra vida diaria: he de prosperar en mi trabajo, he
de ser el mejor, he de ser el primero en ahorrar más dinero, he
de ir a la piscina para no engordar–y bajar mi enorme “barrigón”–, he de
ir a... Son muchos “he de”, Así entendemos que descargamos toda la
carga eléctrica que soportan nuestras espaldas. ¡Ambicioso plan pero nefasto
para nuestra salud física y mental!
Sin embargo, nuestro
pequeño-grande periplo de invierno se continúa durante las vacaciones estivales.
“En principio acuñamos un pensamiento único: cómo descansar durante el veraneo.
Pero lo paradójico, sin lugar a dudas, lo constituye el hecho de que, cuando
empiece mis vacaciones, continuaré con mi vida programada y dirigida al ‘he
de’ tedioso y aburrido”. Y concluyo: “he de levantarme temprano –a
las 6.00 horas–, y coger un avión que me lleve desde la isla de Tenerife a la de
Lanzarote; he de vestirme de etiqueta para acudir a la puesta de la
largo de la hija del naviero señor Roque; he de acudir a dicha fiesta–a
partir de la 01.00 horas – a bordo del yate ‘Perdición’.Allí habrá de todo:
güisqui, ginebra, puros habanos ,mujeres casadas y solteras–que suelen ir solas
a esta clase de diversiones, y con el permiso de sus maridos, quienes también
hacen lo propio–, ambos liberadas y liberados y dispuestos a participar en
orgías sexuales con camas redondas; habrá también droga: esnifaremos cocaína
para volar hasta el punto más alto del cielo; quizá veré peces de colores mil
bailando a mi alrededor .Después dormiré, dormiré miles de años. Tantos...que,
al despertar, el olvido de lo pasado será mi memoria presente, y mi corazón
habrá sufrido temblores y espasmos, como ya me ha pasado en otras ocasiones”,
terminó contándome Rubén, mi contertulio de turno. El bueno de Rubén ahora
pertenecía ala alta jet, vivía en una lujosa mansión ubicada en el campo...
Triste es recordar y da pena
reconocer lo que un genio del siglo XX,
Walter_Benjamin, (1829-1940), ensayista y crítico alemán, dejó escrito:
“Versalles no es lo bastante grande, y la eternidad no dura demasiado...”,
cuando consumía “Hachis” a solas en un cuarto de París. Estoy firmemente
convencido que los toxicómanos son enfermos, diezmados en su voluntad y como
tales deben ser tratados para que, bajo el signo de las drogas, no encuentren la
muerte pronta o el sida: ambas pululan a la vuelta de cualquier esquina…
Pienso es que es provechoso
reírse de uno mismo e, incluso, de nuestra propia sombra: de esta manera
descubrimos lo poco que sabemos, y lo mucho que nos queda por aprender.
El paparazzi de turno,
reportero gráfico, hará su agosto–y bien digo agosto porque este mes siempre ha
sido un buen mes de verano–, siguiendo su trabajo con su método: consistente en
captar fotografías sin que los sujetos–en nuestro caso los famosos–, se den
cuenta. Sus fotografías son consideradas como “miradas ocultas”.
Penélope_Cruz en topless junto a su ex pareja, Thomas Obermaier, demuestra
hasta que punto el verano–cualquier verano–, es propio apara obtener “Desnudos
robados y famosos infraganti”.
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