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Había casi nadie. Corrían las siete de la tarde
cuando me encontraba tomando un cafetín, y ojeando revistas “matacorazones”.
Entró en el establecimiento la hija de un buen amigo mío -por el que siento gran
afecto-, que me dijo: “¿Dispones de cinco minutos?”. “Y de cinco mil”, le
contesté. Clavó su mirada sobre mis ojos, y exclamó: “¡Deseo ser madre, lo
necesito...!”. En mi sesera pululaban mil y una preguntas, y le
inquirí-tratándole de ayudar-: “¿Estás embarazada, quizá?”. Al pronto,
respondió: “¡Ni mucho menos!...”. Me comentó que salía con chicos, tipos-casados
y solteros-, y que “más valía no hablar de sus...”. También me explicó que su
vida pasional-ley del deseo sexual-así la resolvía, mas su corazón aparecía
frío, con color de muerto. Esta semejante nuestra ha sido y es una competente
mujer siglo XXI: tiene talento, escribe libros, es maestra del Estado… formando
parte del organigrama social por méritos propios. Mi buena amiga -salvando
edades- es atea, no cree en los hombres y menos aún en el amor. Así me lo
confesó, y anuencia me dio para comentarlo.
En cualquier caso, mi contertulia es una criatura
valiente-hermosa, guapa e inteligente-, que escogió su voluntaria soltería. Es
decir, el afrontar la vida lejos de sus progenitores, siendo responsable de sus
propias decisiones. Esta solitaria y amorosa mujer- sabe que “el amor es una
flor demasiado preciosa para cortarla” (proverbio chino)-prosiguió con sus
confesiones amigables. Así, desalojó de su interior miedos y temores con
soledad. Y me dijo más: “Necesito dar (entregar) cariño a alguien, necesito un
‘hombre’ para fabricar un bebé-el de mis sueños-, pero ¡maldito sida!: tropiezo
con él a la vuelta de cualquier esquina”. Es evidente, hoy por hoy, que existen
niños/as educados, y bien, por sus madres solteras.
Ante sus temores-que son los nuestros- aconsejé:
“Busca un hombre-¡qué los hay!-, que respete tu cuerpo y temple tu alma”.
Explícale tu proyecto amoroso-le dije-, pues hallarás ese
hombre x . Él te transmitirá sus sentimientos de admiración, aprecio y
agradecimiento..., que dejarán huellas perpetuas en el interior de tu vientre
.Ésta es nuestra soledad de amor que estamos creando. Paradojas de las
postrimerías de nuestro siglo XX: un solo niño, una sola madre también.
Erikson mantuvo que “las mujeres están destinadas a tener hijos”. Se
equivocó, como seres humanos que somos. En verdad esta muchacha estaba
mendigando maternidad. Si mi hija, de su edad, me hubiese pedido consejo,
quizás, mi corazón lloraría lágrimas, y mi laringe articularía palabra alguna.
Había casi nadie. Corrían las siete de la tarde
cuando me encontraba tomando un cafetín, y ojeando revistas “matacorazones”.
Entró en el establecimiento la hija de un buen amigo mío -por el que siento gran
afecto-, que me dijo: “¿Dispones de cinco minutos?”. “Y de cinco mil”, le
contesté. Clavó su mirada sobre mis ojos, y exclamó: “¡Deseo ser madre, lo
necesito...!”. En mi sesera pululaban mil y una preguntas, y le
inquirí-tratándole de ayudar-: “¿Estás embarazada, quizá?”. Al pronto,
respondió: “¡Ni mucho menos!...”. Me comentó que salía con chicos, tipos-casados
y solteros-, y que “más valía no hablar de sus...”. También me explicó que su
vida pasional-ley del deseo sexual-así la resolvía, mas su corazón aparecía
frío, con color de muerto. Esta semejante nuestra ha sido y es una competente
mujer siglo XXI: tiene talento, escribe libros, es maestra del Estado...formando
parte del organigrama social por méritos propios. Mi buena amiga-salvando
edades-es atea, no cree en los hombres y menos aún en el amor. Así me lo
confesó, y anuencia me dio para comentarlo.
En cualquier caso, mi contertulia es una criatura
valiente-hermosa, guapa e inteligente-, que escogió su voluntaria soltería. Es
decir, el afrontar la vida lejos de sus progenitores, siendo responsable de sus
propias decisiones. Esta solitaria y amorosa mujer- sabe que “el amor es una
flor demasiado preciosa para cortarla” (proverbio chino)-prosiguió con sus
confesiones amigables. Así, desalojó de su interior miedos y temores con
soledad. Y me dijo más: “Necesito dar (entregar) cariño a alguien, necesito un
‘hombre’ para fabricar un bebé-el de mis sueños-, pero ¡maldito sida!: tropiezo
con él a la vuelta de cualquier esquina”. Es evidente, hoy por hoy, que existen
niños/as educados, y bien, por sus madres solteras.
Ante sus temores -que son los nuestros- aconsejé: “Busca un
hombre-¡qué los hay!-, que respete tu cuerpo y temple tu alma”. Explícale tu
proyecto amoroso-le dije-, pues hallarás ese
hombre x. Él te transmitirá sus sentimientos de admiración, aprecio y
agradecimiento..., que dejarán huellas perpetuas en el interior de tu vientre
.Ésta es nuestra soledad de amor que estamos creando. Paradojas de las
postrimerías de nuestro siglo XX: un solo niño, una sola madre también.
Erikson mantuvo que “las mujeres están destinadas a tener hijos”. Se
equivocó, como seres humanos que somos. En verdad esta muchacha estaba
mendigando maternidad. Si mi hija, de su edad, me hubiese pedido consejo,
quizás, mi corazón lloraría lágrimas, y mi laringe articularía palabra alguna.
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