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¡Si hablaran las paredes... de cuántas cosas nos
enteraríamos! Y hablaron las paredes y me relataron:
1. Cenando en la habitación veinticinco del hotel
de la “Alegría” se encontraban Clara y Miguel: ambos estaban casados. Clara
había alquilado –como de costumbre–, su hermoso y joven cuerpo que naturaleza le
quiso dar. A éste le sometía a operaciones estéticas muy a menudo. En fin, que
ella vivía de y para su cuerpo. Clara ahora pertenecía a la alta jet, vivía en
una lujosa mansión ubicada en el campo. Con muchas habitaciones, con muchos
criados a su servicio, con una piscina...Su guardarropa aparecía atiborrado de
modelos de todos los grandes modistos–Balmain, Chanel, Dior, Valentino..., y
como no, también poseía modelos de Versace. Incluía además muchos pares de
zapatos, e infinidad de ropa interior de esa que quita el hipo al más pintado.
Como vemos, Clara era un dechado de virtudes...
El afán de Clara consistía en coleccionar
vestidos, a la manera de quien colecciona obras de arte, y decidió, más tarde
que no sería mala cosa empezar a coleccionar hombres de carne hueso.
Me casaré varias veces, se dijo a si misma. Haré
mi agosto. Seré clara por fuera, y clara por dentro. Por las mañanas daré a
besar mi mano a quien la noche anterior, con cuidado, me durmió, y entre gritos
y alegrías: primero, me desnudo, y, más tarde, me gozó. Se que mi hermosura el
seso desequilibrará a potentados, letrados, grandes cruces, capitanes de milicia
y... hasta curas camuflados. Mi cuerpo es mió, siguió razonando la buena de
Clara, y yo con el hago todo lo que me viene en gana. Nadie dirá de mí que soy
una prostituta. Al final, sin duda, comentarán que fui una mujer que no tuvo
suerte al concertar mis casamientos...
Esta clase de buenas mujeres están adornando todos
los días la mal llamada “prensa del corazón”, puesto que el motor que impulsa
este ultimo lo tienen lleno pobreza de espíritu, y venden, al mejor postor–por
miles de euros–,sus vergüenzas, exhiben sus obscenidades y cuentan miles de
mentiras, una tras otra. Estamos creando una sociedad erotizada. El sexo se
vende y se compra como cualquier producto de consumo, e incluso, sexo y erotismo
son piezas fundamentales para hacer propaganda de artículos para comer y de
prendas para vestir. Desnudo femenino, belleza de mujer. Pero en nuestra
intimidad, en nuestro matrimonio, en nuestra vida de pareja...donde figure el
amor de por vida. (La mujer capricho es, / por eso vive de él; / y el hombre que
de ella vive, / capricho de ella es.)
2. Era algo tarde. Me encontraba solo, y pensé en
tomarme el último café del día. Mis oídos son finos, y escuché un hermoso
dialogo entre dos mujeres:
SÍ EXISTE amor pasional entre
mujeres: no lo negaré. Nosotras somos casadas, y hubo cómplices en nuestras
relaciones sexuales: el otoño, las hojas que son secretos caídos que lleva el
viento, la noche con la fuerza que da el amor... Somos almas ardientes, y
buscamos lo siempre deseado. Después –quizás... con un ¡hasta luego!– merecerá
la pena haber roto el roble amoroso que nos separaba. “Es hora, nuestra hora de
los sueños –me dice mi antigua alumna cuando acude a la cita concertada –, de
las relaciones carnales anheladas. Todo está escrito. Despojémonos de nuestras
ropas, y busquemos sábanas – sin sogas indiscretas – donde yacer cuerpo contra
cuerpo”. Su cuerpo de carne viva –cabellos bronceados y ojos con mirada desnuda
– me había hecho su cautiva. Veintitrés años sin rumbo, sin límites humanos...
SÍ EXISTE amor pasional entre
mujeres: no lo negaré. Allí –en las afueras de la gran ciudad – acaeció nuestro
bacanal de mohines y carantoñas. La guarida de nuestro encuentro se encontraba
al lado de una salvaje playa, tan salvaje como el ánimo voluptuoso –río profundo
– que recorría nuestras venas. Desnudos los cuerpos combatieron sin medida
–sobre la arena –, vientre contra vientre, pezones contra pezones... Nuestra
sangre fue una y abundante sangre de placer. Mis cincuenta años no me perdonaron
tanto exceso amoroso, pero las almas se tranquilizan, precisamente, con lo
desconocido... con lo que estaba prohibido y hoy es llamado “opción sexual
amorosa”, aunque el sexo sea el mismo. Belleza, armonía, besos ardientes, besos
robados, lenguas insaciables, manos temblorosas y húmedas: he aquí el compendio
de tantos y tantos orgasmos habidos. Nuestras manos, nuestras bocas cumplieron
su misión.
¡Qué lejos quedaban los
caprichos! ¡Qué fríos –helados – nuestros cuerpos! Ambas –nuestras voces –
exclamaron: “¡Ay deleites perdidos y encontrados! Qué lejos de nosotras
estuvisteis. Qué próximo el cielo: ¡lo abrazamos! Qué esclavas de los hombres
pernoctamos”. Cerca, muy cerca pulularon testigos las estrellas, y la Luna
caprichosa esperaba: humillarnos, inculparnos, violentarnos... Allí, y sobre la
playa negra de arena, dos mujeres –madura y joven – sin barreras, valientes, con
luz de noche primavera –cuerpo a cuerpo – se entregaron, se amaron, se
salvaron..., y llegaron a esculpir sobre una piedra: “Ayer, en tiempo muerto,
quizás un instante –sin siniestras intenciones – fuimos más mujeres, en la noche
del Dios de las estrellas”.
3. Había casi nadie. Corrían
las siete de la tarde cuando me encontraba tomando un cafetín, y ojeando
revistas “matacorazones”. Entró en el establecimiento la hija de un buen amigo
mío -por el que siento gran afecto-, que me dijo: “¿Dispones de cinco minutos?”.
“Y de cinco mil”, le contesté. Clavó su mirada sobre mis ojos, y exclamó:
“¡Deseo ser madre, lo necesito...!”. En mi sesera pululaban mil y una
preguntas, y le inquirí-tratándole de ayudar-: “¿Estás embarazada, quizá...?”.
Al pronto, respondió: “¡Ni mucho menos!...”. Me comentó que salía con chicos,
tipos–casados y solteros, solteros y casados-, y que “más valía no hablar de
sus...”. También me explicó que su vida pasional–ley del deseo sexual-así la
resolvía, mas su corazón aparecía frío, con color de muerto. Esta semejante
nuestra ha sido y es una competente mujer siglo XXI: tiene talento, escribe
libros, es maestra del Estado...formando parte del organigrama social por
méritos propios. Mi buena amiga–salvando edades–es atea, no cree en los hombres
y menos aún en el amor. Así me lo confesó, y anuencia me dio para comentarlo.
Sin embargo, mi contertulia es
una criatura valiente–hermosa, guapa e inteligente--, que escogió su voluntaria
soltería. Es decir, el afrontar la vida lejos de sus progenitores, siendo
responsable de sus propias decisiones. Esta solitaria y amorosa mujer–sabe que
“el amor es una flor demasiado preciosa para cortarla” (proverbio chino)
–prosiguió con sus confesiones amigables. Así, desalojó de su interior miedos y
temores con soledad. Y me dijo más: “Necesito dar (entregar) cariño a alguien,
necesito un ‘hombre’ para fabricar un bebé–el de mis sueños–, pero ¡maldito
sida!: tropiezo con él a la vuelta de cualquier esquina”. Es evidente, hoy por
hoy, que existen niños/as educados, y bien, por sus madres solteras.
Ante sus temores-que son los
nuestros- aconsejé: “Busca un hombre-¡qué los hay!-, que respete tu cuerpo y
temple tu alma”. Explícale tu proyecto amoroso–le dije–, pues hallarás ese
hombre x. Él te transmitirá sus sentimientos de admiración, aprecio y
agradecimiento..., que dejarán huellas perpetuas en el interior de tu vientre
.Ésta es nuestra soledad de amor que estamos creando. Paradojas de los comienzos
de nuestro siglo XXI: un solo niño, una sola madre también. Erikson mantuvo que
“las mujeres están destinadas a tener hijos”. Se equivocó, como seres humanos
que somos. En verdad esta muchacha estaba mendigando maternidad. Si mi hija, de
su edad, me hubiese pedido consejo, quizás, mi corazón lloraría lágrimas de
invierno, y mi laringe articularía palabra alguna.
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