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Nuestra cotidiana vida se está convirtiendo día a
día en un creciente mundo de temores que nos amenazan: Miedo a morir, miedo al
dolor, miedo a perder la cabeza...Son muchos miedos juntos que, según los
expertos en la materia, erosionan nuestros cerebros terriblemente, y nos hacen
pensar en la erosión que está sufriendo el ecosistema, la proliferación de las
armas nucleares–el último caso al respecto lo está protagonizando Irán, que
trata de conseguir, y lo conseguirá bombas nucleares de destrucción masiva–,el
terrorismo que corre por todo el Globo Terráqueo, la lucha para conseguir dinero
y poder al precio que sea, tráfico y venta de órganos humanos sacados a
cuchillos muertos de los cuerpos de inocentes criaturas–raptadas o vendidas por
sus propios padres–. Y a todo esto llamamos cultura, globalización, democracia,
derechos humanos..., la Biblia en verso, diría yo. Todos son miedos y mentiras,
todos son mentiras y miedos que marchan unidas en un perfecto engranaje que
nadie sabe a dónde nos conducirá. Son el bien y el mal juntos, hermanados, que
se dan la mano para pasear por estos mundos de Dios, y que siembran de
crespones negros, a modo de agujeros, la geografía universal. Quizá estemos
ciegos de soberbia, quizá hemos olvidados derramar lágrimas vírgenes, quizá
vamos encarando un mundo sin control ni norma alguna bajo el signo de los
políticos corruptos.
Lea, lea la prensa diaria y sepa que, sin duda,
aunque ésta sea de matices políticos distintos, nos servirá para informarnos de
los acontecimientos del día a día. Porque la prensa juega limpio. Para un gran
parte de nosotros–los lectores–, el periodismo de investigación está
constituyendo una especie de balanza de control frente a los abusos del poder. Y
es que los medios de comunicación se han tenido que encargar últimamente del
trabajo ingrato-desagradecido, diría yo-: denunciar con pruebas fehacientes
supuestos delitos de corrupción, para que los tribunales de justicia obren en
consecuencia. Uno piensa que los periodistas no están en posesión del don de la
inefabilidad, pero rectifican cuando se equivocan: la prensa tiene que jugar
limpio, pues existe una deontología periodística que, a grandes rasgos viene a
decir: los periodistas respetan y profesan unos principios éticos asumidos de
forma personal y voluntaria, por razones de responsabilidad social, por razones
de profesionalidad y por razones de integridad..., y por muchas razones más. Hoy
por hoy los medios informativos–prensa, radio, televisión e Internet–compatibles
y complementarios entre si, forman parte del denominado “cuarto poder”, tratando
en todo momento de transmitir en sus informaciones transparencia y veracidad,
para que la sociedad democrática mundial esté servida en sus derecho a la
información.
Lea, lea la prensa diaria y sepa que–entre el año
1998 y 2001–, Francia, Estados Unidos e Inglaterra vendieron armas a países en
desarrollo. Armas para matar, armas para morir, armas para morir matando. Y es
que la venta de armas se ha convertido en un lucrativo negocio, y en muchos
países del mundo no existe, en la practica, ley que regule su venta. Triste es
reconocer que se obtengan importantes cantidades de dineros construyendo
maquinas creadas para mutilar y, por añadidura, terminar aniquilando a seres
humanos.
Jimmy_Carter, ex presidente de EE.UU., manifestó en su campaña presidencial
de 1976: “No podemos tenerlo todo. No podemos ser los líderes mundiales de la
paz y al mismo tiempo ser el mayor suministrador de armas del mundo”. (EE.UU. es
el mayor fabricante de armas en el ámbito mundial.)
Lea, lea la prensa diaria y sepa que–en el Globo
Terráqueo que ocupamos–, los “señores de la guerra” (léase el señor Bush, el
señor Blair, el fundamentalismo islámico representado en la persona de Osama Bin
Laden...), sin duda alguna siguen la senda de una ambición desmedida de poder y
dinero, dinero y poder. Porque entandamos, de una vez por todas, que los
negocios son los negocios, aunque esté por medio la muerte de miles de seres
humanos indefensos y desamparados. Se prima –en este mundo envenenado por el
odio y las riquezas–el bien de unos pocos–su bien propio–, sobre el bien en el
ámbito colectivo. Que nos importa que EE.UU. sea el país más rico y poderoso–armamentiscamente
hablando–de la tierra, si al final de la jornada nos encontrados conque en el
último viven, mejor dicho malviven, 40 millones de pobres a los que se priva de
una Seguridad Social elemental, que se aplica en la mayoría de los países
democrático europeos.
Lea, lea la prensa diaria y sepa que, estándose
muriendo miles de almas en África como consecuencia de la hambruna y con sed de
justicia, todos somos un poco y un mucho, diría yo, responsables de lo que allí
está pasando todos los días de Dios...Pestes, guerras, violaciones de mujeres
desamparadas que han nacido para sufrir y morir, soldados–niños que son
obligados contra su voluntad a empuchar las armas de guerra que siembran el odio
y la venganza sobre toda la geografía africana. Pero, claro está, en África no
hay yacimientos de petróleo. ¡Si hablaran las piedras... de cuántas cosas nos
enteraríamos! Y hablaron las piedras y me relataron: En Somalia han muerto
últimamente 42 personas, siendo en su mayoría niños, como consecuencia de un
presunto brote de cólera (posiblemente transmitida a través de agua
contaminada). Faltan medicinas, faltan centros de salud, falta humanidad bien
entendida que desarrolle programas de recuperación real del Continente Africano
dormido en el olvido. Somalia esta perdida en una guerra civil interminable de
hermanos contra hermanos. Porque un se pregunta a qué estamos esperando para
sacar a África de ese pozo negro en que se halla sumergida: enviemos recursos
económicos, saquemos agua de entre las piedras. (No olvidemos nuestra Guerra
Civil española de 1936–1939, que quiera Dios–el todas las religiones– que no se
vuelva a repetir.)Allí en Somalia, las expectativas de vida para una persona
rondan sobre los 47 años, y muchos niños dejan su vida terrenal alrededor de los
5 años de edad. ¡Terrible panorama!
Europa se ha olvidado de África, Europa mima sus
nacionalismos exacerbados e intransigentes que ponen en peligro el poder central
de los Estados, y obligan a éstos a no mirar con visión de futuro y prosperidad.
Europa trata de llegar al autoperfeccionamiento de un status social servido a la
carta en bien de la opulencia de unos pocos, Europa se olvida de África, pues
mira hacia otro lado cuando podríamos salvar a millones de africanos que
mueren–como si fueran presas de caza–, aniquilados por enfermedades que son
curables hace ya muchos años en casi todo el mundo.
Mientras tanto
Albert Arnold_Gore -quien figura a la cabeza de un movimiento ecologista
nuevo–nos cuenta la vida problemática que tendremos, si no somos capaces de
parar el calentamiento de nuestro planeta. Al Gore, sabe, sin duda, que el
presidente de Estados Unidos–señor Bush–no firmó el Protocoló de Kyoto sobre el
cambio climático (reducción de emisiones de seis gases que provocan el
calentamientos global, año 2005). Señor Al Gore, está muy bien lo que usted
predica, pero tenemos que resolver antes el problema africano causado por el
virus del SIDA, VIH( Virus de Inmunodeficiencia Humana).Él está diezmando a la
población activa y productiva de África, es decir, mata poco a poco–pero
lentamente-sin solución de continuidad ,a hombres/mujeres comprendidos entre 15
y 49 años. Los cadáveres se amontonan en tierras africanas, como si fueran
negros nubarrones de tormentas interminables.
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