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Ahora el turno le toca a la televisión: “nuestra
caja tonta”. Este simpático aparato nos aprisiona. Es el medio de comunicación
que llega a alcanzar mayor difusión, y lo ve casi todo el mundo. Ver y oír: he
aquí el milagro. Os confieso, y con sinceridad, que muchos de los programas
emitidos hoy por hoy llegan a dormirme. La “tele” acarrea ventajas y
desventajas, pero nosotros debemos controlar este aparato maravilloso. Y, sin
embargo, la televisión ejerce sobre nosotros un poder colosal, quizá como dice
Karl_Popper (filósofo): “el más importante”. Un piensa que ella haya
sustituido a la voz de Dios–el Dios de todas las religiones–, y que tres plagas
se ciernen sobre la “caja de las sorpresas”: violencia, sexo y sensacionalismo.
Y por este orden, ocurriendo a cualquier hora del día o de la noche, pues no
podemos negar que nuestros menores se han convertido en protagonistas de
acciones violentas, visionando películas –con escenas–atisbadas de sexo y
violencia. Violencia engendra violencia. La polémica mundial hacia la
pornografía–que no hacia el erotismo–, ha girado siempre en torno a todo aquello
que induce al crimen, al delito sexual, a la conducta antisocial de la
persona...
Y dado que la violencia engendra violencia, y es
el plato de cada día en televisión, hemos de desterrarla –en la medida de lo
posible–dentro de nuestra “pequeña pantalla”, dentro de los campos de fútbol,
dentro de nuestro trabajo... dentro de nuestra cotidiana vida. Porque
/Ashley_Montagu –antropólogo--, señaló: “Aprender a hablar cuesta muchos
meses. Aprender a amar puede costar años. Ningún ser humano nace con impulsos
hostiles o violentos, y nadie se vuelve hostil o violento sin tomarse el tiempo
necesario para aprenderlo”. Nuestra cotidiana vida, hoy en día, es una amplia
escuela de violencia, que hemos de digerir para no sembrar semillas de
violencia.
Debe haber permisividad hacia la conducta humana,
hacia el cine, televisión, pero hasta esa frontera que separa el bien del mal.
Vaclav Havel (político y dramaturgo) dejó escrito: “La tolerancia empieza a ser
una debilidad cuando el hombre comienza a tolerar cosas intolerables, cuando
empieza a tolerar el mal”. “Desgraciadamente no hay computador ni matemático que
pueda fijar la frontera (...)”.
La televisión es un medio de comunicación de masas
en el ámbito mundial, y en prácticamente en todos los hogares existen, hoy por
hoy, dos o tres aparatos. Se comenta, se habla, se discute de... todo lo visto
en diferentes programas, sean éstos de más o menos trascendencia. (Dentro del
mundo televisivo crecen día a día los culebrones, telecomedias, informaciones
del corazón–prensa rosa–, habiéndose sustituido el género rosa por el negro. Y
así, sin duda, se llevan los temas relacionados con la vida privada de las
personas al terreno público. Todo esto acompañado y gratificado con miles de
euros, tras relatar mentiras sobre mentiras que hacen que los protagonistas
terminen sus cuitas y enfrentamientos ante los tribunales de justicia: injurias,
calumnias, agresiones personales, etcétera.)
La televisión se nutre de modas. De la fiebre por
los culebrones y concursos se pasa a la pasión por la tele comedias de
producción nacional y el fútbol. Así, el auge que está tomando la información
del corazón, que puede enmarcarse en un cambio en las tendencias, en la
programación, en estrategias de imitación y competencia, teniendo en cuenta la
fragmentación de audiencias. En este sentido, a primera vista, el género rosa
sustituyó al negro. Los programas de sucesos fueron cediendo protagonismo–en las
rejillas de programación–, a estos otros más alegres y con mejor
prensa–programas de “prensa rosa”–llenos de matices y palabras denostadas (por
injuriosas).
Y es que, sin duda, variopinta es la gente que
visiona televisión a diario: directores de banco, profesores universitarios,
magistrados, militares, sacerdotes, obreros, niños, niñas... Y aunque la “tele”
está fatalmente dirigida en cuanto a programas y sus contenidos–la pública y la
privada–, es nuestra cultura del día a día, es nuestra conversación en la mesa,
es nuestra droga silenciosa que siempre ahoga comentarios y dialogados que
debían ser propios de cualquier ente familiar. ¡Esto es una tremenda desgracia!
No me cabe duda alguna de que, este
electrodoméstico que abre nuestros ojos para ver el mundo entero y sus miserias,
es ciencia infusa para muchos–es saber que no se adquiere con el estudio–, lo
que puede conducir a errores y conclusiones no fidedignas, donde la
ciencia-ficción juega un papel importante. Pues todos sabemos cómo se crean “teleadictos”,
que dedican horas y horas a visionar cualquiera cosa que salga por la pantalla,
y así evadirse de un mundo real, difícil y problemático en el que estamos
inmersos. “¡Callad! –dice mi hija–, que van a hablar de ‘La Pantoja’, y esto es
importante...”. Nadie sabe el por qué, pero todos los que estamos sentados a la
mesa hemos de callar...
Sí he de comprender, y como medio unidireccional,
que sirve para desarrollar una labor informativa (noticias) y una cultural
(programas). Estudios hechos al respecto apuntan que los niños/as americanos ven
televisión 40 horas semanales, provocándose una dependencia hacia ella y
haciendo que la misma sea “uno más” de la familia.
No obstante, uno entiende que cada uno es dueño
de encender el televisor cuando le venga en gana, y no pretendo descalificar los
gustos de nadie, pues hay gente que disfruta viendo “Gran Hermano”–yo no, desde
luego–, con personas vinculadas al mismo: Genma, Greta, Javier, Kiko..., y otros
lo pasan bien admirando fútbol a todas las horas del Señor. Pero–entendamos–, y
vuelvo a insistir, que la “tele” crea dependencia y, por tanto, sustituye el
juego de los pequeños, el cual es necesario para el desarrollo de su
imaginación.
Por último, la manipulación e intervención de los
gobiernos de turno, y en los medios audiovisuales, es evidente. De esta manera
manejan a los hombres/mujeres a su antojo, llevando a cabo unos auténticos
“lavados de cerebros”, que maniobran sus pensamientos en contra de sus deseos
personales, y les llevan–nos llevan, porque me incluyo yo en este
comportamiento–, a intervenir y modificar directamente el conocimiento
proporcionado por el inconsciente que todos llevamos dentro: de esta manera nos
modifican nuestros comportamientos, y nos hacen pensar a su manera.
Por tanto, no sería malo entablar negociaciones a
nivel diplomático, contando con el apoyo de la Unión Europea: la presidenta
Ángela Merkel, el responsable de Política Exterior señor Solana...Es decir,
emplear medios pacíficos y coherentes para tratar de cambiar el rumbo del
régimen iraní en su política armamentista. Siempre y cuando nuestro “señor de
las bombas”, el presidente Bush, lo crea conveniente.
Existen, por otra parte, encuentros y pactos a
nivel económico entre la República de China–futuro gigante económico, que
posiblemente mueva la economía mundial en los próximos cincuenta años–, y la
República de Irán. La primera tiene contratos para concesiones de prospección de
gas en tierras iraníes, por lo que China descarta enfrentarse a Irán. Han
existido y existen vínculos económicos consolidados entre ambos países: a nivel
energético y militar. En la actualidad China importa petróleo iraní para el
enorme desarrollo que posee su economía: el año pasado tuvo un crecimiento neto
del 10%. Enorme incremento, diría yo, para establecer un puente de cooperación
económica y militar entre el Mar Caspio y Asia Central. Por lo que puede
decirse que, sin duda, las empresas chinas aparecen como fieles colaboradoras de
las empresas iraníes, desde que Clinton–ex presidente norteamericano –, decretò
e impuso un embargo comercial a Irán. Y así se cuenta la historia que se viene
desarrollando, y muy particularmente, desde que Oriente Medio se ha convertido
en un punto estratégico y controvertido–a nivel económico y político–para toda
la región de Asia Central.
Y, en conclusión, sin albergar dudas en mi intelecto, compruebo
que China–la no democrática–, está ávida de incluir el petróleo iraní para su
desarrollo económico próspero y eficiente .A mayor abundamiento, Corea del Norte
ha firmado ya un compromiso con las delegaciones de Corea del Sur, Rusia, EE.UU.,
Japón y China, tendente hacia su posible desnuclearización, a cambio de ayuda
económica y energética. Se trata, en resumidas cuentas, de aplicar la fuerza de
la razón, y no la razón de la fuerza.
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