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Uno cree que la que la sociedad humana se divide
en escalas o grupos: el individuo, la familia, el pueblo, la comarca,
nacionalidad-autonómica, Europa, el mundo...Todas las escalas–identidades–son
perfectamente complementarias y perteneciendo a la primera formamos parte
formamos parte de la última. Si poseemos la identidad valenciana no supone
desposeer la española, y viceversa. (Esto es aplicable a Europa y al mundo
entero.) Porque uno admite la convivencia de distintas culturas, y esto a nivel
mundial, dentro de las sociedades democráticas que respeten a éstas–las que cada
pueblo traiga consigo mismo cuando emigra a otros países–. No obstante, los
inmigrantes se regirán por las leyes del país a donde emigran, integrarse
plenamente como personas de hecho y derecho–sin han de vivir para el resto de
sus días en los países que les acogen–, practicando sus propias religiones y
respetando las de los demás. Es decir: fomentar una convivencia pacífica entre
todos. Y es que el multiculturalismo pretende dividir a los grupos de gentes en
guetos estancos–con separación cultural, psicológica y física–, para que de esta
manera permanezcan aislados y controlados: sus religiones, sus culturas, sus
costumbres permanecen inalterables, pero evidente es, y lo manifiesto plenamente
convencido, que este proceder nos conduce a crear unas comunidades étnicas
violentas y extremistas, que darán al traste con la CE y el resto del mundo.
La inmigración hemos de considerarla, en cierto
modo, como una riqueza multicultural, si ha de producirse un mestizaje en toda
regla. (Cada persona tiene un ideario político distinto, pero estoy convencido
que las ideas políticas de un hombre son sus hechos.) La no tolerancia del
multiculturalismo–por parte de la extrema derecha europea–, no puede atribuirse
a la
xenofobia, al racismo..., sino más bien a la intolerancia congénita que
albergan ciertas personas en el interior de sus corazones, degenerando más tarde
en expulsiones que muchas veces no están justificadas–exceptuado a los
terroristas árabes e integristas, que con sus atentados castigaron a Londres y
a Madrid (julio del 2005 y marzo del 2004, respectivamente)-. Si muchas veces
permitimos la marginación de la mujer, sin duda, estamos cometiendo un acto de
claudicación y abandono hacia las “hijas de Eva”, sin reconsiderar que vivimos
en este valle de lágrimas gracias a ellas.
La Unión Europea debió de canalizar la cultura
democrática de todos los que formamos parte de ella, y conseguir respeto y
comprensión para aquellos que, contra su voluntad, necesitaban abandonar sus
naciones de origen en busca de un nivel de vida mejor, en busca de un trabajo,
en busca de un tiempo perdido...pasando hambres y miserias difíciles de
conllevar. L. Tolstoi (novelista) manifestó “que la condición esencial para la
felicidad del ser humano es el trabajo”. Debemos comprender que los emigrantes
son seres necesitados y que, una vez conseguidos los dineros necesarios,
regresarán a sus países de origen, pues aman la tierra donde han nacido. El
enigma de la inmigración es muy probable que vaya a más. Uno piensa que no tiene
solución fácil en el juego de la política democrática, tal y como lo entendemos
hoy en día. Es un asunto que se presta a la demagogia y al apasionamiento. Hace
surgir los nacionalismos exacerbados e intransigentes, los cuales programan y
conducen a las personas a conductas llenas de odio y desprecio al extranjero.
Quiera que Dios inspire los cerebros de ciertos políticos que, sin ningún tipo
de escrúpulos, se llenan sus bolsillos con los cuartos-por dineros-, que se
generan con la “hambruna” de la mayoría.
Esa segregación, esa separación, ese
aislamiento...fueron los causantes, en cierta modo, de la formación de grupos
extremistas e integristas árabes que causaron miles de muertos, e hicieron
tambalear los servicios policiales europeos. Cierto es también que, ante las
actuaciones de terroristas suicidas—que se inmolan y llevando arrolladas a sus
cinturas una franja de bombas dispuestas a explotar–, poco o nada se puede
hacer. Pero es indudablemente cierto, que sí se pudieron y se pueden hacer (por
llevar a la práctica) seguimientos y vigilancias preventivas, que siempre dieron
resultados maravillosos en la detención de delincuentes comunes. Faltó, dicho
sea de paso, coordinación y transmisión puntual de informaciones policiales por
mediación de los Servicios de Inteligencia de los respectivos países, así como
de la
INTERPOL l. Esta es mi impresión particular, puedo estar equivocado, pero...
¡Doctores tiene la Santa Madre Iglesia!
Es curioso que los jóvenes musulmanes británicos
colocan por delante su identidad religiosa, y luego, si acaso, dicen ser de
nacionalidad inglesa .Y esto ha sido como consecuencia del multiculturalismo mal
interpretado por el Ejecutivo del señor Blair, que ha fomentado el que se
radicalizasen las nuevas generaciones de musulmanes en el Reino Unido: crecidos
y nacido en esta última nación. Porque no se puede ni se debe fomentar ideas y
pensamientos que tiendan a balcanizar a personas y comunidades por el mero hecho
de ser de distinta raza o proceder de diferentes origines. Si nos fijamos en
Francia, como espejo reflectante, vemos que su política a seguir tocante a lo
inmigrantes–nacidos ya en territorio francés–, fue distinta a la empleada en
Inglaterra. En Francia se estableció un sistema de integración monocultural, y
si se le preguntaba a un musulmán por su identidad, contestaba que deseaba ser
francés ante todo. Y esto pasó porque deseaban, como es lógico, beneficiarse de
las prebendas, ayudas a la maternidad, seguridad social, estabilidad en el
trabajo..., de las que ya gozaban los propios franceses. Pensemos también que
la guerra de Irak–promovida y fomentada por el señor Bush, presidente de EE.UU.
–, y el conflicto entre Palestina e Israel (en el aludido conflicto se lavan las
manos EE.UU. y la OTAN) son pilares fundamentales donde se apoyan las juventudes
musulmanas europeas para radicalizarse, de formas y maneras recalcitrantes.
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