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El presidente norteamericano, George W.Bush,
aumentará la presencia de soldados–en número aproximado de 20.000–en la
combustible nación de Irak. Y es que nuestro “señor de las bombas” ha hecho caso
omiso de los generales de cuatro estrellas–profesionales de las guerras, y
nuevamente hizo valer su poder omnipresente e iluminado. Con la pésima decisión
del presidente de Ejecutivo norteamericano, sin duda, han de sonar las campanas
indicándonos más muertes de civiles y militares en tierras iraquíes. El bueno de
Bush a creado un clima de confrontación en la política americana: el Senado y el
Congreso norteamericanos tendrán que aprobar los presupuestos económicos
correspondientes, para esta nueva escalada armamentista, aunque los últimos
hayan recomendado repetidas veces un retirada lenta pero progresiva de las
tropas estacionadas en Irak. Y es que esta conflagración bélica es fruto de un
presidente norteamericano–el señor Bush–, inexperto, prepotente y visionario,
ambiciosos y belicoso, que no se deja aconsejar del pueblo americano, ni de
profesionales militares, ni de asesores adecuados: él es según la ley el
comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, y enviará nuevos
muchachos–profesionales militares–a que caben sus propias tumbas en tierras
iraquíes. Su decisión ha sido tomada para salir de Irak, pero no para quedarse.
No sé qué pensar de este buen hombre que se “puso el sol por montera”, haciendo
caso omiso a la ONU, y desoyendo sus indicaciones de no intervención militar,
puesto que se había probado fehacientemente que en las tierras árabes invadidas
no existían armas de destrucción masiva.
La guerra de Irak se llevó a cabo–única y
exclusivamente–por intereses económicos. Es decir: aprovisionarse de miles de
barriles de petróleo–nuestro “oro blanco actual–, con el fin de llenar los
depósitos de EE.UU. e Inglaterra, respectivamente. Esta es mi lectura política,
que puede estar equivocada pero, nadie por el momento, ha aportado nuevas
pruebas de “el porqué y el cómo” tuvo que iniciarse esta desgraciada guerra, que
hoy en día ha degenerado en guerra civil con todas sus graves consecuencias:
para iraquíes y norteamericanos. Vemos entonces que hay enormes intereses
económicos, que extienden tupidas redes que abrazan al mundo entero y convierten
a los gobiernos en meros instrumentos al servicio de intereses privados...Pero
las democracias fuertes pueden y deben superar esas barreras mediante leyes:
Congreso y Senado.
Hemos oído decir muchas veces que el presidente de
EE.UU., señor Bush, es “el hombre más poderoso del mundo”. Sí es cierto que
tiene poder, aunque realmente lo recibe del “sistema”, del sistema democrático
americano que no falla nunca (no olvidemos que el ex presidente señor Nixon tuvo
que dimitir). El sistema crea la prosperidad americana–basada en el libre
mercado–, y al mismo tiempo ahoga a gran parte de ciudadanos americanos,
haciéndoles pobres de solemnidad. (En EE.UU. hay 40 millones de pobres.)
Paradojas de la vida.
L.Paul Bremer (Director de la Reconstrucción y Asistencia Humanitaria en
Irak), y en relación a la situación de Sadam Husein–ex dictador ejecutado en la
horca, como consecuencia de la condena a muerte que pesaba sobre él, al haberse
resuelto el proceso que le acusaba de crímenes contra la humanidad por la muerte
y tortura de 148 iraquíes chiíes en la localidad de Duyail, en 1982–, declaró:
“EE.UU. realizó una noble acción liberando a Irak de ese hombre malvado”. Hemos
de reflexionar y manifestar nuestra postura–mi postura–antes estas
declaraciones: son ciertas en su exacto contexto, y no lo niego. Pero nuestro
amigo Bremer impuso, y por la fuerza, una constitución al pueblo iraquí. Él
mando ejecutar la privatización de más de 200 empresas de propiedad estatal,
pasando varias de ellas a manos de Estados Unidos. El desempleo fue en aumento,
y el orden social cayó en un pozo negro. Se inició entonces una guerra civil
encubierta, que hoy por hoy es una autentica realidad, y que está causando
muchísimas más muertes que cuando se inició la propia guerra: 20 de marzo de
2003.
Comprobamos entonces lo que una dictadura–en este
caso árabe–, y un militarismo occidental exacerbado pueden causar: miles de
muertos, miles de sufrimientos, miles de mutilados–incluidos niños, mujeres,
ancianos...–, dolor y miedo, miedo y dolor difícilmente reparable durante varias
generaciones...iraquíes. Esta es la autentica y triste realidad actual.
Sí reconozco que Sadam Husein ha llevado a cabo
gravísimas violaciones de los derechos humanos, pero la sentencia de pena de
muerte no es la solución, quizá, acertada. Entiende uno, que la última pena es
la manera más inhumana para aplicar por los tribunales de justicia.Las propias
victimas del dictador, si se les preguntasen sus opiniones al respecto, sin
duda, optarían por conmutar la pena de muerte por la de cadena perpetua:
ejecutar a un hombre/mujer a sangre fría puede ser considerado como un acto de
simple y pura venganza.
No hay fecha declarada para la entrada en Irak de
los arriba aludidos soldados norteamericanos, sin embargo, la secretaria de
Estado ,Condoleezza_Rice,
y Robert Gates, secretario de Defensa, han hecho manifestaciones al respecto en
el sentido de que llevarán a cabo actuaciones más flexibles y adecuadas a los
momentos actuales. Piensa uno que existe un tiempo limitado en el tiempo–valga
la redundancia–, para abandonar Irak, pero debe llevarse a cabo de una forma
escalonada y pensada fehacientemente, sin herir sentimientos, ni culturas, ni
raza, ni religiones...Es decir, “Una retirada a tiempo es una victoria”, dejó
sentenciado Napoleón Bonaparte, que fue uno de los más grandes militares de
todos los tiempos. Pero este genio militar fue derrotado en las estepas rusas
durante el invierno de 1812(35 centígrados bajo cero). Cometió un tremendo error
militar.Otro presidente americano, el señor Nixon, heredó el conflicto de
Vietnam. También, y en este caso concreto, la opinión pública estadounidense
estuvo en contra de la guerra. Se organizaron marchas pacifistas, que surgieron
de las universidades. Los soldados americanos–veteranos del Vietnam–también se
sumaron a las manifestaciones, pues habían regresado a casa con la moral tirada
por los suelos (esto ocurrió en Washington, 1969). Como consecuencia de lo
anterior, Nixon decreta firmar la retirada de sus tropas en enero de 1973.
Irak se ha convertido en un verdadero “infierno”,
lleno de cadáveres, torturas, asesinatos, y enfermedades. En este país se
sembraron semillas de violencia, y, posiblemente, la cosecha a recoger esté
llena también de violencia. Tiene un sólo camino el presidente, señor Bush, a
saber: Dar la mano, extenderla, es construir un puente irrompible para toda la
vida: la paz.
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