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Es adivinable pero no
confirmable que el presidente Zapatero ganará las próximas elecciones del
2008(?). Ha confeccionado una política a su manera, quizá, despreciando y
olvidando las bases de un estado democrático: separación entre los poderes
ejecutivo, legislativo y judicial. Rinde culto a su persona y no al partido que
representa–el PSOE–, ni a España. Imagina en su imberbe andadura política que es
siempre mejor ser temido que amado. Pero nuestro joven político no cuenta conque
en democracia los que mandan son los votos–las personas que los emiten–, que sin
temor y sin amor son fieles a los resultados que, en una legislatura de cuatro
años, los políticos hayan conseguido llevar a feliz puerto. Las dictaduras se
han movido y se mueven por el temor a las personas que las presiden; las
religiones–todas ellas–se germinan mediante el amor al prójimo y el ejemplo
edificantes de sus actos.
El señor Rodríguez Zapatero,
presidente del Gobierno español, ha arriesgado mucho: aprobación del Estatuto
catalán, salida de la guerra de Irak, negociación con el terrorismo español...:
1. Tocante al primer punto,
ha concedido altos vuelos a los catalanes–con ese nacionalismo exacerbado que
poseen–. Porque los nacionalismos son buenos cuando defiendes su cultura, su
lengua, sus objetivos... políticos, pero dentro del contexto nacional al que
pertenecen: España. No lo son tan buenos cuando miran a España con ojos llenos
de tremendas cataratas, que olvidan el pasado histórico español, y coaccionan
el presente. El Estatuto catalán puede ser bueno para los catalanes, pero traerá
tras de si, y es lógico que así sea, el que otras autonomías españolas quieran
alcanzar los mismos privilegios logrados por los anteriores. Ya que, dentro de
la política democrática española, y agradezco que se me diga si es que estoy
equivocado, todas las autonomías tienen los mismos derechos. Porque el
capitalismo actual exige un esfuerzo personal para ser mejor que los
competidores dentro del mundo de los negocios, y si en Cataluña existen grandes
capitales han de entender que estos han sido generados y trabajados por oriundos
de distantes partes de España. Capital y mano de obra, mano de obra y capital:
he aquí la formula para que la convivencia entre los seres humanos sea perfecta.
¡Los milagros en política democrática no existen!
2. En relación con el punto
segundo, debió de salir de Irak, eso sí, pero de manera y forma escalonada. Es
decir, por etapas. Empleando este método no se hubieran roto las relaciones
diplomáticas con EE.UU., que aunque de derecho no estén rotas, sí lo están de
hecho. Nuestra política exterior–de los pies a la cabeza–ha sido un completo
fiasco: nos hemos entrevistado con Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales..., y
para de contar. Regímenes totalmente totalitarios donde la democracia brilla por
su ausencia.
3. Y como colofón, nuestro
imberbe presidente–políticamente hablando–, señor Rodríguez Zapatero, negoció y
negocia con el terrorismo español a cualquier precio. (Se ha de pactar hasta
con el propio diablo, pero jamás se le ha de vender el alma.) Es decir, no dejo
establecidas unas bases mínimas y sólidas para un dialogo coherente y relajado,
que, de una manera solapada, favoreciese la entrega de las armas en poder de los
violentos. Aunque esta entrega hubiese sido meramente simbólica. Por otra parte,
olvido a las victimas del terrorismo español, que comprende uno... que algo
tienen que ver en este entierro.
El señor Rajoy, líder del PP,
no ha hecho más que radicalizar las dudas existentes sobre los acontecimientos
del 11-M (ataques terroristas perpetrados presuntamente por una célula islamista
contra cuatro trenes de las cercanías de Madrid, año 2004). Existen nubes sobre
dicho acontecimiento, no cabe la menor duda, pero serán los tribunales de
justicias quienes tengan la última palabra al respecto. Si el bueno de Rajoy
anhela triunfar en las próximas elecciones del 2008, tendrá que presentar un
programa alternativo al que tiene el PSOE. Y, desde luego, aportando soluciones
concretas y estudiadas que resuelvas problemas latentes actuales, tales como: la
inmigración, el terrorismo español, la inseguridad ciudadana, la violencia de
genero (lesiones graves con resultado de muerte causadas a pobres mujeres
indefensas y mártires, por desalmados hombres–hijos de Dios–, pero que se
comportan como auténticos diablos), la corrupción urbanística en los
ayuntamientos españoles, guerras de Irak y Afganistán, transvase del río Ebro–que
es de todos los españoles, y el más caudaloso de nuestro país, para regar esas
maravillosas huertas españolas: valencia y murciana.
Hubiera sido una gran
victoria política–incluyo a Zapatero y a Rajoy, que representan a más de 20
millones de votos españoles–integrar los nacionalismos españoles–su historia, su
lengua, su folklore... –, dentro de una idea común: la unidad de España.
Sin embargo,
esto no se ha conseguido. Sí puedo afirmar, y puedo equivocarme, que si los
partidos políticos tuvieran que autofinanciarse, sin duda, tendríamos menos
hombres/ mujeres dedicados al “arte de la política” y, por tanto, menos gastos y
más ingresos: es una idea... Estamos faltos de políticos inteligentes y hábiles,
que no saben o no quieren negociar por el bien de España, que sus cabezas no
permanecen frías, que sus corazones no están templados, que emplean la política
como un arte de engaño... , cuando todas sabemos que ésta es un arte que sólo lo
ejercen los verdaderos hombres de Estado.
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