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La Comunidad Europea firmó en la ciudad holandesa
de Maastrich, en diciembre de 1991, el tratado de la Unión Europea que proveyó
para finales del pasado siglo una completa unión económica y monetaria, una
política exterior común y el camino para una integración política. Tenemos que
reconocer, poniendo la mano sobre el corazón, que Europa nos admitió, ¡eso sí!,
como hermanos pobres–hombres pobres–en unión de nuestros también hermanos
pobres: portugueses y griegos. Nuestras autoridades diplomáticas no fueron los
suficientemente ambiciosas para saber pactar acuerdos y tratados que
beneficiasen, bajo formulas claras y decisivas, los intereses económicos y
políticos allende los mares. ¡Ya somos hombres pobres!
Bajo este clima, España, plenamente integrada en
el concierto mundial de las naciones, celebró el que debía de ser “su gran año
de 1992". Conmemoración del V Centenario de la Gesta de Cristóbal Colón, la
Exposición Universal de Sevilla y la Capitalidad Cultural Europea de Madrid. ¡Ya
somos hombres ricos!
No obstante, estos eventos pueden haber sido
decisivos para nuestra plataforma de lanzamientos europea y mundial, pero no es
menos cierto que el ambiente de crisis política y preocupación actual en cuanto
al estado de las autonomías contrasta excesivamente con el espíritu de las
efemérides pasadas, las cuales coadyuvaron a retrasar la conciencia de
austeridad y realismo que hoy vive la sociedad española. Dicho sea de paso, de
los problemas de régimen interno, y gracias a Dios, somos informados
fielmente–con diaria puntualidad–por todos los medios de comunicación. Si un
político–hombre de Estado–se ha equivocado debe rectificar y reconocer sus
errores, no vaya a ser que el error se convierta en obligación, y por obligación
siga manteniendo sus errores.
Los españoles somos un pueblo fácil de gobernar,
pero es evidente que hemos alcanzado ya nuestra mayoría de edad y, hoy por hoy,
no se nos puede engañar. La verdad ha de ser una y clara, aunque sea dura.
Hay un viejo poema de la India, que dice: “Si
tienes dos trozos de pan, da uno a los pobres: vende el otro y compra jacintos
para alimentar tu alma”. Esta es la India de Gandhi (nacido en 1869 y asesinado
en 1948), activista teórico que cambio el pensamientos de nuestro pasado siglo
XX. En su soñada y añorada nación, hoy en día, siguen existiendo: ¡Hombre rico,
hombre pobre! Muchos hombres pobres.
El pueblo español se conforma con poco: Un amor,
un amigo/a, un libro...Bueno, ¡qué no nos quiten el fútbol! Es el pan nuestro de
cada día. Pienso y reflexiono, ¿qué seré yo?: ¿Hombre rico, hombre pobre? ¿No
será que soy un pobre hombre?
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