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El día: 1 de septiembre de
1939; la hora 2.50 de la madrugada. Empezaron a oírse los primeros disparos de
una guerra que duró casi cinco años; la más grande de las guerras que haya visto
ojo humano había comenzado–fue la más feroz, la más costosa, la más sangrienta–.
Después se le vino en llamar la II Guerra Mundial. Las causas de esta
conflagración mundial fueron diversas y de distinta índole, no obstante, uno
encuentra dos que fueron decisivas:
1. La aparición sobre la
tierra de Adolfo Hitler, político alemán (Braunau, 1889–Berlín, 1945): un hombre
que se creyó un “Dios sobre la tierra”; un hombre que afirmó que la raza
germánica era superior a todas las demás; y, por último, un hombre enfermo,
cuyas facultades mentales fueron mermándose progresivamente a lo largo de la
contienda, que fue quien dio la fatídica orden: ¡Matad!
2. La expansión imperialista
japonesa claramente manifestada, en principio, con la invasión de Manchuria en
1931. El soldado japonés tenía un credo, que más o menos decía así: “No caigas
prisionero aunque con ello te vaya la vida: guarda en tu mente que el hecho de
ser cautivo no es sólo vergüenza para el ejército, sino que tus padres y tu
familia no podrán ir jamás con la cara levantada: guarda el último tito para
ti.”
Un avión americano, el
B–29(de sobre nombre “Enola Gay”), a los 8.15 de la mañana del 6 de agosto de
1945, volando a una altura de 10.000 metros lanzó sobre Hiroshima–la población
civil–, la primera bomba atómica. Después, el 8 de agoto de 1945 caía la segunda
bomba atómica sobre Nagasaki. Otro hombre, el señor Truman–a la sazón presidente
de los EE.UU. –autorizó el bombardeo atómico: La era atómica había comenzado. Yo
no soy quién para juzgar a este señor; la historia ya lo ha juzgado. [Según
datos oficiales aproximados encontraron la muerte–en Hiroshima–92.167 personas;
9.428 heridos graves, y con heridas leves 27.997. No puedo olvidar, ni por un
momento, las muertes habidas en la base militar de Pearl Harbor, Oahu–Hawai (EE.UU.,
7 de diciembre de 1941), pero éste fue un ataque de la Marina Imperial Japonesa
contra la Marina de los Estados Unidos.]
La Historia siempre se
repite, para mal de muchos y bien de unos pocos. Y ahora nos remontamos al año
de 1968, cuando los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de
Naciones unidas–EE.UU., la Unión Soviética, China Reino Unido y Francia–,y en
reunión, acuerdan y firman el TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear). Pero de
poco sirvió, pues la India se hizo con la bomba atómica (1974); después la
consiguió Pakistán (1998) y, desde luego, contando con la anuencia de los
anteriores países del Consejo de Seguridad. ¡Increíble!, pero cierto es. En
cuanto a Israel, entiendo que también posee bombas atómicas, pues es el gran
aliado de EE.UU. El primero está haciendo la guerra por su cuenta–su guerra–, lo
que ha creado inestabilidad política en el Oriente Próximo.
Vamos a suponer que, el señor
Bush, no cometa el error de comenzar una nueva guerra contra Corea del Norte o
Irán: las consecuencias serían imprevisibles. Más los negocios bélicos en
relación con Irán tampoco marchan por buen camino.
Existe un programa nuclear secundado por Mahmud Ahmadineyad, presidente de la
República Islámica de Irán, aunque uno considera que el régimen iraní lleva hace
años planteándose poseer armas nucleares. El Reino Unido, Francia,... han
intentado solucionar esta crisis, pero Irán-sus gobernantes- no están por la
labor. Sin duda alguna desean cerrarse al mundo occidental, y no marchar por la
senda del progreso. Aunque muchas veces el último esté bañado de sangre y
lágrimas. No obstante, los iraníes están en su perfecto derecho a poseer energía
nuclear, pues países como Israel, India, Pakistán... también la tienen.
La política nuclear actualmente
establecida es acomodaticia y parcial. La fuerza nuclear como arma disuasoria
para eludir posibles conflictos bélicos, se me imagina creer, sin duda alguna,
que es deseada y ambicionada por muchos países del mundo, tanto de Occidente
como del Oriente Próximo. De esta manera, Pyongyang comunicó el pasado 9 de
octubre que había llevado a cabo una prueba nuclear. Con este hecho, Corea del
Norte, ha tratado de dar muestras de potencialidad bélica, y, al mismo tiempo,
se ha convertido–de hecho–en un Estado nuclear nuevo en una zona de Asía
oriental conflictiva e inestable. Y es que sus conocimientos de tipo
nuclear–armamentos, bombas, cabezas nucleares...–, servirán a manera de caldo
de cultivo a otros Estados y grupos terroristas habidos de demostrar poder y
fuerza para la expansión de sus ideales: equivocados o ciertos, pero, al fin y
al cabo ideales. Y bien es sabido que son los ideales, y siempre lo han sido,
los que han movido y moverán la locomotora que arrastra el globo terráqueo.
Tocante a si EE.UU. tiene la
intención de atacar a Corea del Norte, tal y como están las cosas, sería
temeraria y poco afortunada tomar la primera decisión. Nos hayamos ante un
Estado preparado militarmente: más de un millón de hombres/mujeres dispuestos a
morir, fuerza de artillería bien pertrechada, aviones de combate, misiles...Y lo
que mencionamos anteriormente: seres humanos dispuestos a morir por un ideal,
puesto que de hambre están casi muriendo. Ante estas circunstancias se ha
impuesto, y por unanimidad, por parte del Consejo de Seguridad de la ONU unas
restricciones al comercio y al tráfico con Corea del Norte, pero no se llegado a
un acuerdo o advertencia sobre el uso de la fuerza–como acción de castigo–, caso
de que la última continúe efectuando pruebas nucleares.
En este contexto, y no cabe
otra alternativa, ha de echarse mano de una solución diplomática y pacífica.
Pues es evidente que los enemigos de hoy pueden llegar a ser amigos el día de
mañana, y viceversa. Ejemplo fehaciente lo tenemos en la Guerra Irán-Irak
(1980-1988); Irak contó con el beneplácito de EE.UU. y la URSS, e Irán fue
apoyada por Siria y Libia. Y ahora, desgraciadamente, las guerras continúan...
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