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Posiblemente al haber aprobado
el Congreso de EE.UU. la “ley de comisiones militares”, estemos entrando en una
dinámica mucho menos democrática que la que promulga al mundo entero el
Ejecutivo americano. Ésta es la “Ley del silencio”, en el sentido de que se
aplicará a los llamados “combatientes enemigos ilegales”, que lo hay, sin duda,
pero que no tendrán garantías procesales para practicarles un juicio justo por
sus delitos cometidos y comprobados con pruebas fehacientes. Con esta
aprobación se está violando ampliamente los preceptos marcados en la Convención
de Ginebra, el derecho internacional y las normas de convivencia más elementales
entre los países del mundo. El presidente Bush- “el señor de las bombas”- estará
en posesión de la balanza que moverá la Corte Suprema estadounidense a su
antojo: bajo la técnica del interrogatorio admitirá la “tortura”, a fin de
conseguir terroristas involucrados en atentados o posibles atentados. Y esto
traerá consigo la supresión del “hábeas corpus” (derecho del detenido a
ser oído).
Y, en efecto, probablemente
George Walker Bush será recordado por la historia como uno de los peores o el
peor presidente de los EE.UU. No sabemos, quizá, quién está detrás de este
enigmático hombre. Quizá sea un “clan” de personas involucradas en negocios
armamentísticos, financieros, petrolíferos... Todo es posible. Ellos hacen que
esté llevando a la democracia liberal americana a un callejón sin salido, en el
sentido de que su único escape consiste en fomentar y patrocinar” la guerra”,
pero la guerra por la guerra...que mata seres humanos indefensos y desprotegidos
totalmente por la ONU. Ésta organización cuando le da por intervenir ya es
tarde: el mal está hecho. En su entorno se mueven personas como Richard Cheney,
Bush padre (ex presidente de EE.UU.), Paul Wolfowitz (director del Banco
Mundial),etc.
Se ha rodeado el señor Bush de
intelectuales y hombres de negocios, que le manejan a su antojo desde el
hundimiento de la URSS, y cuando corrían los años de 1990. La política a seguir
por él, sin lugar a dudas, siempre ha estado dirigida a dominar el mundo
unilateralmente por medio de una superioridad militar absoluta. Está haciendo
morir a muchos soldados americanos–sin necesidad , sin razón, haciéndoles creer
que los Estados Unidos de América están en peligro, de que existe un terrorismo
islámico en cada esquina y en cada país, y nunca les ha explicado que,
posiblemente, él fomento la guerra de Afganistán–por venganza y venta de armas-,
y la de Irak buscando petróleo. No para hacer más cómoda la vida a los
americanos o al del resto de los países del mundo, sino para enriquecerse en
unión de los fabricantes de armas estadounidenses: EE.UU. es el primer
fabricante de armamento bélico del mundo.( Quiero recordar, pues faltaría a la
verdad, que el 11-S fue un atentado contra el mundo entero, pero la obligación
de la CIA, el FBI... era buscar a los culpables y ponerlos a buen recaudo , pero
jamás fomentar la guerra, la guerra por la guerra… que puede degenerar en la III
Guerra Mundial. ¡ Dios no lo quiera!)
Y con su “ley del silencio”, la
ley de la tortura, la ley del engaño, la ley que se salta a la ONU cuando le
viene en gana...., con esa primera ley va a continuar hasta la conclusión de su
mandato presidencial en las próximas elecciones del 7 de noviembre. A Bush le
falta inteligencia, y le sobra audacia incontrolada .Es una mensajero pero no un
hombre de Estado. Se representa a sí mismo pero no a los norteamericanos. Es un
hombre en declive político pero temible porque esta dando los últimos coletazos
de una persona dañina y mentirosa: dijo que en Irak había armas de destrucción
masiva, y todos sabemos que este último aserto, como otros muchos, carecían de
fundamento y pruebas.
¡Qué recuerde! nuestro amigo
Bush que las democracias liberales se apoyan en los votos de las personas, y del
uso cambiante que puedan hacer de los mismos. Respetar al electorado conduce
ineludiblemente a que el último respete también al candidato republicano o
demócrata que sea presentado en las próximas elecciones norteamericanas. Y es
que Bush está llevando la política internacional por su cuenta y riesgo, sin
contar con el pueblo norteamericano, que fue quien le votó.
Ha cometido –nuestro hombre en
cuestión –un gran error al manifestar que existe una única “guerra contra el
terror”, dado que los enemigos a nivel mundial son variopintos. Y es bien fácil:
si un periodista trata de disertar–en una conferencia, sobre la política
exterior de EE.UU. en relación con Israel, quizá no pueda llevarla a cabo. Unas
simples llamadas de teléfono serán lo suficientemente convincentes para que
dicha conferencia no se pronuncie. Estamos llegando a una limitación de la más
grande de las libertades de que el hombre puede gozar: la libertad de expresión.
Llámese ésta: televisión, radio, prensa, Internet...
No obstante,
desde que el hombre existe, y triste es reconocerlo, los avances técnicos y
económicos han surgido como consecuencia de las guerras. Pero en algunas
ocasiones, no muchas, las últimas se han producido defendiendo una “causa
justa”. A veces, piensa uno que el hombre lucha por luchar, por aburrimiento...
Y esto es paradójico, puesto que el “miedo a la muerte” es connatural con el
hombre desde que nace hasta su muerte: a corto o largo período de vida. Paz y
prosperidad pueden traer guerra, hambre y desempleo la traerán con el
capitalismo actual que reduce a la persona a un mero producto de “cambia y
tira”. Mas el señor Bush ha elevado el concepto de guerra a la categoría de
“necesaria y justificada”-para el bien económico de EE.UU.-, echando por tierra
que, sencillamente, guerrean las fieras y luchan los hombres cuando sus
vidas–las de sus pueblos–, están en peligro.
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