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Han pasado cinco años desde la invasión de Irak
por parte EE.UU. e Inglaterra y, al buen entender, las cosas se están poniendo
mucho peor cada día que pasa. Pésimas actuaciones del presidente Bush y del
primer ministro británico Tony Blair han llevado a la nación de Irak a una
guerra civil encubierta, si se quiere, pero guerra civil al fin y al cabo. La
ambición del primero se ha unido a la tozudez del segundo (¡entre bobos anda el
juego!), y han sembrado de cadáveres las calles de Bagdad. Cada día muchas
personas entregan sus almas a Dios–Mahoma, para los musulmanes– y sus cuerpos a
la tierra donde han nacido. Todo esto ha dado lugar al nacimiento de una especie
de “alta escuela de terrorismo”, que se perfecciona con un entrenamiento real
sobre las personas: ancianos, mujeres, niños...Fruto es, sin duda, lo que está
acaeciendo de un resistencia activa, que siempre ha estado presente en cualquier
estado ocupado sin razón y por la fuerza(Al Qaeda, Bin Laden, la yihad... el
moro Muza, entiendo, que andan por estos lares. Ambos dirigentes no leen
historia, y han olvidado lo ocurrido en Afganistán (invasión soviética, 1979).
Allí, quizá, se generó el nuevo terrorismo islámico. Si no se marchan pronto,
cuando lo hagan ya será tarde, y entonces más dura será la caída.
En la cabeza del señor Bush proliferan, puede ser,
muchas idas..., pero una única principal: está proclamando en todos sus
dioscuros que, para el bien de la humanidad, hay que no cesar en el
establecimiento de una “guerra preventiva”. Comprende uno que se previene una
enfermedad, que se previene una delincuencia en la calle para el bien de los
ciudadanos, que se previene el hambre, que se previene la violencia de género(
lesiones leves, graves o muy graves a unas indefensas mujeres..., pero,
evidentemente, la guerra en sí misma fomenta la enfermedad, el odio la
destrucción...Violencia engendra violencia. El presidente americano, señor Bush,
y el equipo de asesores que le acompañan están razonando, por así decirlo, al
revés: cuentan mentiras piadosas y menos piadosas. El Ejecutivo americano nos
hace creer que todos los musulmanes están en la yihad, y que en cada uno de sus
bolsillos llevan una bomba. Es un viejo truco: desacreditar una forma de pensar,
una religión-la de Mahoma–, pero al mis mismo tiempo, sacamos en conclusión que
el Gobierno americano en funciones desea poseer lo que tienen las personas a las
que desacredita: el oro amarillo–petróleo.
Estamos a las puertas de las elecciones
legislativas de noviembre en EE.UU., y claro esta, la guerra de Irak y la
seguridad nacional van a formar los pilares fundamentales de los programas
políticos que, bien estudiados, presentarán los republicanos y los demócratas.
El pueblo americano, al que le gusta vivir bien–como a todo el mundo–, votará de
forma conservadora manifestando que en los momentos actuales no es posible
retirarse de Irak, puesto que el desconcierto que se esta manteniendo en Oriente
Próximo se aumentaría. El pueblo americano votará a los demócratas,
interpretando que la política exterior de Bush ha fracasado rotundamente y sin
paliativos. En estos oportunos momentos, los demócratas acudirán a las urnas mas
cohesionados y convencidos de su próximo triunfo.
El Gobierno americano–su estrategia política– está
tratando de dar un giro de ciento ochenta grados, entendiendo que su
enfrentamiento es–hoy por hoy–contra muchos más terroristas yihadistas que los
que había hace cinco años. Todos comprendemos que la guerra contra “el terror”
no se puede ganar, única y exclusivamente, con medios militares–bombas, misiles
de corto y largo alcance, bombas y más bombas...–, sino que han de emplearse
medios políticos de alta diplomacia-clásica diplomacia, diría yo–que, a la
larga, siempre han dado mejores y más amplios resultados. Ésta última ha sido
poco o nada experimentada por la Casa Blanca. Y es que el señor Bush se ha
convertido en una especie de guardián del mundo, y cree firmemente en que la
política consiste en no negociar. Para él negociar equivale a perder el tiempo,
y aislándose en un pensamiento único–quizá desoyendo a los miembros de la
Fuerzas Armadas, El Departamento de Estado y la propia CIA–superpone el poderío
militar del que dispone por encima de todos los razonamientos. Se olvida de que
violencia siempre engendra violencia. Ashley Montagú, antropólogo, señaló:
“Aprender a hablar cuesta muchos meses. Aprender a amar puede costar años.
Ningún ser humano nace con impulsos hostiles o violentos, y nadie se vuelve
hostil o violento sin tomarse el tiempo necesario para aprenderlo.”
Y hay un hecho relevante: Irán camina, poco a
poco, hacia la construcción de un arma nuclear. Éste es otro de los frentes
abiertos en el Oriente Próximo, y, desde luego, de no sencilla solución. Y visto
este acontecimiento–desde otra perspectiva–, quien realmente es el ganador de la
guerra de Irak es el propio estado de Irán. Los terroristas musulmanes que están
siendo operativos–entrenándose, piensa uno–en Irak, a ciencia cierta, formarán
una guerrilla preparada y convencida para luchar contra el imperialismo
norteamericano. Antes morir que perder la vida.
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