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¡Hoy tengo un mal día! Si me
equivoco, ¿sabrán disculparme? ¿Por qué nos equivocamos? Es muy sencillo:
pensamos y actuamos como seres humanos que somos; el cometer “errores” es un mal
endémico que muchas veces no podemos evitar. La inteligencia comete “yerros”,
pero esa misma inteligencia nos hace corregirlos: esto es ser inteligente. Hay
un proverbio chino que predice: “El hombre que hace mucho se equivoca mucho; el
hombre que hace poco se equivoca poco; el hombre que no hace nada nunca se
equivoca”. Es más, cuando cometemos equivocaciones lo hacemos en virtud del
principio de libertad que todos poseemos; respecto a este principio, San Agustín
dejó escrito: “Dios que me hizo sin mí, no me podrá salvar sin mí”.
En la conferencia pronunciada
el 12-09-2006 en Ratisbona (Alemania), y bajo el título “Fe, razón y
universidad. Recuerdos y reflexiones”, el papa Benedicto XVI dijo entre otras
cosas:“(...)Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y
encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir
por medio de la espada la fe que él predicaba”. Este es un de los fragmentos que
se prestaron a la polémica y a la protesta dentro del mundo islámico. Hay algún
otro que también contribuyó a la mala interpretación que le quisieron dar
ciertos líderes del extremismo musulmán. El Pontífice de la Iglesia Católica no
estuvo afortunado en esta conferencia, aunque hemos de reconocer que es un
eminente teólogo y gran estadista, habiendo sido catedrático y vicerrector de
Ratisbona. Puede decirse, y le digo, que cometió equivocación. Y esto con todo
el respecto y consideración que me merece una persona de su talla, pero que se
equivoca como todos los seres humanos. Será Santo Padre, estará inspirado por
Dios, pero el Pontífice del Estado de la Ciudad del Vaticano al equivocarse,
posiblemente, lo ha hecho como jefe político del aludido Estado, y, sin duda, no
como hombre de Dios.
Se olvidó de lo que su persona
representaba ante los ojos del mundo entero. Se sintió como un profesor de
Teología, el profesor Ratzinger, al que se le había encargado dar una
conferencia para enseñar y cultivar el espíritu de las personas, mediante vastos
conocimientos de alguien que está en posesión de los mismos. Mal aconsejado,
diría yo, por sus asesores que ignoraron la trascendencia que tienen sus
palabras –la de cualquier sucesor de San Pedro-cuando las dirigió ur bi et
orbi (a los cuatro vientos). El profesor Ratzinger se equivocó.
Tenemos más equivocaciones, y
como católico no me las debo callar, en el seno de Iglesia Católica. Y esto no
lo menciono a título de polémica, sino como esclarecimiento de errores que, en
mi modesto entender, los continuamos proclamando y por escrito. El Nuevo
Catecismo vigente –Homosexualidad (2357) –se expresa en los siguientes términos:
(...) “Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. Y continúa
diciendo: (...) “Son contrarios a la ley natural”. Siguiendo este pequeño
razonamiento, nuestro Catecismo católico ahonda aún más en el tema anterior al
señalar: (...) “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias
homosexuales instintivas (2358). Uno se pregunta cómo es que un compartimiento
instintivo sea, al mismo, antinatural. Hemos de convenir que Dios creó la
homosexualidad-gay y lesbianas- como criaturas a su imagen y semejanza. Por otra
parte, y que me rectifiquen pues uno se equivoca muchas más ves que el Papa, no
recuerdo que en las Sagradas Escrituras se mencione que no fueran aceptados -en
nuestra mortal vida -por Jesucristo los gay y las lesbianas.
Se viene hablando
constantemente de las “riquezas de la Iglesia Católica”. Pues bien, la Piedad
de Miguel Ángel se encuentra en la Basílica de San Pedro, y si tratásemos de
vender el valiosísimo cuadro en subasta pública– dicen los doctos en esta
materia– se pagarían más de mil millones de dólares por él. Cierto es que el
cuadro– maravillosa obra de arte–se ausentaría de Italia, pero no menos cierto
es comprender cuantos millones de bocas humanas–muertas de hambre– tocarían con
sus labios, quizá, sus primeros alimentos. Ellos y ellas –bocas humanas y
muertas de hambre–si exclamasen: ¡Somos pobres, mas Dios–el Dios de todas las
religiones–nos ha venido a ver! El cuadro en cuestión se vendería en subasta
pública. Millonarios, bancos americanos, japoneses, españoles...serían los
afortunados compradores. ¡Vaya usted a saber! Jesucristo dijo: “Deja todo lo que
tienes y sígueme...”. Hoy por hoy, y esto es realidad, la Iglesia de Jesucristo
es inmensamente rica. No sabemos el porqué, pero números cantan...
El que fue Papa, Juan Pablo II,
con nombre de pila Karol Wojtila –nuestro hermano, pues todos lo somos ante la
muerte– en los últimos años de su pontificado fue coaccionado para elevar a los
altares a nuestro también fallecido hermano José María Escrivá de Balaguer,
fundador del “Opus Dei”. Nunca el fallecido hizo méritos suficientes para ser
“santo”. El último dejó escrito el libro religioso Camino. He aquí
algunos de sus párrafos: “50. Eres curioso y preguntón, oliscón y
ventanero: ¿no te da vergüenza ser, hasta en los defectos, tan poco
masculino?–Sé varón: y esos deseos de saber de los demás trócalos en deseos y
realidades de propio conocimiento.” Según esto, sin duda, las mujeres
son ventaneras. El carácter misógino de estas palabras está servido. Karol
Wojtila se equivocó también, o le hicieron equivocarse, cuando se encontraba
mermado en sus facultades físicas y mentales. Él que entregó pedazos de su
corazón como viajero incansable por el mundo entero–arrastrando su cuerpo herido
por la enfermedad y los atentados sufridos contra su mortal vida–, él que supo
comportarse en tantas situaciones ambiguas vividas en la Europa del Este, él que
tuvo una política segura y firme para el entendimiento de todos los credos
religiosos de los cinco Continentes... también cometió errores. (Los santos
suelen hacerlos los hombres, pero quiero entender que solamente Dios-“el Dios de
todas las religiones”–es, única y exclusivamente, quien debe elevarlos a los
altares. En los últimos debería visionarse, tan sólo, la cruz de Jesucristo.)
El líder de la mayor
organización islámica de Indonesia, Hazym Muzady, ha dicho: “que las palabras
explicativas del Papa, en las que lamenta que se hayan entendido mal sus
palabras, son suficientes...”. El Sumo Pontífice ha convocado en Castelgandolfo
a los líderes de las principales comunidades islámicas italianas y a los
embajadores de todos los países musulmanes ante la Santa Sede. Esto es actuar
con sabiduría y diplomacia.
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