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Llevo tiempo queriendo escribir esta
columna, pero una cosa por otra y la casa sin barrer. Siempre hay cosas
intrascendentes que nos impiden hacer otras de mayor enjundia. Aterrizo pues: de
la copla andaluza -que no española, como me bien me precisó mi amigo Enrique,
quien regenta el bareto más acogedor y que es un escenario pintiparado para
sostener las tertulias más plurales de todo signo filosófico e ideológico,
www.cyberguichi.net mientras se paladea una
buena birra, o lo que se quiera, mientras también se degustan unas buenas,
generosas y en ningún caso caras tapas o raciones- sólo me dio por escuchar,
desde pequeño, a Manolo Escobar -al que yo considero una suerte de Elvis
folklórico español, dicho todo ello en serio y sin sarcasmo o ironía- y ya de
talludito al simpar e inefable Carlos Cano.
Fue pura chiripa que no ha mucho
compartiera sesión televisiva de un programa de Tele-Chaves 1 intitulado 'Se
llama copla' con mis ancianos pero en modo alguno viejos padres, en cuya casa
oficio de okupa (porque la pensión de los "tontitos" no da pa tirar cohetes, y
dando gracias a que nuestra República Federal Española de momento tiene a bien
pasárnosla, que por si algunos fuera andaríamos lampando por las calles y
pernoctando al calor de los cajeros automáticos o incluso nos mandarían a gasear
por aquello de que andamos parasitando a las clases productiva, provocando la
caída del Estado del Bienestar). Pues eso, que como preludio al conteo de
ovejitas me arrellané en el sofá y me dispuse a tragar lo que los rayos
catódicos y confesionales tuviesen a bien dispensarme. Al principio pensé: "¡Por
la bendita Madre de Azaña! ¡Telechaves 1 vuelve a superarse con otra catetada
mayor!". Pero, ¡ah!, una vez más constaté que no debemos dejarnos llevar por
automáticos prejuicios, y en cambio sí practicar el sano escepticismo –que no
nihilismo-el cual es conditio sine qua non para aproximarnos –según las mientes
de cada cual- a la anhelada sabiduría... Sin cachondeo, que pocas veces he
escrito más seriamente como en la presente ocasión, quedé prendado por la
actuación de un joven de 19 tacos, vecino de Nerja (Málaga), andaluz nacido en
Rumanía (porque los de al-Andalus nacemos en donde nos sale del alma). ¡Con qué
arte movía el tío las manos y a la par con qué portentosa voz tan diferente a
lo que suele escucharse y con qué arte se desenvolvía (y sigue desenvolviéndose
en el escenario)!
Pues sí, por culpa del joven andaluz
nacido en Rumanía me enganché al programa como estoy enganchado a los
antidepresivos, estabilizadores del estado anímico y somníferos a tutiplén. Por
culpa del maestro de la copla andaluza que se llama Antonio Cortés sigo los
avances diarios de 'Se llama copla' (www.sellamacopla.es)
y espero con ansiedad -pese a los ansiolíticos- a que llegue el sábado para a
eso de las 21:45 ver la gala. Confieso que por regla general no me meto entre
pecho y espalda el programa entero, sino que encargo a mis padres que me avisen
cuando actúa mi admirado Antonio, y también don Juan Calero, otro concursante
que sin tener una voz tan especial y poderosa como la de Cortés (Julio Iglesias
no destaca por su potencia canora, ni Lola Flores tampoco lo hizo y eso no quita
que el uno sea y la otra lo fuera dos monstruos incuestionables del panorama
musical), la modula con un gran gusto mientras se mueve por el escenario con un
arte incomensurable. Y es que posiblemente por mi acendrada misoginia no me
agradan, por regla general, las voces femeninas, aunque como excepción que
confirma la norma quedé prendado del registro de otra joven concursante,
Patricia, quizás por que se movía entre unas tonalidades más graves y porque
rompe el estereotipo de la folklórica engreída, prepotente, cazurra y catetorra
al uso.
En resumidas cuentas: para mí han
nacido dos estrellas de la copla andaluza (Calero y Patricia) y un galáctico
indiscutible que puede ocupar la presidencia de la República Coplera, vacante
desde que el simpar, el imparangonable Carlos Cano nos dejara huérfanos de su
maestría. Sólo pido a la Causalidad –ni el azar ni la casualidad existen- que
Cortés no caiga en manos de un representante sin escrúpulos, que no se le suba a
la cabeza el éxito, que no pierda la humildad -cualidad por la que también
brillan Calero y Patricia)- y que siga con esas ganas de aprender y mejorar que
muestra programa tras programa. DIARIO Bahía de Cádiz
P.S.: Cambiando de tercio, expresión
que encantará a nuestra joven Delegada Municipal de Asuntos Tauromáquicos, ando
cavilando sobre la conveniencia de cambiar el título a la columna y embufandarme
tras un pseudónimo y en ser políticamente corresto. No por nada -que si no hay
más remedio de que a uno lo pongan en la puta calle, le partan la cara o le
mienten la madre, pues se asume-, sino porque hay gente que piensa -y ya empiezo
a estar hasta las gónadas de que me lo digan en mi republicana faz y a través de
terceros- que DIARIO BC es un diario republicano y tal y cual y que la
republicanez y la rojedad son enfermedades contagiosas (que ni uno, ni por
desgracia lo otro)-, confundiendo el tocino con la pluralidad del medio en que
colaboro, independencia de la que me siento orgullosísimo. Concretando, que
ando meditando en la posibilidad de titular la columna algo así como "El
unifamiliar del monárquico" o "El chalecito del nacionalista" o “El súbdito
feliz”, y firmar como Juan Luis Rajoy o como Luis Juan Moreno Olmedo o como
Juanlu Zapatero o como Juanito Llamazares o algo así, sin ánimo de ofender, que
los "tontitos" no ofendemos, sino que muy al contrario se les consiente
pacientemente estas y otras excentricidades mayores (ahí están los casos de 'Un
hombre llamado caballo', el Licenciado Vidriera, Simplicius Simplisissimus, el
bueno de Alonso Quijano, Ignatius J. Reilly etc. etc. ). Eso, que vivo sin vivir
en mí… Creo que llamaré a “Hablar por Hablar” o al Consultorio de la Señorita
Pepis, aunque los regenten féminas, a ver si solucionan mi cuita.
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