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Dicen nuestros mayores que los jóvenes de hoy en
día no sabemos lo que queremos, que sólo pensamos en las musarañas, que llevamos
una vida tan cómoda que nos olvidamos de enfrentarnos a los verdaderos retos que
ésta nos pone por delante. Probablemente ni les falte ni les sobre razón. “Hijo,
yo a tu edad ya llevaba quince años trabajando para alimentar siete bocas”,
suelen sentenciar muchos padres y abuelos. Real como la vida misma. Aunque la
vida, valga la redundancia, no es la misma que hace unos años. La realidad
actual es otra. Pero… ¿Vivimos los jóvenes alejados de la realidad o es la
realidad la que se aleja de nosotros?
Para tratar de buscar una respuesta a tan difícil
pregunta, recurramos a una reciente encuesta realizada por el Instituto Andaluz
de la Juventud a personas de entre 18 y 29 años. ¿Cómo somos los jóvenes
andaluces? ¿Qué nos inquieta? ¿Cuáles son nuestros objetivos? Pues bien, según
dicha encuesta casi la mitad de los jóvenes de esta comunidad autónoma asegura
que no se ha planteado emanciparse. La razón de más peso es que los jóvenes
están “a gusto en casa” de sus padres. La otra razón es de índole económica.
Argumentos obvios que en parte corroboran las hipótesis de nuestros mayores.
¿Y cuál es el perfil del joven andaluz? Podemos
imaginar a una persona que, insistimos, ve difícil el acceso al primer trabajo y
a la primera vivienda, alguien a quien no le interesa la política pero que a la
hora de posicionarse ideológicamente lo hace en el centro-izquierda, que dedica
cada día entre media y una hora a informarse, alguien “consumista”, “trabajador”
y “rebelde” que sueña con conseguir un puesto de funcionario o asalariado y que
rehúsa trabajar como autónomo creando su propia empresa.
Nunca fui un gran devoto de las estadísticas ni de
los datos que aportan determinados estudios que tan de moda están ahora. Soy de
esa generación de “jóvenes aunque sobradamente preparados” que quisieron hacer
de cierto eslogan publicitario su seña de identidad y que comprobaron, tras su
paso por la Universidad, que lo que realmente sobraba para abrirse paso en la
vida era estar preparado. Crecí en diferentes ciudades, sufrí unas cuantas
mutaciones, aprendí a disfrutar de la televisión con sólo dos canales
disponibles y sin un mando a distancia con el que hacer zapping, asistí al
nacimiento de internet, vibré con los discos de Nirvana…
Ahora soy un joven que trata de vivir la realidad
del momento, sumergido en ella. A veces sé lo que quiero y otras no. A veces
pienso en las musarañas y otras veces, simplemente, no pienso. A veces me
enfrento a los retos que me impone la vida y otras me doy por vencido. A veces
pienso que nuestros mayores tienen toda la razón del mundo cuando hablan sobre
nosotros, y otras veces creo que viven alejados de la realidad. A veces me
siento identificado con el perfil juvenil que dibuja una determinada encuesta, y
otras veces me siento afortunado por tener un trabajo y una casa, pero cada vez
que sube el euríbor doy un respingo en el sillón y me da por evadirme de una
realidad que unos y otros tratan inútilmente de catalogar.
DIARIO Bahía de Cádiz
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