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Con la llegada del otoño y el curso político a
pleno rendimiento, comenzamos a avistar en el horizonte la llegada de unas
nuevas elecciones. En estas fechas todo es posible. Es el momento decisivo para
hacer realidad el sueño prometido a millones de votantes. Ahora o nunca. Las
promesas cumplidas consolidan a los simpatizantes. Y lo que es más importante:
convierten a meros electores en futuros votantes. Por eso hay que cumplir, como
mandan los cánones, sin que al gobierno de turno deba importarle que lo acusen
de oportunista o de hacer las tareas deprisa y corriendo, todo a última hora. Lo
importante es cumplir. Por eso el gobierno ha presentado recientemente su plan
de fomento del alquiler, para cumplir con los jóvenes, despertando en ellos una
dulce sonrisa. Las promesas incumplidas pueden desatar un vuelco despiadado en
las urnas. Hay que cumplir y seguir haciendo nuevas promesas, aunque la
oposición tache ésta u otras medidas de electoralistas.
Ahora bien, las promesas son un arma de doble
filo. Baste el ejemplo de un suceso recientemente acaecido en Argentina. Varias
modelos habían anunciado su apoyo a una manifestación contra la industria
peletera. Su contribución a la causa pasaba por desnudarse ante los miles de
congregados que acudieron al centro de la ciudad para participar en la protesta.
La expectación era tal que Nicole Neumann, una de las guapas modelos que había
hecho la seductora promesa, asustada por la multitud que se había congregado en
el lugar pactado, pidió al conductor del coche en que viajaba que diera media
vuelta y huyera de aquel sitio en ese preciso instante. Minutos más tarde hacía
su aparición en otro lugar de la ciudad. Eso sí, sin cumplir su promesa de
desnudarse en público. La decepción fue tremenda, dando origen a una
organización vecinal bautizada con las siglas de MPBN, o lo que es lo mismo:
Movimiento Ponete en Bolas Nicole. ¡Menudos son los argentinos! El citado grupo
lanzó incluso un vídeo en internet amenazando a la modelo con matar a su
supuesto perro si no se quitaba la ropa en público. Afortunadamente todo formaba
parte de una broma y las amenazas quedaron en nada, si bien ahora nos sirven
para ilustrar la teoría de que toda promesa incumplida puede suponer una
reacción contraproducente del electorado.
En Estados Unidos, donde ya ha comenzado también
la carrera por las próximas elecciones presidenciales, los candidatos no dudan
en utilizar cualquier tipo de artimaña para ganarse al electorado. Y como el
desnudo está de moda, Liv, una joven norteamericana entusiasta de Ron Paul,
congresista de Texas del partido republicano, ha prometido desnudarse en su
página web si el citado político llega a la Casa Blanca. Veremos si se trata de
un simple arrebato de exhibicionismo o si por el contrario cumple su promesa.
Quién sabe si a Zapatero o Rajoy les dará por
hacer una promesa de este tipo. ¿Se imaginan un programa electoral que
contemple, por ejemplo, el desnudo integral de Penélope Cruz ante los ojos de
todos los españoles? ¿Incluirá el actual gobierno socialista entre sus promesas
electorales un striptease en televisión de la espectacular Elsa Pataky? Mejor
aún: ¿accederá alguna de las actrices a posar desnuda ante las cámaras antes de
las elecciones? Todo es posible. Aunque, dadas las circunstancias, no les quepa
la menor de que la oposición calificará la iniciativa de “desnudo
electoralista”.
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