Año III

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

Pídenos información sobra la PUBLICIDAD AQUÍ

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 RETAZOS

De videojuegos, sueños y censuras

 ISAAC LÓPEZ

 (Periodista)

isaaclore@gmail.com

 

ISAAC LÓPEZ

Todo empezó aquella tarde, después del colegio. Yo aún podía contar los años vividos con los dedos de las manos cuando Juan me invitó a su casa. Prometió que lo pasaríamos en grande jugando con uno de los regalos de su reciente cumpleaños. Llamé a la puerta. Su madre me recibió con una sonrisa y me invitó a pasar al salón, donde esperaba mi amigo. Juan estaba absorto, sentado en el sofá, con la mirada clavada en el televisor. Su mano izquierda sujetaba un extraño artilugio con una palanca que manejaba con la otra mano. En su extremo, había un botón que Juan presionaba compulsivamente con el pulgar. Le saludé tímidamente por miedo a interrumpirle. Juan parecía disfrutar controlando aquel monigote que deambulaba por la pantalla, ignorando mi presencia. Sólo accedió a devolverme el saludo al final de la partida, con la aparición de un rótulo escrito en inglés que rezaba “Game Over”. ¿Juegas?, me preguntó. Fue la primera vez que me enfrenté a un videojuego. Jugamos durante varias horas. Aquella máquina que se conectaba al televisor disponía de varios juegos, sencillos pero endiabladamente entretenidos. Poca gente en el pueblo tenía algo así. En cuanto a mí, aquella tardé empecé a soñar con tener una máquina como aquella.

 

Transcurrieron otras muchas tardes. Y sólo pude ver cumplido mi sueño de disfrutar con los videojuegos en mi propia casa cuando ya no podía contar los años vividos con los dedos de las manos. Mis padres me regalaron un ordenador Spectrum con el que me adentré en un mundo fascinante. Mi sueño cumplido me permitió seguir soñando. Me metí en la piel de un veterano de guerra, me convertí en comecocos, viajé a la Edad Media, me puse al volante de un bólido para alcanzar los 250 kilómetros por hora, fui un superhéroe, me superé a mí mismo como deportista de élite con récords inalcanzables… Crecí con los videojuegos. Y como yo, otros muchos jóvenes de mi generación asistimos atónitos a su imparable proceso evolutivo.

 

Hoy día los videojuegos han dejado de ser un mero sistema de entretenimiento para convertirse en una nueva forma de arte. Mucha gente ignora que detrás de muchos videojuegos hay un extenso equipo de programadores y creativos que miman cada detalle de su obra, manejando presupuestos similares o superiores a los de grandes producciones cinematográficas. Y lo peor de todo: todavía hay quienes piensan que los videojuegos son sólo cosa de niños.

 

En medio de este desconocimiento profundo surgen noticias que no hacen más que incentivar el rechazo de ciertos sectores de la sociedad a esta forma de ocio. Hace unos días, la British Board of Film, el organismo británico encargado de clasificar por edades películas y algunos videojuegos, prohibía el lanzamiento de Manhunt 2, un juego que transcurre en un siniestro manicomio y en el que abundan las escenas de violencia. Sangre, vísceras y decadencia han propiciado su censura no sólo en Reino Unido, sino en otros países.

 

Nunca fui un apasionado de la violencia gratuita en pantalla, pero tampoco un detractor. La censura siempre es una ofensa a las libertades individuales y, por supuesto, un obstáculo para la actividad creativa. Yo no encuentro placer en la violencia, pero basta con encender la televisión o echar un vistazo a la cartelera para comprobar que ciertas formas de ocio gozan de una impunidad que los videojuegos no tienen. Para asistir a un acto de tortura, con amputaciones o decapitación incluida, no hay más que ir al cine o alquilar en el videoclub películas como Hostel –cualquiera de sus dos partes-, la nueva versión de La Matanza de Texas o alguna de Tarantino. Y nadie dice nada. Creo que un sistema de calificación por edades ha de ser más que suficiente para impedir que los niños accedan a este tipo de contenidos. Para ello es imprescindible una mayor implicación de los padres, muchos de los cuales siguen viendo a los consumidores de videojuegos como auténticos bichos raros. Son los que temen porque desconocen. Son los que prefieren la censura a la educación en valores. Son aquellos que nunca han compartido una tarde frente al televisor junto a un amigo. Son los mismos que jamás entenderán que los videojuegos también permiten soñar.


ARTÍCULOS ANTERIORES

DIARIO Bahía de Cádiz (BC) v. 1.8.
© 2004-2007 DIARIO Bahía de Cádiz

Publicidad | Contáctenos

¿Quiénes somos?  --  Aviso Legal  --   Suscribirse  --   Poner como página de inicio  --   Añadir a Favoritos                          Imprimir esta página

 

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782