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Me he dado
cuenta de que la vida pasa muy deprisa, así que voy a tomarme las cosas con más
calma. Como ahora, por ejemplo. Toca ponerse a escribir, pero me niego a hacer
de este rato a solas una prueba contrarreloj. Vayamos por partes. Sin prisas.
Antes de nada encenderé el ordenador, me acomodaré en el sillón y echaré a volar
la imaginación. Buscaré entre los recortes de periódico que guardo durante la
semana y me detendré en uno de ellos. Volveré a leer detenidamente la noticia
que ya leí en su momento. Sin prisas. Y entonces decidiré escribir una columna
sobre lo rápido que pasa la vida, reflexionando sobre el recorte que una vez más
he vuelto a leer. Su contenido no deja de llamarme la atención. Menciona una
curiosa iniciativa de una asociación llamada El arte de vivir lentamente.
Se trata de una invitación a los ciudadanos a tomarse un día sin prisas, a gozar
de cada momento, pero sobre todo a hacerlo con mucha calma.
Algunos ya han querido
bautizarlo como el Día de San “Va-lentín”. Una fecha que, como habrá podido
imaginar, nada tiene que ver con el Día de los enamorados, sino con la
lentitud del que va a cualquier parte.
No se trata de ninguna broma.
Ha ocurrido recientemente en Italia. Este día de la lentitud ha estado dedicado
a quienes, como yo, tienen la sensación de que el mundo gira demasiado deprisa y
a aquellos que viven sometidos a ritmos frenéticos. La asociación mencionada
anteriormente convocó iniciativas en Roma y Milán, pero el número de personas
entusiasmadas con el proyecto no ha dejado de crecer desde el primer momento,
tanto en otros lugares de Italia como en el resto del mundo.
Por lo visto, en Milán, se
dedicaron a calcular la velocidad de los viandantes y multaron simbólicamente a
todos aquellos que caminaban demasiado rápido. En Roma, un grupo de fotógrafos
autodenominados buscadores de nubes se reunieron en el Parque del Pincio
para plasmar en sus fotografías el lento paso de los elementos que decoran el
cielo. La capital italiana fue también el escenario de la maratón más lenta del
mundo, una carrera que discurrió a lo largo de 300 metros y para cuyo recorrido
se había previsto una hora y media de duración. Evidentemente, no se premió al
corredor más veloz.
Es probable que en estos
momentos el entusiasmo se haya apoderado de usted y esté impaciente por sumarse
a esta iniciativa. Pero tómeselo con calma o empezará con mal pie. El arte de
vivir lentamente tiene una larga lista de propuestas que hacerle. Por
ejemplo, deje de decir “no tengo tiempo” para hacer determinadas cosas, siempre
hay tiempo para todo cuando se vive sin prisas. Procure escribir los mensajes de
móvil con todas las letras, nada de abreviaturas extrañas que sólo los
adolescentes son capaces de comprender. Disfrute de todo cuanto le rodea: un
buen libro, un café con los amigos, una película, un paseo por el parque… Sí,
confieso que yo también estoy entusiasmado con este modelo de vida. Incluso en
momentos como éste, en los que me da por vivir sin prisas para poder escribir
una columna.
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