|

La nieve de estos días ha
despertado al invierno de su preocupante letargo. Gran parte de Andalucía ha
quedado cubierta por un inmenso manto blanco que ha devuelto su verdadera
condición a este invierno adulterado. El blanco frío y tardío ha permitido que
este invierno primaveral, impropio de un mes de enero, haya dado paso al
verdadero invierno: un invierno frío, un invierno blanco. Un invierno invernal,
valga la redundancia.
La nieve cae lentamente
mientras el mundo parece detenerse. Suena el teléfono. Es mamá que llama desde
Córdoba. Parece feliz. Lo intuyo. Puedo imaginar su sonrisa. Dice que el cielo
se derrumba deliciosamente sobre la ciudad, pero los copos no llegan a cuajar,
se deshacen inevitablemente al tocar el suelo. La nieve se hace agua. El sueño
se derrite.
En otros muchos lugares de la
geografía andaluza, la naturaleza ha quedado cubierta de blanco. La nieve ha
hecho acto de presencia en casi todas las provincias, sin olvidarse de Cádiz.
Todo está blanco. Y a pesar de las carreteras cortadas, muchos núcleos de
población incomunicados y un frío que hiela el alma, me da por pensar que la
vida es mucho más fácil cuando está disfrazada de blanco.
Mi mala memoria esconde
recuerdos de un niño ataviado con una trenca de color verde, ajeno al frío del
pleno invierno, que sonríe como un loco y salta sin cesar. La nieve parece
crecer desde el suelo y envuelve con su rutilante blancura los árboles, el
kiosco de prensa, los columpios. Ese niño, que soy yo, todavía sonríe cuando
contempla una nevada o simplemente cuando escucha hablar de un cielo que se
derrumba deliciosamente sobre la ciudad, aunque esa ciudad no sea suya y el
cielo parezca definitivamente inalcanzable. Ese mismo niño sueña cada noche con
un mundo teñido de blanco, más allá del invierno y de los recuerdos.
No es de extrañar que la
sombra de un negro amenazante haya hecho temblar mis dedos sobre el teclado, al
conocer la noticia de un buque encallado en la bahía de Algeciras. El fuerte
temporal que azota la zona ha desatado el suceso. Los catorce tripulantes del
Sierra Nava se encuentran a salvo, pero el viento incesante y despiadado no
ha dejado de arremeter contra el barco, provocando el vertido de combustible en
el agua. La noticia parece una mancha negra que se extiende descontrolada por
las líneas de este texto. Quiere abrirse paso entre las palabras, oscureciendo
todo a su paso, sumiendo de nuevo a este invierno en un letargo inexplicable. El
negro trata de imponerse al blanco. Pero este humilde periodista con corazón de
niño se niega a dar cabida en sus líneas a una marea negra. Por eso, esta noche,
cuando llegue la hora de descansar, volverá a soñar con un paisaje nevado, más
allá del invierno, seguro de que la vida resulta mucho más fácil cuando está
disfrazada de blanco.
ARTÍCULOS ANTERIORES
|