|
Son 1.600 los trabajadores de Delphi en Puerto
Real cuyos puestos peligran tras el anuncio de cierre de la multinacional
estadounidense, a los que han de sumarse las cerca de 2.500 operarios de
subcontratas que también corren el riesgo de perderse. Resulta evidente que el
de Delphi es un episodio más de los que se están dando y darán en España y los
países de nuestro entorno; episodios que obedecen en parte a la deslocalización
de las multinacionales que, sin escrúpulos de ningún tipo, optan por
establecerse en países donde la desprotección de los trabajadores les permite
ahorrar costes de producción. El neoliberalismo y el capitalismo salvajes
imperantes no saben de escrúpulos morales, ni a sus multinacionales les
preocupan lo más mínimo los dramas personales ni sociales que provocan. La
cuestión de fondo es que amenazas de cierre como las de Delphi forman parte del
Sistema que la clase política al uso, instalada en la misma opulencia que el
gran empresariado y los grandes jerarcas de la banca, nos vende como el único
posible.
De momento, desconocemos qué efectos puedan tener
las contramedidas que anuncia una Junta de Andalucía a la que el asunto la ha
pillado –incomprensiblemente- con el culo al aire y que reclaman unos
desbordados sindicatos. Pero en la Bahía de Cádiz ya estamos bastante
desengañados con los paños calientes que nos aplican tanto la Administración
central como la autonómica: en nuestra memoria está la nunca puesta en práctica
ZUR (Zona de Urgente Reindustrialización) o las más recientes ATIPE (Actuaciones
Territoriales Integrales para el Empleo), otro sofisticado acrónimo que duerme
el sueño de los justos en lo que a nuestra zona se refiere. Incluso cabe la
posibilidad de que el anuncio de cierre de la empresa sea uno de esos
habituales órdagos para forzar una regulación de empleo, con las consiguientes
prejubilaciones, bajas incentivadas… Primero se aterroriza al trabajador y acto
seguido se le aplica un castigo menor. En cualquier caso, chusco para hoy,
hambre para mañana.
Por todo ello, mientras impere este orden
económico, el cual vulnera la más elemental justicia social, amenazas como las
de Delphi se seguirán cerniendo, y la clase política instalada en este sistema
económico (desde la derecha a la izquierda más o menos domesticada) nos dirá que
episodios como éste resultan inevitables, mientras ellos y unos pocos oligarcas
nadan en la opulencia.
Si no somos capaces de superar la resignación y de
plantear alternativas a este capitalismo salvaje y caníbal, a medio plazo
podemos irnos despidiendo de un relativo Estado de bienestar que nos están
desmantelando día a día, y que tanta sangre, sudor y lágrimas costó implantar
(la verdad es que yo tuve la suerte de hallármelo sin bulla). Por lo pronto, en
la Bahía de Cádiz la única industria que vemos prosperar es la del ladrillo, y
en caso de que no reaccionemos, en este bello lugar sólo podrán vivir
decentemente cuatro políticos, los plutócratas y los jubilados alemanes,
ingleses, suecos, los hoteleros, los camareros y cuatro burócratas… Mientras
tanto, el grueso de la tropa a emigrar, de momento, a Castellón, Madrid o
Catalunya; y a medio o largo plazo, a Marruecos, China, Corea y similares;
porque si las industrias se van para allá, pues ya me dirán. Eso contando con
que el pastel no nos reviente antes en las narices. De momento, sálvese quien
pueda… Y tonto el último. |