
Murió
el Papa que luchó contra el comunismo, que inició el diálogo con las demás
religiosas, que recorrió el mundo entero. Aunque uno no sea católico
practicante se siente conmovido con esta muerte. Sin embargo me gustaría
hablar un poco precisamente de esa emoción que sentimos cuando se mueren
personas con las que quizás no estuvimos de acuerdo en todo, que no eran
especialmente famosas pero que por alguna razón agitaron nuestra conciencia,
que quizás nos parecieron un poco antipáticas y sin embargo en la hora del
adiós se siente algo especial.
En el
mundo de hoy y especialmente entre los jóvenes no se tiene mucha simpatía por
lo religioso como hasta hace poco tampoco se tenía demasiada simpatía por lo
político, pero lo religioso y lo político, como lo artístico nos acompañaran
hasta el final de los tiempos. Como en tantas otras ocasiones se trata de
saber qué estamos metiendo dentro de esas palabras que por ser universales
sufren de vez en cuando el secuestro de los que tienen algún tipo de poder y
las llenan de paja, de aire o de panfletos publicitarios con los que mantener
su estatus o el abolengo de su apellido. La humanidad entera se basa en el
apoyo de estos conceptos y cuando estos pilares se llenan de mercaderes el
hombre/la mujer se convierte en un ser balbuceante, lleno de miedo, se ahoga.
Pero
empecemos. Carl Jung propuso que debajo de nuestra mente individual y
subjetiva habita el mundo de los arquetipos, grandes patrones o formas
mentales que se repiten y que son iguales para todos, el inconsciente
colectivo. Esos patrones se podrían ver como las pequeñas irregularidades de
un fondo marino que provocan la aparición de olas en la superficie y en
realidad todo lo que existe se puede ver como una ola que surge de un
fundamento común y que finalmente acaba volviendo a él. Nada es eterno por si
sólo, mientras mantiene su existencia toma energía del medio y devuelve
entropía al mismo medio, manteniéndose en lo alto y con existencia
aparentemente individual como lo hace una ola en el mar. Ilya Prigogine ganó
el premio Nobel por la formulación de un concepto, las estructuras disipativas,
que funcionan de esa manera. Pero realmente todo cuanto existe y que pretende
mostrarse como separado son estructuras disipativas.
Me
llamó la atención una imagen del Papa visitando a las tribus indígenas de
Sudamérica y a los grandes indios norteamericanos, culturas para los que la
naturaleza formaba ese todo común y que rendían tributo a los antepasados
importantes. En algunas tribus de Asia con los dioses sólo se podía hablar a
través de los antepasados y en algunas otras en muchas partes del mundo los
dioses son sencillamente los antepasados y otras fuerzas de la naturaleza.
Sí,
Carl Jung también postulaba que es posible una conexión entre nuestra
conciencia y los arquetipos cuando la mente individual, el mar, se calma. Es
posible bucear y llegar al fondo para ver los trazos en la arena que nos
forman y lo más importante: escribir algo. Esto es el arte, sacar a flote esos
hechos primitivos o crear algo para que la ola mejore: descubrir el fuego,
inventar la rueda, la agricultura. Por eso en muchas culturas del mundo se
rinde tributo a los antepasados como a dioses, ellos nos sacaron del agua, nos
levantaron sobre dos pies, alguien descubrió la agricultura, fabricó una
hacha, modifico los arquetipos, fueron levantando una mejor ola, se fue
agrandando el cerebro. Las grandes religiones se basan en el descubrimiento de
estos arquetipos y de este fondo común. Sin embargo ese fondo no es algo
inmóvil sino que es dinámico. Y esto es lo fundamental. Esas configuraciones
que ahora nos levantan sobre el resto de los animales (al menos en teoría)
podrían mutar por nuestra insconciencia o por una forma de ceguera que no vea
toda la extensión del fondo del mar, las relaciones del hombre con la
naturaleza y con las otras criaturas, y mandarlos al pozo de la historia.
Por la
misma acción insconciente del movimiento de las olas (modas, costumbres
banales, economía descerebrada..) caen granos de arena que se acumulan en el
fondo y pueden crear aberraciones, de la misma manera que un intento
consciente de manipulación de los trazos básicos podrían significar nuestro
fin. Que el hombre y todos los seres han evolucionado es una algo
incuestionable, pero esa evolución de donde viene y quién la manda. Se hablo
de que en la evolución se imponía el más fuerte y se vio que eso no siempre
era así; se habló después de quien mejor se adaptara a las condiciones
cambiantes y quien creara las mejores alianzas eran quienes saldrían adelante.
Pero esa adaptación, ¿quién la lleva a cabo?. Yo creo que en este terreno el
arte tiene mucho que decir, el arte-ciencia, el que crea conceptos nuevos,
obras nuevas que remueven la existencia. Quizás la evolución sea la evolución
del arte, que el arte sea el rastro literal que hemos hizo creando a lo largo
de la historia y sobre el que nos hemos levantado. Quizás en nuestro ADN estén
codificados de alguna manera los grandes descubrimientos, las grandes obras
literarias y musicales, la amplitud de nuestra vista. Personalmente creo que
los dioses son los artistas. Por eso ese fondo es sagrado, porque somos
nosotros mismos. El arte da testimonio de él y en algunos casos excepcionales
lo modifica. Una futura religión universal debe de conectar ese fundamento
común para que las olas que se creen vayan sincronizadas y no pueda darse el
caso de anularse entre ellas, que haya un choque fatal de civilizaciones que
se levantan sobre lo mismo. Si claro, en el ámbito católico, Juan Pablo II
estuvo andando por esa arena con sus zapatillas deportivas, pero creo que el
camino todavía no ha acabado.
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