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El hombre es la medida de todas las cosas
http://www.iac.es/cosmoeduca/gravedad/complementos/vitruvian.jpg
B.S.O. Delphi
http://www.youtube.com/watch?v=TKd6pJCQpCM&mode=related&search

Si el anuncio de cierre de Delphi se llega a
producir antes de la opereta del referéndum, quizás la participación en la Bahía
de Cádiz no habría llegado ni al 10%. Uno se pregunta si no habrá existido
reunión cafetil previa en las proximidades del Palacio de San Telmo para tratar
esta coordinación temporal. Uno se pregunta que pasaría si en este país hubiese
un periodismo de investigación fuerte que pudiese destapar algunos de estos
presuntos hechos, un periodismo que nos llevase en volandas hacia la
profundización de la democracia. Desde luego, no es culpa de los periodistas,
que en su mayoría hacen lo que pueden. Los periodistas andaluces con medios
trabajan para CanalSur y no creo que vayan a destapar un “Telmogate”, dedicados
como están a invertir público dinero y tiempo en la investigación de cómo
destapar ollas en Andalucía Directo.
Lo de Delphi es una barbaridad que golpea de nuevo
a la doliente Cádiz, una provincia que corre el riesgo de vaciarse de gaditanos
y ser tomada por asalto, definitivamente, por los inversionistas inmobiliarios,
que sin gaditanos, esquilmaran en menos que canta una chirigota, toda la costa y
la dejarán como una raspa de sardina. Después la enterrarán, eructarán, venderán
y se irán. Pero lo que ocurre con Delphi no se puede entender si no nos fijamos
en lo que ocurre a gran escala.
Según las fundaciones americanas que fundan la
opinión pública, el libre mercado es el summum de las bondades porque el libre
intercambio entre todas las personas llevará la prosperidad a todas partes. Que
el libre mercado es el que gobierna el mundo es indiscutible, y posiblemente
siempre será así, junto con otros factores. Pero lo que es completamente falso
es que ese libre mercado se dé entre todas las personas. Eso es una patraña de
mundial calibre, porque ese mercado sólo se da entre unos cuantos millones de
personas en todo el mundo que tienen el capital y los medios para comprar esa
libertad. Este mundo está gobernado por la libertad económica de unos pocos
ricos, que por supuesto subyugan a la política, porque entre otras cosas en
ninguna parte del mundo hay auténtica democracia.
Las consecuencias de todo esto son inmediatas.
Para los que no podemos pagar para entrar en el libre comercio, sólo nos queda
el comercio esclavo, o sea, convertirnos nosotros en mercancías. Eso es lo que
somos, mercancías cuyo valor viene fijado por nuestra capacidad de consumir lo
que los seres humanos superiores, los del club del libre comercio, producen. Si
usted, viandante medio, perteneciente al proletario club de la mercancía humana,
al comercio esclavo, ni siquiera tiene capacidad para consumir, usted, siento
decirlo, no existe.
Pero no existe no porque lo diga yo. Lo peor es
que lo dice usted mismo. Usted se cree que no existe porque no puede comprar
ciertos artículos o servicios que le dan el rango de existencia. Lo que está
ocurriendo en el mundo es un inmenso síndrome de Estocolmo donde los millones de
secuestrados han creado tal grado de dependencia con el secuestrador y sus
medios (caja tonta, et caetera) que en cierta forma alaba sus formas y rinde
culto a las caderas de la Coca-Cola.
El mercado nos acompañará siempre o al menos un
largo trecho, pero el mercado debería tener el tamaño humano. El hombre como
medida de todas la cosas. Ahora, los integrantes del libre comercio, y gracias a
las extensiones de sus miembros (piernas, brazos, ojos, pene, clítoris) que le
ofrecen las nuevas tecnologías juegan al mercadillo con los demás hombres libres
en el escenario del mundo, siendo nosotros la mercancía.
Lo de Delphi se veía venir y lo peor es que se ven
venir otras empresas. Delphi está en España porque la mano de obra le sale más
barata; si encuentra otro sitio donde encontrar mano de obra cualificada y más
barata, huiría apelando a la libertad de mercado, sorprendiéndose incluso al oir
que la mercancía humana proteste. España, donde las hipotecas siguen subiendo,
por lo que los salarios deberían subir para no quedarse demasiado atrás, es un
campo abonado para la huida masiva del hombre libre.
No sé que pasará, si la solución pasa por un plan
de prejubilaciones, las mercancías a stock, si, ojalá, siguen las cosas como
antes de esta crisis, o si, quién sabe, los americanos dejan la empresa en manos
de los trabajadores. Quizás esta crisis sirva para crecer, como todas las
crisis. Las que no sirven para eso, no son crisis, son simplemente los espasmos
de la muerte. Pero esta Cádiz reaccionará, aunque haya que hacer tirabuzones
durante algún tiempo con los cascotes militares de Rota.
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