|

Hablaré de una de las personas más lúcidas e
íntegras que conozco.
Se llama Antonio García Trevijano y es andaluz de
Córdoba, figura de primer orden en este país de escasa memoria que sólo recupera
memorias en periodos electorales. Si vamos a recuperar memorias, que se
recuperen todas, pero amárrense los machos el babeante rebaño, porque en
ese mirar atrás siempre se corre el peligro de toparse con una persona íntegra,
con honor, y que con argumentos, desbarate todos los intentos de construir toda
una teoría a posteriori para justificar traiciones y cobardías.
El caso de Antonio García Trevijano es, por lo que
he estudiado su figura, un caso paradigmático. Este hombre, orador excepcional,
culto, erudito flexible con varios niveles de aprendizaje, parece haber guardado
dentro de sí la clave para entender lo que realmente se perpetró durante la
transición.
En primer lugar diré que este abogado, notario,
fue el fundador de la llamada Junta Democrática de España, encargada de
coordinar a todos los partidos políticos para negociar con los poderes del
franquismo. Pues bien, esta Junta, con Trevijano a la cabeza, tenía como
objetivo primordial el promover la opción de la ruptura democrática con el
anterior Régimen, ruptura que se concretaba con la consulta al pueblo español
sobre sus preferencias en la forma del Estado, Monarquía o República y que
apostaba, en todo caso, por un sistema electoral de tipo mayoritario y no de
tipo proporcional como el que tenemos.
García Trevijano, asesor personal de D. Juan de
Borbón, y del que consiguió la promesa de que el pueblo español sería consultado
sobre estas importantes cuestiones, fue apartado, encarcelado por Fraga Iribarne
durante cuatro meses porque sus ideas no convenían para el correcto curso
de los acontecimientos.
Trevijano lo deja bien claro, tanto entonces – el
programa La Clave, concretamente Las 500 claves de la transición debería
ser estudiado en toda facultad que se precie – como ahora: en este país no hay
democracia.
Y no hay democracia por dos motivos: el pueblo no
elige directamente a sus representantes (como si lo hacen en el sistema
electoral norteamericano, hay que reconocerlo) y en este país no hay separación
de poderes.
Lo que hay es pura y simplemente una oligarquía de
partidos, una partitocracia que han pasado a formar parte del propio Estado,
subvencionados por él, todo un escándalo cuando estos partidos deberían nacer de
abajo arriba, estar al lado de la sociedad civil. Se pasó del Estado de un
partido, el Estado de Partido del franquismo, al Estado de Partidos que vivimos
actualmente, por eso tanta gente que vivió el franquismo percibe que las cosas
no han cambiado tanto, por no decir nada.
Cuenta Trevijano como Felipe González, con su PSOE
ramplón, fue el primero en abandonar las tesis de la Junta Democrática para
echarse en manos de los poderes franquistas y tomar una posición de ventaja en
la oligarquía – gobierno de unos pocos – que se estaba gestando. Pero todos
entraron por el aro, por la ventanilla, hasta el mismísimo Partido Comunista.
Así todos, en esta oligarquía, y mediante el sistema electoral proporcional,
tendrían una tajada del Estado proporcional a los votos, todos, incluso los
menos votados a los que también se les pagaría y se les incluiría en el aparato
estatal. En resumen, todos quedaron fascinados por las alfombras y los coches
oficiales y vendieron al pueblo por un plato de lentejas, plato de lentejas
suficiente para asegurar la prosperidad económica e influencial de esta
aberrante clase social, la clase política.
Llama Trevijano a la época de Felipe González, el
neofranquismo, nombre con el que describe muy bien la situación. Por supuesto,
todas las demás épocas (Suárez – que fue jefe de Falange, Aznar y el actual
Zapatero) son en esencia neofranquismo. No por similitud ideológica de cada uno
de los partidos, sino porque se encuentran inmersos en una estructura que
homologa cualquier diferencia entre ellos. Y esa estructura es la oligarquía de
partidos, una oligarquía que necesita de la presencia de una referencia superior
que los arbitre, un moderador que ponga paz en la reunión y que recuerde los
amplios beneficios de la situación oligárquica, en estrecha colaboración con los
poderes económicos del país, principalmente la Banca. Esta figura de referencia,
este jefe de la banda oligárquica es el Rey.
En este país no hay democracia porque democracia
es el paso siguiente a la oligarquía, secuencia ya conocida desde la antigua
Grecia. La democracia sólo llegará a este país cuando el régimen político cambie
a la república, haya auténtica separación de poderes y el sistema electoral sea
de tipo mayoritario, donde en cada pequeño distrito se vote a la persona
conocida para formar el poder legislativo, los diputados, y a la vez un sistema
presidencialista para votar al presidente de la república.
Unos pensarán que cómo es posible que los hombros
de este hombre hayan portado durante todo este tiempo esta verdad prístina y
contundente, de gran importancia, una verdad ninguneada por los actuales
partidos políticos y los principales medios de comunicación. Yo les diré cómo:
la verdad sostiene al hombre libre, que aunque acosado por el oportunismo y por
la injuria, parecerá resistir como un titán ante la furia de los elementos.
Pero no hay titanes cómo tampoco había gigantes
delante de Don Quijote. Sólo hay hombres, hombres libres, que por definición
aguantarán los envites de los elementos, que, desde la perspectiva de la
libertad de pensamiento, no son temibles porque no son más que las babas
rezumantes del rebaño. Para estos hombres, suponer su heroicidad es un insulto
ante tan poca cosa.
Asi pues, alegres conciudadanos, les animo a
visitar
www.antoniogarciatrevijano.com y a ver los esclarecedores videos de La Clave
http://video.google.es/videosearch?q=trevijano, para que comprendan
por qué les pido ahora la abstención consciente en las próximas elecciones
municipales como medio para promover la instauración de la III República en este
país.
ARTÍCULOS ANTERIORES
|