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 ALCARAJO: EL MORO SABIO

La edad de oro de la polla

  FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

 (Escritor e Ingeniero Técnico de Telecomunicación)

zaratustra_fjag@hotmail.com

 

FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

Por si no lo han notado, hace un frío del carajo. Y mas aquí, en esta celda de Puerto II, lugar en el que resido últimamente desde que fui apresado - en pleno acto de hurto, con un gorro, ropas amplias y un saco, aprovechando la tradición conocida como Papá Noel – por la fuerza por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Doy fe de la total conveniencia de esta retahíla de términos, porque mientras pululaba amordazado por la comisaría pude ver como las fuerzas se separaban de los cuerpos, almacenándose las primeras en una especie de batería eléctrica y como los cuerpos, inertes, eran apilados en regulares montículos por funcionarios albinos...

 

Esta noche, a la hora de la sopa y motín de pacotilla, protagonizado por un niñato carca, nos han puesto una película. Salía Al Gore, el que fuera vicepresidente con Clinton y el que perdiera contra el tejano Bush. Protestitas varias hubo en la sala al comprobar que no era una película gore, sino que salía el tal Al Gore. Peleas, bandejas voladoras, comisiones bancarias, típica sobremesa carcelaria.

 

La película se llamaba Una verdad incómoda, y es un estudio-documental sobre el calentamiento global. Nada de monjas ninfómanas y de afortunado jardinero, nada de convento ardiente, nada de tocata y fuga de Bach. El calentamiento global se refiere a los cambios que se vienen produciendo en el clima, o sea, el desencadenante principal del cambio climático.

 

El documental es bastante claro y contundente: la cosa está muy mala. Sálvese quien pueda, que diría un político de los años 90 con respecto a las generaciones futuras, y al agua patos. Quizás convendría invertir en barcos como segunda vivienda – voy a montar una inmobiliaria- , y más en esta zona tan cercana al mar, ante la posible subida del mar como consecuencia del deshielo de los polos.

 

Pero quizás todo este rollo macabeo del cambio global, del calentamiento clitoriano, no sea más que otro sustito que nos quiere meter algún avezado cuentaeuros. Quizás no sea que otra estrategia de marketing, otra política de inversión, otro buñuelo de viento, en fin, otro eructo de asustaviejas, para el consumo y disfrute de algún determinado servicio o bien manufacturado.

 

Acuérdese el respetable del sustito del efecto 2000 que tanto dinero costó, la gripe aviar que iba a acabar con todos nosotros o el síndrome de las vacas locas, también conocida como la edad de oro de la polla; (por lo visto el género de los pollos criados industrialmente es femenino).

 

Esta noche tengo para leer dos cuentos, uno se llama Biblia y otro Caperucita Roja. El primero creo que es demasiado infantil, habla de un dios que hace a un hombre con barro, y a una mujer con una costilla del hombre. Cuando llegué ahí, cogí el otro.

 

No voy a decir quienes son realmente los Reyes Magos. Son los Padres, son los Padres de la Iglesia los que instituyeron ese dogma y los que me amenazaban veladamente con la excomunión si revelo el secreto. Pero si voy a puntualizar, en esta línea de triturador barato de mitos infantiles y de rebajas del 50% sin sobreprecio anterior, que el cuento conocido como Caperucita Roja tiene un velado contenido sexual, refiriéndose entre otras cosas al clítoris.

 

Y el lobo del cuento - ¡qué boca más grande tienes¡, decía Caperucita... - es el mismo lobo de ese otro cuento del pastor que para divertirse atemorizaba al pueblo avisando ¡qué viene el lobo¡ ¡qué viene el lobo¡. Al final la gente ya estaba acostumbrada a sus sustitos y estrategias comerciales, y cuando llegó el lobo de verdad, que bien pudiera ser en este caso una subida del mar de dos o tres metros, nadie fue a rescatarlo. A mí me da igual, lo de Papa Noel fue totalmente premeditado: comprobé previamente que Puerto II está en lo alto de un monte.


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