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Ayer, mientras compraba un kilo de tomates en
Metadona, tuve una revelación divina. Dos pajes medievales tronaban el aire con
sendas doradas trompetas mientras el director comercial del establecimiento
danzaba por los labentirescos pasillos ataviado con un tutú. Allí, entre el
pesebre para la cebolla china y la cunita donde reposaba el tomate canario, tomé
conciencia de clase: yo era un no-logis.
Y fue entonces cuando bajó del cielo el mismísimo
Yahvé a darme la Llave de la estructura social, de la nueva división de clases.
¡Cómo han cambiado los tiempos, Yahvé, le dije al ver el disco compacto que me
extendía! El pobre Moisés tuvo que cargar con dos grandes tablas de piedra, así
que no podía quejarme. Vi a Yahvé modernizado y socialdemócrata y ya no parecía
emplear esa jerga tan canalla del ojo por ojo y diente por diente de sus tiempos
en los arrabales mesopotámicos. Ahora era “políticamente correcto”, me confesó
entre risas y con la confianza que dan dos copas al coleto. Estaba incluso
pensando en aparecerse a algún perdido pueblo de folladores de camellos u otros
cuadrúpedos y darles a entender que eran “el pueblo elegido”. Mientras decía eso
una satánica risa salió de su divina boca. Sí, él también se había hecho
neoliberal y quería aprovechar la globalización, llevar el trabajo duro de los
judíos y cristianos a alguna pobre congregación con ínfulas de eternidad.
Aquel formato digital contenía pocas palabras,
apenas unas frases en el puro estilo cafre y cutre del peor Yahvé, sediento de
sangre de cabritillo y tocador de la bolsa escrotal del santo Job. Hay que ver
la chulería que se gastaba este dios.
La cosa era simple: la clase dirigente era llamada
logis, por poseer la propiedad de los grandes medios logísticos y de
transporte. No es la propiedad de los medios de producción sino de la logística
lo que otorga ahora el poder.
Después están los otros, la práctica totalidad de
la humanidad, los no logis, los que no poseen logística alguna, los
sedentarios de la tierra, los desarrapados e hipotecados, los democráticos
buenos.
Curiosamente no logis se parece
sospechosamente a No Logo, el libro de Naomi Klein en el que cargaba contra la
mitología de las grandes marcas, un hito en la estupidez humana. Cabreadito
estaba Yahvé al comprobar que parte de su divinidad había sido transvasada a las
etiquetas cocodrilescas o polescas cosidas con ahínco en grandes talleres
asiáticos por salarios de miseria. Hay que ver los dioses que se inventan el
mono loco, el tal Yahvé, un cocodrilo verde, un tío jugando al polo.
Los logis son los grandes ricos que supieron ver
dónde estaba el espíritu de los tiempos: en la logística. Dominan el mundo y
alaban lógicamente a organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional o la OMC que son tasquitas y lupanares para los logis.
Hay dos clases de no logis. Una primera
división estaría formada por los tecnos y los no tecnos. Es fácil
imaginar que lo que los diferencia es el uso y conocimiento de las nuevas
tecnologías, o en su defecto la propiedad de nueva tecnología avanzada aunque no
se sepa encender un ordenador.
Los no tecnos, auténtica legión, mayoría
absoluta, sólo tienen vida propia desde las alturas logísticas si tienen
capacidad de respirar o no, esto es de consumir. Si no consumen son simple carne
animada sin la bendición del rijoso Yahvé. Bueno es el Yahvé, Él sólo quiere
gente pudiente, propietaria del tierno cabrito. Si no se posee el cabrito,
entonces es justo que se autosacrifiquen y que su sangre sirva como lubricante
para los relucientes émbolos de los grandes medios logísticos.
Los tecnos se dividen también en dos
grupos, los media y los no media. Los media son una clase
privilegiada que trabaja en los grandes medios de comunicación y que tiene el
poder de decisión en ellos, que cuentan con el compadreo de la mitológica
subclase política. Son un grupo selecto y muy escaso. Esta clase, los tecnos
media están en una habitación contigua adonde habitan los Logis, muy cerca
de la divinidad.
Y la clase anteriormente llamada “política”, ese
grupo de personas salidas de unos procesos llamados “elecciones democráticas”,
son asimismo representantes de la clase tecnos media, también comunican,
se han fusionado en los últimos años con el llamado cuarto poder, son hermanos
de sangre de la clase dirigente de los medios de comunicación; para los logis,
políticos y grandes periodistas son lo mismo, una compañía de teatro ambulante
muy divertida que representa una gran función, que hace mucho ruido y que
protege a la clase logis de las simas de la plebe.
No hay más, sólo logis y no logis (tecnos (media y
no media) y no tecnos). Yo soy un no logis, tomé conciencia de clase
mientras compraba un kilo de tomate en Metadona.
Me pregunto cuál de todas esas subclases tendría
la capacidad de enfrentarse con los logis y con qué armas.
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