|

China
crece y crece y ya roza la chistera del Tío Sam. Las verdades esenciales, como
ésta, económica y sexual, son las que después se esconden entre telediarios,
canapés y guerras preventivas. La lucha por los mercados, dejar o intentar dejar
atrás al enemigo que me quita los negocios.
China
y toda la zona del Pacífico cabalgan hacia la supremacía mundial.
La
administración norteamericana y su eje del mal, empleando también la palabrita
empleada para referirse a los nazis y sus aliados, no hacen otra cosa que
cosquillear al gigante chino: Irak, Irán, y sobre todo Corea del Norte y
Afganistán, ambos con fronteras con China. Pero a China no hay arrestos para
meterla en el eje del mal, aunque nominalmente y según el éxtasis cafetil y
cocainómano de la Casablanca, bien podría estarlo. A todo lo más, quieren
meterla, para controlarla de alguna forma, en la Organización Mundial del
Comercio (OMC). Pero, ¿quién controla a una fiera tan lujuriosa? Si China entra
en la OMC es el fin de la OMC y el comercio financiero con sede en Wall Street.
Hay
nervios en el anterior imperio, Estados Unidos, y se están produciendo
movimientos reveladores, como la ingente inmersión de China en zonas
habitualmente defenestradas por el Occidente anglodominante: Sudamérica y sobre
todo África. África, el territorio esquilmado por Occidente es ahora esquilmado
por China, quizás incluso a un ritmo superior, porque, puede haber alguna alma
cándida que piense que China viene a nosotros para traernos el Feng Shui, el Tai
Chi o el oscuro concepto Chi Chi. Coño, no, vienen aquí para dominarnos y para
azotarnos con una alpargata sucia. Así pues, se aleja el amo americano y viene
el amo chino, quizás peor que el otro.
De
todas formas, poco se puede hacer. Ese alegre parloteo de nada sirve, sólo
quizás para avisar de la conveniencia de irse poniendo pinzas en los laterales
de los ojos y aprender chino mandarín.
ARTÍCULOS ANTERIORES
|