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 ALCARAJO: EL MORO SABIO

Delirios de la razón

  FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

 (Escritor e Ingeniero Técnico de Telecomunicación)

zaratustra_fjag@hotmail.com

 

FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

El mono loco a veces tiene cosas que me hacen sonreír. Es en esas ocasiones cuando me cuelgo de mi rabo prensil en rama cercana a aplaudir con fruición. Que conste que yo una vez también fui ciudadano y creía en la infabilidad del Papa, pero ayer me miré en el espejo, reconocí mi naturaleza mamífera, palpé mi cuerpo lleno por momentos de vello y salí a la calle enfundado en democrático y racional traje, dispuesto a mamar ubres.

 

A veces me entran ganas de aporrear cráneos con un hueso y lanzarlo al aire posteriormente, a la manera del mono de 2001:Una odisea en el espacio. Sin embargo, el código penal impide a un mamífero de a pie hacer tal cosa, sólo está reservado para los monstruos de la razón: el estado y la iglesia. Son los delirios de la razón del mono loco que se cree especial, que se cree que su mierda huele mejor que la del chimpancé o la del homo bushing.

 

Yo, perteneciente a la tribu de los hombres invisibles, http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1113.html, reivindico el retorno a la tribu y al mito en aquellos aspectos que nuestro cerebro no pueda comprender del todo, pero que al menos nos integre en él, y no nos aparte de nuestra vida y busque la solución en el más allá.

 

Jesús de Nazaret no existió históricamente, es un mito que tiene miles de años, diez mil o más, reflejado en multitud de antiguos dioses paganos que no eran otra cosa que una explicación de fenómenos naturales que no se entendían bien y que causaban admiración, reverencia, miedo y pavor. Entonces, es bueno recordarlo, no existía la televisión, esa droga mala que eleva la conciencia hasta el nivel de escarabajo de la patata, sólo existía la realidad, riguroso directo sin posibilidad de postproducción ni maquillaje.

El paso del paganismo al cristianismo en esta parte del globo es una de las grandes tragedias del género monil, que lo ha empujado a la esquizofrenia y a empujar trozos de madera por las calles. También la aglomeración en las grandes ciudades, motivada por una economía que yo calificaría de humana o algo peor, llevó al cretinismo y a la esclavitud a las masas. El humano común fue integrado en un sistema demoníaco de trabajo en el que él sólo entendía una parte y no el todo, en el que sólo se le requería porque su sangre era el aceite para la maquinaria. Es la esclavitud, la rendición a un dios único y a sus intermediarios. El sentido de las cosas, hacer que todo tenga un sentido, es ahora sólo dominio de las altas esferas y las grandes carteras, la única tribu existente durante mucho tiempo.

 

El estado y la iglesia son los delirios de la razón, una enfermedad de las clases bajas y medias que han permitido la existencia de esta única tribu mundial, totalmente pagana y libre, que toma cocktails de sangre y baños de sudor.

 

La razón tiende a hacer que la verdad sea exterior a nosotros, hace que la verdad sea objetiva. Y no lo es, aunque si exista una ética objetiva, una ética mundial totalmente objetiva. Pero esta objetividad universal es el sudor común de lo subjetivo.

 

Ahora tanto la religión como la ciencia son objetivas, aunque una parte de la religión se diga que es subjetiva o propia del individuo. Con la autoridad que me da el haber cazado ayer para mi tribu una vaca de los prados absurdamente mansa, digo que la religión actual se transformará, desaparecerá, en una ética objetiva y que la ciencia se hará subjetiva.


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