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El mono loco a veces tiene cosas que me hacen
sonreír. Es en esas ocasiones cuando me cuelgo de mi rabo prensil en rama
cercana a aplaudir con fruición. Que conste que yo una vez también fui ciudadano
y creía en la infabilidad del Papa, pero ayer me miré en el espejo, reconocí mi
naturaleza mamífera, palpé mi cuerpo lleno por momentos de vello y salí a la
calle enfundado en democrático y racional traje, dispuesto a mamar ubres.
A veces me entran ganas de aporrear cráneos con un
hueso y lanzarlo al aire posteriormente, a la manera del mono de 2001:Una odisea
en el espacio. Sin embargo, el código penal impide a un mamífero de a pie hacer
tal cosa, sólo está reservado para los monstruos de la razón: el estado y la
iglesia. Son los delirios de la razón del mono loco que se cree especial, que se
cree que su mierda huele mejor que la del chimpancé o la del homo bushing.
Yo, perteneciente a la tribu de los hombres
invisibles,
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1113.html, reivindico el
retorno a la tribu y al mito en aquellos aspectos que nuestro cerebro no pueda
comprender del todo, pero que al menos nos integre en él, y no nos aparte de
nuestra vida y busque la solución en el más allá.
Jesús de Nazaret no existió históricamente, es un
mito que tiene miles de años, diez mil o más, reflejado en multitud de antiguos
dioses paganos que no eran otra cosa que una explicación de fenómenos naturales
que no se entendían bien y que causaban admiración, reverencia, miedo y pavor.
Entonces, es bueno recordarlo, no existía la televisión, esa droga mala que
eleva la conciencia hasta el nivel de escarabajo de la patata, sólo existía la
realidad, riguroso directo sin posibilidad de postproducción ni maquillaje.
El paso del paganismo al cristianismo en esta
parte del globo es una de las grandes tragedias del género monil, que lo ha
empujado a la esquizofrenia y a empujar trozos de madera por las calles. También
la aglomeración en las grandes ciudades, motivada por una economía que yo
calificaría de humana o algo peor, llevó al cretinismo y a la esclavitud a las
masas. El humano común fue integrado en un sistema demoníaco de trabajo en el
que él sólo entendía una parte y no el todo, en el que sólo se le requería
porque su sangre era el aceite para la maquinaria. Es la esclavitud, la
rendición a un dios único y a sus intermediarios. El sentido de las cosas, hacer
que todo tenga un sentido, es ahora sólo dominio de las altas esferas y las
grandes carteras, la única tribu existente durante mucho tiempo.
El estado y la iglesia son los delirios de la
razón, una enfermedad de las clases bajas y medias que han permitido la
existencia de esta única tribu mundial, totalmente pagana y libre, que toma
cocktails de sangre y baños de sudor.
La razón tiende a hacer que la verdad sea exterior
a nosotros, hace que la verdad sea objetiva. Y no lo es, aunque si exista una
ética objetiva, una ética mundial totalmente objetiva. Pero esta objetividad
universal es el sudor común de lo subjetivo.
Ahora tanto la religión como la ciencia son objetivas, aunque una
parte de la religión se diga que es subjetiva o propia del individuo. Con la
autoridad que me da el haber cazado ayer para mi tribu una vaca de los prados
absurdamente mansa, digo que la religión actual se transformará, desaparecerá,
en una ética objetiva y que la ciencia se hará subjetiva.
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