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 ALCARAJO: EL MORO SABIO

La cebolla

  FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

 (Escritor e Ingeniero Técnico de Telecomunicación)

zaratustra_fjag@hotmail.com

 

FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

Es la gilipollez el aglutinante social, el engrudo y el cemento que mantiene pegado al babeante rebaño. Pegados los cuartos traseros se avanza hacia el credo del cretinismo. Ya lo dijo Torrebruno (Torr, 4, 2): la vida es una cebolla.

 

La primera capa, la más dura, de baba seca al sol, es la gilipollez. Esta gilipollez es la base de todo sistema jerárquico que se escape el dominio directo de las armas y de la guardia de corps. Ahora el ejército es la televisión que neutraliza cualquier intento de pensamiento crítico o de revuelta en la sociedad, más allá de los lógicos (y estudiados) empujones en la apertura de las rebajas en El Corte Inglés de Madrid o de alguna manifestación partidista.

 

También hay manifestaciones libres, luchas heroicas, actos brutalmente manipulados por el giro de una cámara o el añadido o suprimido del audio. He visto varias veces como se explicaban unos aplausos o unos abucheos en sentido completamente contrario a su intención original.

 

Así pues, es normal no resistirse a la gilipollez, no deslizarse sin freno por la superficie suave de la cebolla sin penetrarla y sólo empapándose del vaho cenutrio y muy cómico del mundo extracebollil.

 

Durante años fui un gilipollas, educado y educativo, y aunque me picaba el carajo, aplaudía como una foca, jugaba con nivea balón. Sólo actos extraños me hicieron dudar. Mosca cojonera picó la cebolla y dejó salir un penetrante perfume de envidia; bajo la gilipollez habitaba la gruesa capa de la envidia.

 

La envidia no está tan bien vista socialmente como la gilipollez. Por eso la gilipollez es el hábitat común del mamífero hablador occidental. Los más avispados – la avispa es la que pica la primera capa y se alimenta de la envidia – usan la gilipollez como capa austrohúngara para esconder intenciones. Irrespirable ambiente; lo peor: descubrir algún día que como en el relato de Kafka, un amigo tuyo es una avispa.

 

Estructuras tambaleantes, se cae el teatral tingladito.

 

Pasada la envidiosa capa, se penetra fácilmente en la capa de la ostentación y de actor forzado, sobreactuado. Lista de posesiones materiales, el coche y la casa. Se tiene hambre de mundo, gula de posesiones. Tedio y escoba anal.

 

Esta es una capa falsa o no tan importante. Lo que realmente se envidia es la lujuria. De pecado en pecado. Es más, los pecados se llaman capitales porque tienen la capacidad de generar otros pecados, cualquiera de ellos se puede llevar a los otros, existen puentes desde cualquiera de los siete a los otro siete, aunque cada época, sistema educativo y canal televisivo tengan una estructura pecaminosa propia.

 

Pero claro, un pequeño detalle, el pecado no existe. Lo que se llama pecado es el exceso que lleva a la inestabilidad y que te hace rebotar de exceso en exceso como una bola en un futbolín.

 

La pregunta clave es: ¿interesa económica y políticamente el pecado (el exceso)?. Desde luego. El pecado es el fundamento del Estado y de la Iglesia, la pantomima de que sólo el rey – en moto hacia Rota en estos momentos – y el papa son virtuosos, de que están en el centro de la cebolla.

 

Mentira. Brutal falsedad. Tocino de cielo, lomo de ángel, tapón de río.

Hay que ser virtuosos, queridos hermanos (acento sacerdotal); pero la virtud no es la vecina del quinto, deliciosamente ligera de bragas, sino el camino del medio, el equilibrio, el canalillo del tetumen que....

 

No puedo seguir; quería hacer un descenso al fondo de la cebolla como el descenso al infierno de Dante, pero voy por la tercera capa y los ojos me pican y me lloran. Otro día lo intentaré; además no tengo un guía como Dante y tampoco está Beatriz; asi que me quedaré un rato aquí, en algún rincón de la barbacoa tostándome los cojones.

 

En fin, lo dejo, no soy más que un farsante y un pecador. Sigue tú que a mí me da la risa....


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