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 ALCARAJO: EL MORO SABIO

Mierda

  FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

 (Escritor e Ingeniero Técnico de Telecomunicación)

zaratustra_fjag@hotmail.com

 

FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

Nos toman por tontos, por eso hay democracia.

 

Si nos considerasen más listos no habría democracia, eso ténlo por seguro, habría otra cosa muy distinta. En mi libertad de expresión y con la autoridad que me da el barril de vino que me acabo de beber, lo llamaría tribucracia. El gobierno de la tribu.

 

Una aglomeración humana de más tamaño que el de la tribu empieza a oler a peloteo, clientelismo, imbecilidad o subproducto de universidad. Más allá del tamaño de la tribu, o se es tonto o se es un pelota. Conviene recordar en este contexto las palabras del Sr. Lobo, Pulp Fiction, alabado seas: “está bien, pero no empecemos a chuparnos las pollas”.

 

Uniformados y triturados por una educación demoladora, nos martillean los cráneos a diario con noticias de Pernambuco o más allá. El territorio vital del bípedo humano es hasta donde alcanzan sus ojos, el pueblo, la ciudad, la comarca acaso. Pero la televisión y la radio prolongan nuestra vista y nuestro oído más allá de los límites naturales, más allá de la comarca, de Fodro y del simpar Gandalf. Con agujas en ojos y oídos nos conectan a un sistema informativo que nos acerca al cretinismo y a la imbecilidad manifiesta. Como sucios violadores entran en el recinto sagrado de nuestras mentes agitándola, ensuciando el agua limpia, saturándola. El ruido por el ruido, noticias inconexas, miedo permanente, esas son las armas que devastan la mente, esas son las armas que enfrentan a la posible libertad del individuo.

 

Pero no hay nada ahora más difícil que la libertad y que el individuo, aunque el individuo no es más que la persona libre. Nada más y nada menos. Y no hay nada más peligroso para la economía, la publicidad y la falsa democracia actual como un hombre libre, porque para empezar un hombre libre no toleraría un gobierno. Ni de derechas, ni de izquierdas ni de centro ni para adentro. Habría funcionarios encargados del papeleo o un sistema informático, pero un gobierno a nivel nacional es un disparate y dicho a las claras, una alta traición.

 

No se puede dejar en manos de unos cuantos arribistas – que son todos unos pelotas, unos cantos rodados con bocas de muñeca hinchable - el gobierno de un país. ¿Pero qué disparate es ese?

 

Ahora que se habla tanto de la asignatura de religión o de ciudadanía, pensemos en este asunto. Esta asignatura – la de ciudadanía o convivencia – debería ser un eje vital de todo el sistema educativo: enseñar deberes y no sólo derechos, porque la recompensa a la aplicación de estos deberes es la responsabilidad personal que lleva a la libertad, y eso es condición previa e indispensalbe para la auténtica democracia y poniéndonos ñoños, también para la felicidad. Nadie hay más esclavo que el que está pendiente de la sopa boba: da su voto, su tiempo y su vida a cambio de la legumbre.

 

Pero la conquista de la libertad es personal, difícil, en estos tiempos audiovisuales casi tarea heroica. Para eso hay que desenchufarse del ruido y del potro de tortura al que estamos encadenados por ojos y oídos y empezar a escucharnos a nosotros mismos. Esa debería ser la cadena más vista y más oída.

 

Nos roban la realidad y el dinero. Nos hacen comprar buñuelos de viento, tapones del río. Nos hacen votar a Acebes, nos hacen reír las gracias del delincuente. A la gente que está fuera de la realidad se la llama loca.

 

Una vez de noche, creyéndome loco o idealista, puse el telediario.

 

Imágenes de Venezuela, del fallido golpe de estado. Una mujer bajaba de los suburbios llorando mientras preguntaba a la cámara: nos toman por tontos, se burlan de nuestra pobreza. En esos momentos, el supuesto payaso integral Hugo Chávez cavilaba el supuesto matarile junto a católito curita en una pequeña isla del Caribe, allí donde le llevaron secuestrado. También en esos momentos, en tapizada sala, pequeño patrón de la patronal se erigía como nuevo presidente de Venezuela a la vez que resonaba los aplausos de sudoroso clero y anal mulata pija. (Nótese, oh yeah, mi influencia inglesa al poner los adjetivos delante). Poco después el enclave presidencial, cónclave de la mentira, vórtice de la infamia, era rodeado de la chusma, la gleba, ojalá yo, que exigía a gritos el fin de la parodia. Relajamiento anal, carreras, semidesmayos no sostenidos por la cocaína, risas nerviosas del eunuco – experto en eventos – que organizaba la pantomima. La gorda del sombrero tiro el sombrero, qué es esto, adónde vamos a llegar...

 

Esta democracia es una puta mierda porque nosotros estamos tontos. Aquí el volumen de las televisiones y las radios nos impiden ver la verdad y la nitidez, la carne cruda, el olor de la mierda. Somos sepulcros blanqueados envueltos en papel publicitario y bañados en channel, y por eso no vemos al coco. Pero yo quiero la mierda, viva la mierda.

 

Voy a fundar un partido, el PM, Partido de la Mierda, que irá arrojando vacunas majadas a la cara del contribuyente para que huela la realidad.

 

Nos toman por tontos y se burlan de nuestra pobreza.


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