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 ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA ahora es ALCARAJO: EL MORO SABIO

Luna de Valencia

  FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

 (Escritor e Ingeniero Técnico de Telecomunicación)

zaratustra_fjag@hotmail.com

 

FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

Si hubiera vivido en los tiempos de la Valencia amurallada, más de una noche habría dormido al raso protegiéndome del relente en alguna oquedad de la muralla. De los que se les olvidaba la hora del cierre de las murallas, se decía que se habían quedado mirando la luna de Valencia. Quizás habría pensado para que sirviesen realmente las murallas, para que no entrara el invasor o para crear un micromundo interior donde el rey es el rey y el bufón el bufón. Las fronteras, las condiciones de contorno, el borde de la bañera es la que crea las olas que definen a una sociedad, unos arriba, otros abajo tragando tierra. Yo hubiera socavado noche tras noche la arenisca de la muralla con una cuchara de madera, con mi apéndice nasal o con cualquier otra protuberancia corporal previa leve friega, para crear las condiciones necesarias para el desquiciamiento del rey y del orondo ministro, mamada split, hubiera favorecido el estraperlo y el contrabando, cual zahorí con palito en ristre hubiera apoyado el cumplimiento estricto de las leyes urbanísticas, aún a costa de influir en la inestable salud mental del principito de turno y su palacete. Hubiera reivindicado el cumplimiento de las leyes fundamentales de la constitución de turno, como la de condición de un trabajo y vivienda digna. Con mi palito, con mi nariz, con mi cuchara, con mi friega, me hubiera divertido buscándole las costillas a la muralla, buscando los resortes adecuados donde salta la liebre, donde el rey abandona de forma abrupta el francés protocolo y la diplomacia harvard para sacar la caballería a la calle. Emboscado en la muralla, tocando los cojones hasta el final. Mirando a la Luna de Valencia.

 

Con un leve espejito me hubiera comunicado con mi buen amigo Benedicto XIII, el Papa Luna, Luna de Valencia, el antipapa, allá en el promontorio de Peñíscola. Recordemos, oh hermanos, la sin par historia de este simpático personaje. Elegido democráticamente por el cónclave del año de la polca, fue invitado a abandonar su cargo bajo pena del degüello por parte de la masa cobarde que quería un Papa voluble y moldeable a los intereses políticos y económicos, fácilmente controlable mediante el método de la mamada split, puta de lujo. Como a todos los papas, al antipapa le gustaba que se la chupasen, pero prefería la fogosa campesina libre al teledirigido coño. Al final los intereses ganaron como no podía ser de otra manera, pero el Papa Luna le hizo un desgarro a la virgen Iglesia Católica y se llevo el papado a territorios valencianos, subiéndose a la roca de Peñíscola y esperando al enemigo que con ademanes de eunuco francés no tardaría en llegar. Efectivamente, desde Roma enviaron a un envenenador al que le dieron por ahí. El Papa Luna aguantó el tirón y un bledo importó Roma.

 

Hay quien dice que después del Papa Luna toda una serie de papas siguieron con su legado de tocamiento escrotal a Roma. Se dice que en estos días existe el mítico, bohemio-soñador, Benedicto XL, que podría aprovechar su nombre para vender camisetas y cubreescrotos.

 

Hubiera estado bien que en su reciente visita a Valencia, el Papa Benedicto XVI se hubiera encontrado con el papa Benedicto XL, subidos los dos a sendos papamóviles, enfrentándose quizás a singular carrera de bólidos por las calles valencianas en enconada tarea de reclutar almas, todo bajo la mirada pasmada de Zaplana y la señora alcaldesa. Hubiera sido un gran golpe de efecto publicitario, una buen marketing, en realidad en lo que se basan muchas de las religiones organizadas. Ley de la oferta y la demanda también.

 

Existe una gran falacia en toda revolución o cambio convulso. No hay que tomar al asalto el Palacio de Invierno o la Bastilla, no hay que estar en el centro donde el rey concentra a todos sus granaderos e hideputas. El vuelco viene como el orgasmo, cuando llevamos un buen rato dando estopa. Como dice Sampedro, el paso de una golondrina por la plaza hace que cambien las condiciones. Eso es lo que los reyes y pinochetistas llevan siglos queriendo hacer ver, que para derrocarlos hay que darles matarile, matar a sus mujeres, violar a sus ganados, sembrar sus campos con sal. No, nada más lejos de la realidad. Concentrémonos en las caricias a las murallas, a las fronteras, a las condiciones de contorno: son los pies de barro de todo sistema. Un pequeño cambio en ellos y provoca hemofilia en el monarca. Así pues, hagamos cosquillas a las murallas, tanto económicas, como políticas o sociales y seamos conscientes que esas cosquillas pueden cambiar el mundo. Pero ojo, que a nadie le quepa duda de que entre risas, enviarán al envenenador. Da igual, en el combate uno a uno, cuerpo a cuerpo, no habrá comparación. No hay virilidad en el bufón real ni en el eunuco pandillero o corporativista.


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