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En
ingeniería existe una función casi mágica, la función delta. Esta función se
introduce en los sistemas a modo de prueba y permite saber gran parte de su
comportamiento. Hoy día gran parte de la información no es tal, sino que la
forman millares de funciones delta, pequeñas provocaciones o globos sonda para
intentar descubrir nuestro comportamiento e intenciones, para ver nuestra
reacción. Gran parte de la mal llamada información lo único que quiere es
información.
No
demos esa satisfacción al enemigo, nuestra fuerza vendrá de la sorpresa, de no
saber por donde le van a llover los palos en caso de ataque. Gran parte de la
libertad reside en saber identificar a los emisores de estas funciones delta e
ignorarlas olímpicamente, toreándolas con maestría. Es más, podremos saber del
enemigo, si nos importa algo, observando lo que quiere saber. El espía espiado.
No destapemos al espía, dejémosle seguir diciendo incoherencias porque detrás de
tanta escoria podremos ver el nerviosismo y las intenciones de la otra parte.
La
única manera de luchar contra el mal es marchar enérgicamente sobre el bien, de
manera clara y directa, sin conspiraciones ni atajos, a cara descubierta. El mal
no es más que el egoísmo y ese egoísmo se traduce muchas veces en la valoración
de una persona en la comparación con las demás. En esas condiciones es
extremadamente fácil caer en la conspiración y la infamia contra la otra persona
que parece avanzar. El egoísmo provoca todos los pecados, que en realidad no son
contra Dios – que no existe de forma independiente de nosotros - sino contra
nosotros mismos. El pecado nacional de este país es la envidia; en vez de
avanzar todos se prefiere avanzar menos con tal de que el otro avance menos que
tú. Lo que le importa a la gente es la diferencia de sueldo con el resto de la
gente, no tanto los sueldos en sí mismos. Si todo el mundo ganará mucho pero
todos igual habría mucho descontento y se perdería el estilo al andar por la
avenida al haber desaparecido la escoba anal de la diferencia monetaria.
La
moderna información quiere en realidad ser una fuerza física, quiere influir en
las costumbres y en los comportamientos. Cuando os aborden por la calle y os
quieran hacer una encuesta no os hagáis los remolones, hablad, hablad pero
mentid como bellacos por mucho que os hipnoticen las tetas de la encuestadora.
Apuntaos a todos los estudios de mercado y a todas las audiencias. Decid sólo la
verdad a quien de verdad vaya con vosotros en el camino, a los demás amabilidad
y educación, pero al enemigo y saboteador de caminos, nada como un estoque
estomacal al pasar junto a él, clavado con elegancia cervantina.
Identificar lo que queréis y seguir tras ello, no escuchando las provocaciones y
los cantos de sirena que en realidad os quieren llevar a las rocas. Quizás
quieran lo mismo que vosotros, quizás la misma mujer, el mismo trabajo o
simplemente quieran saber vuestro comportamiento los domingos por la mañana o
vuestras costumbres de consumo.
Se
dice que al enemigo ni agua; mejor aún, si lo que quiere es agua, darle vino,
otra información distinta a la que pretende y acabará colapsando, cantando como
una gallina clueca y mostrando las debilidades y miedos de la otra parte. Otra
cosa es que os importe un carajo saber de ellas.
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