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 ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

La tregua de los cuatro años

  FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

 (Escritor e Ingeniero Técnico de Telecomunicación)

zaratustra_fjag@hotmail.com

 

FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

Cansado ya del protagonismo de la tregua permanente de ETA me dispongo a recordar otra tregua más importante, más general, más histórica y más antigua: la nuestra, la de los ciudadanos. Esta tregua, cuyos orígenes de remontan casi al nacimiento de los sistemas democráticos, ha pasado a enquistarse y a degenerar en un tumor maligno, porque si bien la democracia es el mejor de los sistemas posibles de gobierno lo que tenemos en la actualidad no merece ser llamado democracia.

 

No es democracia votar cada cuatro años por un partido político que puede o no cumplir su programa o por lo menos se trata de una democracia muy limitada. Viendo la sucesión de corrupciones políticas y los abusos de poder – Marbella lleva treinta años siendo un nido de ladrones – es normal el hartazgo de la población con respecto a todo lo político.

 

Conviene recordar algo fundamental con relación a los políticos: a pesar de lo que puede parecer a veces, son humanos, y cuando digo esto es para recordar que en el lote del político está todo lo bueno y todo lo malo de cada uno de nosotros, por lo que aunque muchas veces repudiemos algunas de sus actuaciones, vanidades, corruptelas, internamente las podemos comprender porque somos básicamente de la misma pasta. Quizás nunca se pueda erradicar la corrupción, el tráfico de influencias, la cadena de favores. Personalmente creo que no, que no se puede, y es que el tráfico de influencia en la política es nuestro amiguismo callejero. Quizás no haya que intentar eliminar la corrupción en la esfera de lo político, sino bajar la corrupción al nivel de la ciudadanía, convirtiéndola en el simple trato de favor a los amigos, en una característica de la amistad. Y es que cuando a las cosas se les cambian sus proporciones pueden pasar de malo a bueno o viceversa. Quizás habría que poner fin a la democracia representativa y pasar a la democracia participativa, literalmente bajar el parlamento al nivel de los ciudadanos, un parlamento distribuido, un organismo vivo de cuarenta millones de células vivas, responsables de sus decisiones, no niños malcriados y protestones, sino dueños de su destino.

 

Aunque el actual proceso de revisión autonómico es una pantomima destinada sólo a abastecer a los políticos nacionalistas o regionalistas, pienso que es un paso necesario, pero es que el actual proceso es sólo una segunda descentralización del Estado, a la que debe seguir una tercera – mayor poder para los Ayuntamientos – y finalmente una cuarta, la más importante, la definitiva – más poder para los ciudadanos, el final de trayecto para la democracia -. La revolución tecnológica lo permite y sin duda llegará el día en que esto sea una realidad, un diputado en cada uno de nosotros – al igual que votamos por quién se va de una casa de lunáticos televisivos, podremos votar por nuestro propio destino -. Pasemos de la adolescencia democrática a la edad adulta, pasemos de votar cada cuatro años a querer votar cada día: en realidad ya lo hacemos parcialmente cuando compramos una cosa u otra pero ni quisiera usamos ese poder.

 

Quizás sea el fin de los partidos tradicionales basados en la democracia representativa. El PSOE fue fundado en Madrid hace más de un siglo por un puñado de tipógrafos y periodistas lo que nos debería hacer reflexionar sobre la relación entre los medios de comunicación dominantes y las formas de gobierno. Desde entonces hasta ahora los medios de comunicación han sido unidireccionales (periódicos, televisión, radio), pero ahora tenemos Internet. El partido del futuro debería ser fundado por informáticos y en el Congreso de los Diputados debería haber solamente servidores de Internet que certifiquen nuestra mayoría de edad. Acabemos con la tregua de los cuatro años y con tantos problemas artificiales provocados tan sólo por la humanidad de los políticos, cosa que no les podemos echar en cara.


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