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Hace escasos días National Geographic hacía
pública la traducción del llamado Evangelio de Judas, en el que otras cosas se
vislumbra que el discípulo preferido de la hipótesis llamada Jesús de Nazareth,
era Judas y no Pedro. Y es que en la batalla de los primeros siglos del
cristianismo, los gnósticos- creían que la salvación se alcanza no por la fe,
sino por el conocimiento- perdieron la guerra teológica frente a los ortodoxos
llegando hasta nuestro días la actual composición del canon evangélico.
Conviene recordar también el Evangelio de Tomás o
el de Felipe, encontrados en Nag-Hammadi, Egipto, hace sólo 60 años, junto con
toda una biblioteca de textos gnósticos. Conviene también recordar que los
derrotados en esa pugna nunca dejaron de intentar mostrar sus ideas al mundo,
resurgiendo a lo largo de los siglos a través de diversas herejías,
convirtiéndose a veces en mártires, como los cataros, a veces en antorchas
humanas, como Miguel Servet o Giordano Bruno.
Como cada año las soporíferas cofradías toman por
asalto las calles andaluzas, asustando a los niños pequeños y haciéndoles creer
que los pasos caminan solos. Mis lomos transportaron durante seis años a un
montón de madera y doy fe de la imposibilidad de que un paso se mueva solo. Para
colmo la llaman Semana Santa, con lo cual se deja entrever que el resto de las
semanas no son santas, siendo además una alarde del masoquismo occidental,
porque, cuando debería ser la Resurrección lo que se debería celebrar con más
ahínco nos regodeamos toda una semana en la Pasión, ¿pasión?, de Jesús, y cuando
por fin le da por resucitar se acaba la sacra semana cuando es cuando debería
empezar. Pero no me paga el clero para diseñar estrategias de marketing
confesional, estudios de mercado o evacuar a nazis a Sudamérica. Yo he venido
aquí a hablar de mi libro.
Con la autoridad que me confiere mi impermanencia
-y mi impertinencia- en este mundo, propongo la creación de la Hermandad del
Santo Hereje. Sus estatutos principales serían la promoción de la vía gnóstica
del cristianismo, coincidente con la vía budista, taoísta, sufí y cabalista.
Desfilarían imágenes de antiguos y modernos herejes y se rescataría el nombre de
antiguos dioses, algunos tan potencialmente jerezanos como Dionisio o Baco.
Habría representaciones teatrales ambulantes, gigantes y cabezudos, antiguos
alcaldes.
Finalmente decir que los miembros de la Hermandad
del Santo Hereje creemos en la vida más allá de la muerte. La vida más allá de
la muerte, el Reino de los Cielos, es mirar a la muerte, es justamente el
reflejo de nuestra mirada que vuelve desde ella, el tramo que va desde la muerte
segura hasta nuestro momento presente. Eso está más allá de la muerte, salvo que
está en el mismo camino de la vida caminando en sentido contrario. La única
resurrección posible es la conciencia de que vamos a morir iluminando el
presente, porque se puede estar muerto en vida. La muerte no es más que un
frontón y un espejo. Por eso, el último paso de la Hermandad del Santo Hereje
será un gran espejo de dos caras avanzando silencioso por las calles.
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