
La
Física Moderna, con las puntas de lanzas de la relatividad y la mecánica
cuántica, ha llegado a la conclusión de que en realidad somos energía. Estamos
inmersos en un campo continuo de energía en donde en determinados puntos ésta
se condensa en diversas formas de organización y distribución y adquiere
carácter de masa y de materia. Somos entonces, y todo lo que nos rodea, pura
energía.
Eso es
algo que todo el mundo conoce, no hace falta ser científico, la cultura
popular lleva décadas teniendo en su seno la fórmula de Einstein en donde se
establece la equivalencia de la masa y la energía.
En
realidad todo se puede ver en términos energéticos: la propia vida, los
procesos de comunicación e información...Existe un grupo cada vez mayor de
científicos y lo que es más importante, de otras áreas del saber, como
psicólogos, biólogos, químicos, sociólogos, que llevan ya tiempo intentando
explicar sus modelos en términos enérgeticos y desde otro punto de vista
distinto al actual dominante: prestan más atención a las relaciones que a las
cosas en sí, es más, muchos creen que las relaciones no sólo condicionan a los
objetos o entidades que ponen en contacto, sino que las definen y hasta las
crean. Mirar las relaciones y no a las cosas, establecer modelos siguiendo
estos criterios son los argumentos de una nueva área de la ciencia que se
denomina “teoría de la complejidad”, “dinámica de redes” o “dinámica no
lineal” entre otros nombres.
Llevo
un tiempo asistiendo a debates donde se discute cuál es la mayor revolución de
nuestro tiempo y he visto como ésta se ha ido posando primero en la
informática y los sistemas digitales en general, después en las
telecomunicaciones, la nanotecnología y finalmente la bioingeniería en
general, con la ingeniería genética y las investigaciones con células madre o
la medicina personalizada como elementos principales.
No creo
que la auténtica revolución venga por ahí; pienso que vendrá de un cambio de
enfoque en nuestra forma de ver las cosas, pienso que vendrá cuando una masa
crítica de gente deje de centrar su mirada exclusivamente en los objetos y vea
los flujos que los sostienen, “la energía” que los conecta al resto de la
realidad.
Cualquier investigación de alto nivel no puede dejar de ser transdisciplinar,
porque los científicos se están dando cuanta que una excesiva especialización
no favorece la creatividad y la inventiva sino que entorpece cualquier avance
significativo. No es bueno crear nichos de nada y menos aún de un área de
conocimiento. La palabra experto me produce una especie de vértigo, ¿experto
en qué?....la sospecha de que sea un analfabeto funcional, fácilmente
manejable por cualquiera es grande. A eso se viene dedicando la Universidad
durante décadas, a formar especialistas que encajen como tornillos en una
maquinaria que se guarda de ver percibida en su totalidad.
Y como
siempre, los extremos se tocan. El neoliberalismo utiliza argumentos que
emanan de la Física Moderna, de la complejidad, de sistemas no lineales, de
relaciones y no de objetos. También ellos están de acuerdo de que todo es
energía, de que la masa y todos los objetos son energía condensada. Sin
embargo hay una pequeña diferencia, un matiz de fondo. Ellos no hablan de
campos electromagnéticos, no hablan de fotones, para ellos la única energía es
el dinero, el capital. Los flujos del capital y sus condensaciones y
concentraciones crean los objetos y también a las personas. Allí donde el
capital no se condense no existe nada. Sencillamente no existe.
Dentro
de unos años tanto la derecha como la nueva izquierda que espero que surga de
la utilización de estos conceptos estarán hablando de las mismas reglas y
conceptos. Las palabras quedarán todavía más vacías, los conceptos serán
todavía más insustanciales, se hablará sólo de energía y de flujos, de
adaptación y flexibilidad. Quizás haya que dejar hablar de derecha e
izquierda, habrá que hablar de capitalistas y de neoanarquistas, aunque
seguramente tendrán otro nombre, quién sabe. Que la energía les acompañe.
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