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En el camino hacia la libertad, pocas cosas tan
útiles como el humor. La risa, como la santa y ligera cogorza, deberían ser
prácticas religiosas en el nuevo credo. La risa no debería ser tomada a risa, ya
que en muchas ocasiones – y esa es su principal virtud – se topará con un lado
trágico inevitable, y es que la risa, el humor, ayudada de las máscaras y
disfraces, aderezada de alcohol, equivale a abrir las compuertas del embalse de
la realidad, a bajar las barreras de nuestro yo mientras se intenta bajar
también la de los demás. Es un proceso iterativo y recíproco en el que se busca
expandirse por entre las fisuras de los esquemas que conforman lo que se espera
de nosotros y lo que se supone que debemos hacer. Sin embargo estos esquemas,
tantas veces, van en contra de nuestro libre albedrío, van en contra de nuestra
realización. Hay gente, instituciones, cofradías varias, que apoyan su
definición exclusivamente en los demás, a los que meten en las definiciones de
sus estatutos como si fueran muletas. ¿Tú quién eres? Yo soy la mujer de Antonio
o yo soy el amigo de Luis.
La bajada de las aguas se hace de forma más
controlada con el humor de por medio, el humor bien entendido y que ayuda a irse
de exploración por los nuevos parajes que dejan descubiertas el retiro de las
aguas, y para eso es condición indispensable reirse para empezar de uno mismo,
nos reímos de nuestras propias barreras mentales para reírnos después de las del
resto del mundo.
Ya con las aguas retiradas, surgirán entre las
algas y el limo las pequeñas o grandes estructuras, fantasmagóricos campanarios,
antiguos caminos, profundas esperanzas en forma de valles, algunas heridas,
insospechados rencores, envidias, amores, pequeñas piedras que forman en la
superficie de la realidad normal de las máscaras de todos los días los diversos
comportamientos.
El viaje hacia el pantano seco debe ser por
definición divertido, retozando en los remolinos de las aguas en movimiento,
pero el caminar por el fondo seco -un grado de extrema lucidez en medio de toda
la algarabía, alcohol y humo – puede ser de tan intensidad, buena o mala, pero
siempre de una realidad hormonal, esquelética y protohistórica, que rápidamente
se debe volver a reir convocando a las aguas para que engullan la infra-estructura.
El risa y el carnaval es un viaje hacia la
realidad y no una evasión de ella como mucha gente se piensa; el humor, por
definición, siempre tiene esa dirección aunque otra cosa es que uno sea un
cobarde y no quiera explorar, no quiera reirse de sí mismo.
Cádiz y su provincia bajan cada año por este
camino de vértigo que siempre produce cosquillas en el vientre. Sí, nos reímos
con ganas de nosotros mismos y del mundo, al que sacamos una radiografía. Feliz
Carnaval y buen viaje.
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