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 ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

Los impostores

  FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

 (Escritor e Ingeniero Técnico de Telecomunicación)

zaratustra_fjag@hotmail.com

 

FRANCISCO ÁLVARO GONZÁLEZ

De Santa Catalina de Alejandría se sabe que fue una mártir cristiana que murió a finales del siglo IV. Se sabe también que desde muy pequeña mostró una sabiduría fuera de lo normal y que era muy elocuente. Las biografías autorizadas por Roma reconocen que son pocos los datos que se saben de ella: eso sí, recriminó al emperador romano de turno por la persecución a los cristianos y batió a todo filósofo pagano que se la pusiera por delante. Finalmente y para mayor gloria de los cielos, murió en martirio en la rueda, que milagrosamente se atascó – y por eso es santo – aunque el atasco no pudo impedir que muriera...

 

Sin embargo existen serias sospechas de la existencia real de Catalina. Es más, existen serias sospechas que toda ella es una invención cristiana para suplantar a otra mártir que provocó hondas repercusiones en su momento: Hypatia de Alejandría, que vivió en las mismas fechas y a la que muchas consideran como la primera mujer científica, de una envergadura comparable a cualquiera de los grandes clásicos como Tolomeo. Pronto se destacó por su sabiduría y elocuencia..., pero tenía unas fuertes convicciones paganas o científicas, una verdadera bruja para Roma que atisbó el sistema solar heliocéntrico y con órbitas elípticas, que avanzó mucho en geometría y en aritmética y que defendió las raíces egipcias de su ciudad, Alejandría, de los fundamentalistas cristianos, cuando para mayor aberración el cristianismo actual es una aberración de las antiguas creencias egipcias.

 

Finalmente Hypatia murió como una mártir, pero no en una rueda, sino a manos de una horda de monjes cristianos que la violaron y le arrancaron la carne de los huesos con piedras afiladas... Así pues, el catolicismo canonizó a un fantasma, Santa Catalina de Alejandría para tapar el recuerdo que durante siglos emanaba de una mártir en Egipto, robándola toda la identidad y dándole completamente la vuelta, en una estrategia similar a cuando se conquistaba una ciudad y se construía un templo de una creencia encima de otro de creencia distinta. Lo mismo se ha hecho a lo largo de la historia con personas.

 

Del apóstol Santiago y de su presencia en España habría que decir otro tanto, ya que el que posiblemente esté enterrado en Santiago de Compostela no sea él, sino Prisciliano, el bendito hereje que pululó por el norte de España en el siglo IV también y que fue decapitado por las hordas papales. Llegó a ser nombrado obispo de Ávila, pero pronto fue desterrado de la Península cuando empezó a proclamar su doctrina de carácter gnóstico. Sin embargo como sus creencias causaron gran arraigo en la chusma, en la gleba, en el pueblo, la élite vaticana mandole cortar el gaznate y que fuera enterrado en un sitio sin determinar del noroeste español, en la región de Galicia.

 

Otra vez para tapar el recuerdo del priscilianismo, que siguió coleando en Galicia dos siglos después refugiándose bajo las faldas de las meigas y en el reducto de los silencios, mandaron al fantasma de Santiago a que recorriera un camino y que muriera por allí.

 

Incluso la romería de la Virgen del Rocío parece ser que es una fiesta superpuesta a otra pagana que existía desde tiempos remotos y que tendría mas que ver con la bienvenida a la primavera y de exaltación de la fertilidad. Jesús Maeso en su novela Tartessos pinta la romería como una bacanal en donde los jóvenes y las vestales buscan el refugio de los matorrales y se saca a procesionar a un gran falo. Quitando este último detalle, tampoco hay tanta diferencia con la actual fiesta, por lo que a pesar de las imposiciones católicas, la esencia se habría colado por los bordes, escondiéndose detrás de las botellas de vino y debajo de los trajes de gitana. Personalmente la única virgen del Rocío que he conocido últimamente es Carmen Ordóñez, coño de almíbar, que disolvía los falsos matrimonios de conveniencia –social, monetaria, pamplineros...- no santificados con la santa jodienda y que se atrevían a pisar los sagrados caminos que llevan al Rocío.


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