
No hace
mucho se rodó en Jerez una película sobre el proceso y todo lo relacionado con
la Mano Negra, la organización clandestina anarquista de finales del siglo XIX.
Todavía hoy día se sigue debatiendo sobre si existió realmente como tal o fue
un concepto creado por la estructura política del momento – algo así como la
actual Al Qaeda, salvando todas las distancias – ante la imposibilidad de
saber lo que estaba pasando y lo que se les venía encima. De hecho debieron
quedar bastante desconcertados ante la masiva afiliación de los campesinos y
braceros andaluces al movimiento obrero y anarquista en particular. Según
algunos datos, de los 60.000 afiliados con los que contaba el anarquismo en
aquellos momentos, 28.000 eran andaluces y sólo 13.000 eran catalanes, a pesar
de que la doctrina llegó antes en el tiempo a Cataluña que a Andalucía. Lo que
ocurrió en Andalucía fue una explosión de conciencia, un quitarse el velo de
la ignorancia de la situación de clases, un velo hasta esos momentos no de
seda, sino más bien de franela. En una Andalucía de señoritos y de caciques,
la toma de conciencia era sólo cuestión de tiempo. Cuando llegó por fin hubo
incontinencias, miedos y desmayos palaciegos.
Flatulencias varias en los cuarteles. Díos mío, qué hacer con tanto
desarropado que grita justicia social. A la Mano Negra la leyenda le adjudicó
muertes de niños, mujeres y ancianos, leyenda negra nunca mejor dicho. ¿Pero
existió realmente la Mano Negra, cuyos documentos fundacionales se encontraron
entre los escombros de una casa en ruinas?....¿Existieron alguna vez armas de
destrucción masiva en Irak?. Tantas preguntas equivalentes y tantos sistemas
equivalentes; estoy cada vez más convencido de que el único estudio de la
Historia es la historia de sus sistemas, con sus atributos y propiedades, con
sus funciones. Fuera las fechas, e incluso fuera los lugares. Sólo los
sistemas que se van modulando a lo largo de los siglos y el papel (o el no
papel) del hombre dentro de esos sistemas.
¿La
Mano Negra?, ¿las armas de destrucción masiva?, ¿la explosión de barcos de
guerra en las bahías de La Habana y de Saigón?... miedo y vértigo da pensar
también en las Torres Gemelas. Todo ello quizá rescoldos, indicios o grandes
embustes sobre los que construir fuertes conceptos y fuertes puntos de apoyo
sobre los que asentar la palanca que cambiará el curso de la historia. La
gente queda conmovida y atrapada por sucesos concretos y el tren de la
historia, como aquel tren de Hendaya ha partido ya hace mucho llevando a unos
pocos que se erigen como protagonistas, la mayoría de las veces mediocres,
dictadores de mesa-camilla como dijo Umbral, incultos, fanfarrones, siempre
sin escrúpulos. La sola visión de la manera de sentarse de George W. Bush me
provoca desconcierto.
La Mano
Negra fue un escarmiento al incipiente movimiento obrero, como opinan muchos
otros. Lo pudieron hacer en Cataluña, donde eran menos pero estaban mejor
organizados y con más solera. Pero no, la que se hubiera armado allí si
hubieran ejecutado a siete anarquistas como en Jerez. Como siempre el sistema
se rompe por el punto más débil, la cabeza de turco y el sambenito le tocó al
campo andaluz.
Muchas
veces incomprendido, muchas veces tildado de callejón sin salida, el
anarquismo ha languidecido durante todo el siglo XX sobreviviendo en reductos
irreductibles, valga la redundancia, cómo los átomos, que tampoco. Paradójica,
irónicamente, es posible que una nueva forma de anarquismo acabe salvando la
crisis de identidad que desde la caída del muro del Berlín se abate sobre la
izquierda. El posible que un nuevo anarquismo sea la ideología del siglo XXI,
doctrina que por otra parte, y siempre paradójicamente, es la que se enseña en
los máster de alta dirección de empresa.
Hoy que
tantas rotondas abonan la geografía de nuestras ciudades, no puedo dejar de
pensar en que el control del sistema ha pasado de una centralidad (semáforo) a
los conductores. El sistema es ahora más anárquico y sin embargo más eficiente
y mejor. ¿Por qué?. Porque se ha reconocido la inteligencia que tiene cada uno
de los conductores, se ha creído en su flexibilidad y adaptación (palabras
tantas veces repetidas en los másteres de 8.000 euros). No nos dejemos engañar
por los lamentos que brotan de las palabras secuestradas.
No sé
si existió como tal la Mano Negra, pero digo: la Mano Negra, hoy más que
nunca, el neoanarquismo, la mayoría de edad del hombre, ¡presente¡
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