
Tratan de domeñarla, de domesticarla, de
encauzarla por el metálico camino, por el camino del oficinista, del
burócrata, del soplagaitas trajeado que se aguanta la ventosidad en singular
reunión. Pero la gripe va a seguir burlándose de todos ellos, va a seguir
mutando año tras año, va a seguir escapándose en libros prohibidos, en
jodiendas extramatrimoniales en el rellano de la escalera, va a seguir
esquivando todo poder e institución que levante más allá de metro ochenta del
nivel del suelo. Va a seguir engañando, fácil fácil, en el burdo juego de las
apariencias con tan sólo sonreír cuando llegue la hora de la foto de familia.
Entonces sonreirá falsa, en el segundo de la mentira y se encontrará riéndose
con toda la estructura, que se cree que engaña a la gripe, a la gripe humana.
La gripe humana va a seguir propagándose
letalmente para el hombre-corbata, el hombre-foto, el hombre-canapé, el
hombre-pistola, el coche-hombre, la virgen-embarazada, la tienda-mujer y demás
entes y seres del paraíso. La gripe humana hibernará si ve que las condiciones
no son propicias para su expansión, nutriéndose de estraperlo, leche en polvo,
surrealismo o libros bajo las dictaduras militares o democrático-consumistas,
pero yo tengo plena confianza en esta mortal enfermedad, la venero e intento,
a sabiendas, promover su expansión. La gripe humana, religión y filosofía, se
transmite por vía sexual, vía por la que siente un gran apego y por lo que es
tan peligrosa y expansiva. Es fácilmente adaptable –aprende rápido todas las
lenguas, (inglés, francés, bajar al pilón)- aunque a veces pierda la
conciencia de su poderío y se quede hipnotizada ante cualquier baratija,
mentirijilla, o argumento abogacil.
Pero la gripe humana a sufrido mucho a causa de
la gripe del pollo. El animal que se hace llamar pollo era antes un humano que
cayó en desgracia en su ansía de razón, pulcritud y clasificación. El pollo
razonó tanto y clasificó tanto al mundo que acabó siendo esclavo de lo que
clasificaba su mente, creo sistemas para valorar sus clasificaciones – de lo
que menos tenía eso valía más, como un filatélico loco -. Así pues, el pollo,
la polla y los pollitos también se expandieron por el mundo y propagaron su
gripe, combatiendo finalmente a la vulgar gripe humana, a la que esclavizó en
su mayor parte y de la que se nutre para sus locos propósitos polliles.
Sin embargo la enfermedad humana (el sentimiento
y la razón, el miedo y el valor, el necesario heroísmo de luchar hasta el
final aún a sabiendas que somos perdedores ante la muerte, que no tenemos nada
que perder y que tenemos todo que ganar) triunfará. Triunfará porque no se
puede luchar contra algo que tiene sentencia de muerte y que luchará por
sentirse en plenitud en esta vida. La única y maquiavélica forma de vencerla
es haciéndola creer que esto es la muerte y que después de la muerte está la
vida, haciéndola creer que somos una plaga, una enfermedad, una escoria. Así
pues, seamos las siete plagas de Egipto, los cuatro jinetes del Apocalipsis,
los siete enanitos en versión porno; propágate pues gripe humana a tus anchas
y haz estornudar a los enfermos de gripe del pollo, porque cuando se estornuda
por un momento se detiene el pensamiento discursivo que nos encadena.
Cuando éramos pequeños nos enseñaron a construir
castillos de arena para detener el avance de la marea –también me meaba en una
olla…-. En el atrincheramiento del Botín la derrota está asegurada, se corre
el peligro de morir ahogado, no prestar atención al entorno y acabar rodeado
de falsos y cacareantes amigos. Quedaos con los cubos y con las palas, yo voy
del lado del mar y me voy con el mar, aunque coja una pulmonía o una gripe.
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