
A veces pienso que uno de los mayores errores de
la sociedad es dar por concluida la etapa formativa de las personas a una
determinada edad, cuando ésta se supone que ya está preparada para desempeñar
un trabajo, un puesto específico en el gran engranaje dentro de la máquina del
mercado. Es cierto que en los planes de estudio se incluyen frases
rimbombantes como “la formación integral de la persona” cuando en realidad la
educación se ha convertido, en el mejor de los casos, en una fábrica de
tornillos y en el peor, en una legión de bellacos. Hombres y mujeres con
conocimientos eléctricos – enchufes - , rudimentos de civismo y grandes
nociones de protocolo con los que se camuflan los enemigos bajo una voz
uniforme, metálica y lobotimizada inspirada en los servicios telefónicos de
atención al cliente. No hay nada peor que el traidor suave y eunuco.
Las creencias de Occidente, esas que muchos
querían incluir en la constitución europea, se basan en el embarazo de una
virgen, en la resurrección de un muerto y en los actuales estados nacionales –
departamento de formación y RR.HH. del mercado, (traidores suaves y eunucos)
-. Ante esto quizás convendría pensar en la utopía de una formación que
siguiera más allá de la herramienta humana, que salvara a los hombres y
mujeres – mujeres y hombres en idioma de IU – de la esquizofrenia colectiva,
que sobrepasase la edad de la adolescencia y que le quitara la ruedecita de
apoyo a la bici. Que dijese, bueno señoras y señores, ya estáis preparados
para pasar al siguiente nivel, así pues debéis saber que los reyes magos son
los padres, la virgen María engaño a San José y Jesús, traumatizado por ser un
bastardo, creó una religión personal, psicológica y en realidad muy cercana a
las filosofías orientales, y que después fue adulterada por unos cuantos,
traidores suaves y eunucos, como San Pablo, que antes de la caída del caballo
– caída de los índices bursátiles de otras religiones perdedoras – había
ayudado a dilapidar a algún santo varón cristiano como San Esteban. Una
educación, oh yeah, que dijese, bueno señoras y señores, ustedes ya no tienen
edad de creer en los estados, ustedes ya no son españoles, ni catalanes, ni
vascos, no tienen edad ya para esas tonterías, ustedes son ciudadanos del
mundo así que les retiramos el pasaporte.
Ustedes, ya talluditos y formados, deben saber
que no existen los átomos, ni electrones, ni buenos intermediarios, ni
protones. La realidad es fluida y líquida y son más importantes las relaciones
entre las cosas que las cosas en sí, son más importantes los alimentos que
toman, los que cagan, con quien follan que una foto instantánea de su cuerpo
serrano. Son más importantes los flujos económicos, las rutas de inmigración,
en fin, las cadenas de favores que la azucarera de Jerez. Así pues, ya que ya
saben montar en bici sin una mano que les ayude, creen las redes
internacionales necesarias para que la realidad fluida y liquida se reparta de
buena forma y no pase canalizada para perjuicio de casi todo el mundo por
contados despachos con oscuros interés, para que esa realidad líquida no se
quede sólo en una mancha en el vestido de Mónica Lewinsky. Creen los canales y
las redes necesarias y llamen a todo eso como quieran, República Internacional
o Canal de Isabel II. Háganlo ustedes y rescatemos a todos de la locura
colectiva, para eso les hemos formado, para ser hombres y no máquinas, ese es
su examen final.
Vean, vean ustedes como las costuras de la
realidad solidificada y falsa salta por todos lados y como mana la sangre de
las costras y los conceptos. Miren ustedes a los inmigrantes africanos que se
guían por la estrella del hambre, miren como saltan las vallas y los muros de
los manicomios porque es allí donde únicamente está la comida, aunque sea con
pastillas molidas dentro, aunque allí las mujeres se casen con el capital y
usen lubricante vaginal para poder joder con un marido al que no quieren,
aunque allí los hombres pertenezcan a un equipo de fútbol o se inmolen
pretendiendo que el viento permanezca estático en una nacionalidad histórica.
Ustedes son hombres y mujeres – mujeres y hombres – que viven en el planeta
tierra – tercer planeta del sistema solar – y nacen, crecen, se reproducen y
mueren. Por eso existen en ustedes distintas edades, las edades del hombre, y
a cada una de ellas deberían pertenecer ciertas creencias, como los estados o
el cristianismo, el olor a marisco o el olor de la muerte.
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