
En el
momento que escribo este artículo todavía es desconocido el resultado del
referéndum celebrado el día 20. Tanto mejor. Tanto mejor porque si he de ser
sincero mi conciencia se decanta por momentos hacia el sí y otras hacia el no,
ya que existen razones tanto lo uno como para lo otro, pesando dentro de mí de
una manera más clara aquellas que van emparejadas con el no. Sin embargo, la
historia como todo en la vida nos impone unas disyuntivas y unos tiempos de
resolución que no son los que nosotros quisiéramos, nos impone a veces pocas
elecciones, pocos caminos por los que transitar, y tenemos que tomar uno de
ellos, a sabiendas de que nos vamos a encontrar con problemas en todos los
casos.
Hace
poco escuché a un político decir que el mundo tiene necesidad de Europa. Y es
totalmente cierto; en este mundo falta un contrapeso y un freno que ponga
mesura en las relaciones internacionales, tanto en política, como en economía,
sociedad y cultura. ¿Pero tiene Europa la capacidad de asumir ese papel?
¿Tiene Europa la capacidad de recuperar el pulso de la historia que durante
siglos emanó de sus territorios y de sus gentes?. Para que nos vamos a
engañar, Europa en todavía un ser débil que languidece de miedo cada vez que
la historia propone un nuevo escollo, una nueva guerra.
A ese
ser fetal, a ese bebe de alto y rancio abolengo, le quieren educar y le
quieren amaestrar, ese es el reto de Europa. Europa es un bebé balbuceante que
de vez en cuando recuerda un vocabulario ancestral, humanista, de los grandes
movimientos que nacieron y se desarrollaron en este continente, y otras
interpreta un papel que no es suyo y habla predominantemente en inglés.
Europa
se encuentra en un momento crucial, y con ello el resto del mundo; pero es en
Europa el tapete donde convergen las distintas sinergias que brotan en el
mundo. Es como un cristal transparente en donde se reflejan otras cosas y
otros intereses. Estados Unidos teme una Europa fuerte y unida, decir lo
contrario es ir en contra de la realidad. La teme por muchos motivos:
económicos sobre todo, pero también culturales y sociales. En fechas recientes
Estados Unidos intentó una división en el seno de Europa entre vieja y nueva
Europa, intentando desplazar el poder regidor de la Unión desde su tradicional
París-Berlín hacía los países del Este que son más sensibles a las políticas
norteamericanas. El caso de Ucrania y sobre todo Turquía es bastante
revelador. EEUU quieren que accedan a la UE para que la identidad propia
europea se diluya al entrar varios países con fuertes relaciones con Estados
Unidos. No son banales las dudas de algunos países europeos a la entrada de
Turquía, pero no por motivos racistas o de carácter cultural del pueblo turco.
Lo que pasa es que como en la mitología quieren raptar a Europa, la idea
europea.
Sin
embargo yo confío en la inteligencia de Europa y en la del resto del mundo,
creo que esta vez vendrán en su ayuda y Zeus no podrá raptar a la ninfa.
Dos
grandes acontecimientos marcarán – o yo deseo que marquen – el siglo XXI. EEUU
languidece ante ellos pero también prepara el terreno para ello. El primero es
la toma de conciencia de la sociedad civil y su concreta cristalización en
distintas formas de consumo, y la segunda y más contundente es la posible
entrada de Rusia en la Unión Europea, que una vez más volverá a salvar al
continente, aunque esta vez no será de Napoleón o de Hitler, sino de una
amenaza que es sibilina y exterior, y no es militar...., sino económica,
social y cultural.
La
constitución europea es la entrada del niño europeo en la escuela, su acta de
escolaridad. A ver ahora los maestros que tiene. Doy por sentado que va a
ganar el sí...
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