
Cuando
la amenaza del fuego rondaba a Galileo, la cohorte eclesial consiguió que se
retractara, pero sólo de boquilla, sólo a la manera vaticana, sólo a la manera
ritual, con sus mismas trampas y con las mismas palabras huecas que ellos
usaban. Sin embargo la historia sólo recuerda las palabras que dijo entre
dientes y que se acabarían colando de rondón entre las filas del enemigo papal
y sifílico. "Y sin embargo se mueve".
Y sin
embargo también hay que ponerse en las pieles de tantos y tantos criados en la
creencia de ser especiales en todo el vasto universo, y hay que comprender su
miedo al vacío y a la pérdida de soberanía de nuestro planeta con respecto al
astro rey. Hay que comprender su pavor, su incredulidad y su miedo. Pero como
tantas veces en la vida, la arrogancia y el paso adelante que sólo nace de la
soberbia llevan al desastre y a la incompresión; y es ahora que estamos ante
un mundo tan complicado, tan hostil, tan rápido cuando hay que plantearse si
no hay que dar un paso atrás; un paso atrás que no es de cobardía, sino el
paso atrás del que quiere ver las cosas con perspectiva.
Quizás
se acerque el momento de perder soberanía y ceguera y de volver a reconocer
ahora que no somos especiales, de reconocer que muchos de los problemas que
tenemos surgen por intentar imponer al mundo la visión del hombre, sus
medidas, sus limitaciones. Cuando nos acercamos a lo muy pequeño o a lo muy
grande, nuestra visión falla, se vuelve miope, empiezan a surgir fenómenos
extraños, aparece la mecánica cuántica. Es como haber llegado al límite de
nuestros cerebros, a su capacidad máxima de captar imágenes, datos. Lo que
parece discontinuo puede que no sea más que el parpadeo máximo con el que
vemos el mundo, lo máximo que nos permiten nuestras neuronas, nuestras
conexiones, la glucosa que va al cerebro. Quizás detrás de ese parpadeo,
detrás que esos átomos, neutrones, quarks, se sitúe un río continuo que sólo
se verá si damos un paso atrás y reconocemos que no damos más de sí. No damos
más de si por el camino de la arrogancia, por el camino de creer que tenemos
un dios para nosotros solos, sino que ese dios no se sitúe arriba sino a los
lados, con lo que nos une al resto del mundo, un dios completamente pagano y
terrenal, completamente real, como el río más allá del parpadeo, un dios que
corre paralelo a los ciclos que gobiernan el mundo, el ciclo de la energía y
del agua; dioses que serían el pegamento que nos unen al resto de la realidad,
dioses exclusivamente humanos que corren también en círculos dentro de
nosotros; los ciclos de la sangre y la respiración, de la alimentación.
Algún
día alguien cogerá la antorcha de Einstein e irá más allá, se pondrá en el
punto de vista de un árbol, de un pez, de una mosca, de un abogado, y no
solamente tendrá un punto de vista humano, y llegará a ese río. Creará una
matemática con la que navegar por él, una física con la que ir más allá, una
filosofía que beberá de los que dieron un paso atrás, el taoismo, el budismo,
el sufismo, los místicos cristianos, una política y una economía acorde con
todo esto. Quizás los Estados y muchas estructuras actuales que creemos
inmutables y sagradas sean también producto del parpadeo y de nuestras
limitaciones actuales. Quizás sea hora de dar un paso atrás solamente para dar
un gran salto hacia adelante.
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