
Ahora que la Unión Europea está en crisis, ahora
que todo se derrumba y el falso amigo emprende la galopada, ahora que las
ratas titubean y con su hocico advierten incertidumbre, mean caliente, ahora
que los ingleses dicen que ni siquiera van a votar, que los ricos italianos
del norte dicen que quisieran volver a la lira, ahora que el si superficial y
ecónomico ha dado paso a un no social y económico le toca el turno a los que
votaron no decir cuál es su alternativa. Se tiene miedo al ingreso de Turquía
porque un país con tanta población musulmana podría difuminar la identidad
europea y en el fondo también porque se sospecha y con razón de los ánimos que
desde Washington se mandan a hacerlo, habida cuenta de los firmes lazos
estratégicos y económicos que unen a Turquía y a EEUU. En realidad es lo que
quieren los anglosajones, mantener la tensión suficiente sobre el mapa
europea, por un lado el Reino Unido, por otro Turquía y algunos países del
Este a los que Washington se está encargando de aproximarse para que Europa no
pase de ser un mercado global y unificado, nada de política común y menos aún
nada de defensa común, o por lo menos nada de pensamiento propio y autónomo
mientras lo pueda evitar Reino Unido.
Se cuestiona también cuáles son los límites de
Europa y cuando acabará el proceso de expansión. Una alternativa del no puede
ser que no acabará nunca, que queremos que Rusia acabe ingresando en la Unión,
que queremos salirnos por la tangente y mearnos fuera del tiesto. Mientras la
influencia americana corre paralela a los nuevos oleoductos que sacan el
petróleo del Caspio y que le sirven a su vez para cercar a Rusia en la enésima
política colonialista que ha visto este mundo, la acción de Europa debería ser
llevar el concepto europeo del no, una unión social, cultural, económica, tan
lejos como fuera posible. ¿No estamos en la era de la globalización?.
Los problemas que tenemos son globales,
deslocalización de empresas, problemas ecológicos. Hágamonos globales también
nosotros, que el ideal europeo sea construir un gobierno mundial que gestione
los grandes problemas: económicos, ecológicos, judiciales, y que no deje
espacio para los ladrones, los halcones, los mercenarios, los especuladores
que escapan rápido con sus jets privados, sus aviones de combate, sus
comunicaciones de última tecnología. Que no haya impunidad judicial ( EEUU no
quiere un tribunal internacional de justicia), económica ni ecológica (
tampoco firman el Tratado de Kioto). Que Europa lleve la democracia haya donde
pueda, pero no impuesta mediante mentiras, excusas, chantajes y guerra, sino
mediante la promesa de un Estado global que protega a este mundo y a todos
nosotros. Theodor Herzl propuso en 1897 la creación del Estado de Israel como
garante de la vida y la libertad de una raza, la judia. Hoy quizás la tormenta
en el vaso de agua europeo, haga ver detrás de la bruma a la Nueva Atlántida,
la Madre Patria, la República Mundial que sea garante de la vida y la libertad
de una raza, la humana. Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad –
palabra de Infante -, por eso no hay un nacionalismo andaluz, por eso debe
haber un internacionalismo andaluz. Váyamos detrás de los problemas. No, los
que votamos no no queremos sólo Europa, queremos el mundo.
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