
Alguna
vez observando a algún homúnculo hiperventilado me he preguntado qué es el
mal, de donde viene la maldad, la tradición diabólica, luciferina, los horcos,
los trolls, los jinetes del apocalipsis, Belcebú, Satanás. Lo único que he
podido sacar en claro es que se dedican a separar, a desunir, a oponer cosas
que por definición están juntas. Estos seres del averno suelen darnos miedo y
realmente son de temer, ya que utilizan su condenada casetilla de peaje para
cobrarnos por saber algo de lo que queda más allá o para impedirnos el paso.
Se erigen como los guardianes de los límites del conocimiento y a todo aquel
que se aventura a traspasar las fronteras lo excomulgan, lo queman –
actualmente no, porque es políticamente incorrecto -, lo torturan, lo acusan
de desacato al tribunal o lo expulsan de su cátedra. No hace mucho que el
Vaticano negó la existencia del infierno, pero lo negó en el mundo del más
allá, donde no puede existir porque sólo hay acá, aunque este acá sea por
siempre; sin embargo nada dijeron de los cotidianos seres infernales, que son
legión. Viven del soborno fronterizo, de la interpretación de escrituras, del
blanqueo de capitales, del diezmo extraperlario; se colocan en los puntos y en
los estrechos puentes que conectan unas cosas con otras y no hacen nada más,
sólo se inflan del aire que debiera correr entre todas las cosas y que ellos
tragan; de ahí su aerofagia y olor a azufre.
Hay
diablos en todos lados, pero quizás sea en la concepción de la Universidad
donde se puede ver claramente como en un mapa de dos dimensiones las
proyecciones de sus sombras. Se dedican a trocear el conocimiento y a
entorpecer los estrechos puentes que costaron tanto trabajo construir, y lo
hacen porque interesan hombres y mujeres atomizados, acostumbrados a tener que
tratar eternamente con intermediarios que el único mérito que tienen es
ocultar información, poner vallas al campo, mentir. La Universidad debería
servir para integrar saberes y no para separarlos en aras de una supuesta
competitividad y eficiencia económica, que es la que a algunos les conviene.
Todos los avances importantes en la ciencia y también en las humanidades han
venido de tender puentes entre cosas que aparentemente nada tenían que ver:
Einstein, Maxwell, Prigogine, Maturana,Varela, Morin...corrieron y corren
hasta ver la curvatura que todo lo une y que a todos une. No hay espacios
vacíos ni frontera alguna entre las cosas y saberes; cada vez que algo a
alguien las traza, se equivocan por ignorancia o por maldad. Por eso ahora que
se habla de reformar la universidad habría que recordar que primero habría que
crearla, porque lo que ahora hay es una mascarada que pretenden cuartear aún
más suprimiendo Humanidades y Filologías que deberían ser asignaturas en todas
las carreras. Pero no todo está perdido; sé que algunos de los que vayáis a la
universidad mañana os saltaréis todas las reglas, atravesaréis antiguos
puentes, crearéis otros nuevos, seréis creativos. Corred, corred entonces
rápido y en círculos, saltad de un saber a otro, danzad como derviches,
expulsad a todos los diablos, eliminad los cánceres de la sociedad que se
acumulan en los espacios en blanco y que nos pertenecen. Dad la vuelta al
ruedo, benditas hordas libertarias.
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