
El
mayor engaño que se da en nuestros días tiene que ver con las leyes del
mercado que todo lo condicionan. Siempre habrá mercado mientras haya
productores, intermediarios y consumidores; la existencia del mercado es
incluso independientemente de la existencia del propio dinero, ya que también
había mercado en el primitivo sistema del trueque. Sin embargo en algún
momento de la historia económica se produjo un cataclismo que fue pasado por
alto y que ahora se esconde entre los textos económicos universitarios. Se
dice que son las leyes de la oferta y la demanda las que gobiernan el mercado
y de paso todo el actual sistema capitalista. Esto es completamente falso, es
esta afirmación la raíz de una gran mayoría de nuestros males y de todos los
fallos del capitalismo moderno. No señor, las curvas de la oferta y la demanda
no se encuentran en un punto decidido más o menos por cada una de las partes
sino que nos encontramos en una auténtica dictadura de la oferta que somete a
la demanda a su antojo y que utiliza todos los recursos imaginables para
doblegarla y amoldarla a sus intereses y disposiciones. La principal arma que
tiene la oferta para ejercer su soberanía es la publicidad con la que
constantemente distorsiona una hipotética demanda espontánea y natural de los
consumidores, algo casi tan mitológico y lejano como el unicornio, pero que
sin duda en algún momento y recóndito lugar debió de existir.
Como
todo en la vida se trata de una cuestión de proporciones, de cantidades
relativas. Que haya una predominancia fuerte de la oferta sobre la demanda, o
que ocurra realmente como dicen los libros de texto universitarios, es decir,
que la demanda sea antes que la oferta y no al revés, es una cuestión
fundamental. Tanto es así que por encima y debajo o en el orden de la anterior
secuencia el escenario es completamente distinto y se puede hablar de
distintos sistemas económicos. En el mundo económico ideal descrito por los
propios neoliberales en sus libros donde primero es la oferta, no tendría
cabida la actual publicidad agresiva y sobre todo engañosa y mentirosa.
Digamos las cosas claras, la publicidad miente descaradamente, repetidamente e
induce al engaño. Esto es asi porque necesariamente se debe calzar en el
zapato de los consumidores una oferta que no ha sido realmente demandada, por
lo que la publicidad es el calzador o casamentera o alcahueta de nuestro mundo
económico actual.
En esta
dictadura de la oferta, que la gente se manifieste y grite y lleve pancartas
provoca risas bajo el bigote. Sin embargo en C/Génova se produciría un
relajamiento general de esfínteres si de repente la gente saliera indemne del
bombardeo publicitario y fuese capaz de armar una demanda sólida que hiciese
retroceder a la oferta al lugar donde le corresponde: calladita y después de
la demanda. Es lo que ellos dicen: el cliente siempre tiene la razón. Así pues
no intentéis tomar ninguna Bastilla para cambiar realmente las cosas,
organizaos bajo la bandera común de una demanda responsable y real. Si no hay
oferta para esa demanda, creadla. Si no hay pisos para vuestros salarios,
cread una cooperativa y construidlos vosotros mismos. Olé.
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