
Realmente casi todas las cosas de esta vida
tienen una doble vertiente. Sin embargo esta característica se hace
especialmente fuerte en la tecnología y en la ciencia en general. La palabra
tecnología tiene peor reputación que la palabra ciencia, por lo que vamos a
centrarnos mejor en la ciencia. Es la ciencia una de las cosas que más divide
a la gente; hay gente defensora a ultranza de ella y otra que no se fía de
ella, que piensa que hay gato encerrado, aunque hay que reconocer que los que
la apoyen son muchos más que sus contrarios, aunque estos hagan mucho más
ruido y se integran en ONG´s o en asociaciones ecologistas.
Pero, ¿qué es la ciencia? Una de los principales
retos es recuperar las palabras, reconquistarlas, llenarlas de un significado
humano que sin duda tuvieron cuando apenas balbuceábamos, y por eso mismo son
el oro que nos une a la tierra y a nuestra realidad; ahora muchas palabras
languidecen secuestradas, henchidas de droga y vuelven hacia nosotros
manipuladas por intereses que las usan para que compremos, para que votemos,
para que no sepamos donde estamos... Esas palabras, libertad, democracia,
ciencia, honor, prostituidas ahora, demacradas, sin embargo a veces nos miran
con el brillo de un orgullo inquebrantable y también de reproche: son hijas de
nuestra historia, pero siempre, aunque sea por un pequeño hilo de oro estarán
unidas al origen, al primer balbuceo semihumano.
La ciencia es la relación con la naturaleza y
con todo lo que nos rodea. Nada más. Por eso la buena ciencia, la que no
intenta separar ni crear compartimentos estancos donde no puede haberlos, se
funde con lo religioso y con la totalidad. Hay pseudocientíficos que pretenden
explicarlo todo desde su particular trinchera o departamento universitario
cuando no se dan cuenta que el verdadero sentido de la ciencia es tener
siempre presente la unión y la interdependencia que une a todas las cosas y
que nos une con todas las cosas.
“Curiosamente” esa es una de las propiedades de
Dios, la omnipresencia, estar en todos lados al mismo tiempo. También Dios es
omnipotente. Hoy sabemos que hasta una mariposa con el batir de sus alas puede
provocar un huracán en la otra parte del mundo. ¿Es que Dios es la mariposa?
Claro, es la mariposa y son todas las relaciones que la unen con el resto de
la realidad, millones de nexos.
Hoy día con el avance de la ciencia, aunque sea
de modo fragmentario en la mayoría de los casos, percibimos muchos aspectos de
la unión de todo con todo, de la interdependencia – que es uno de los pilares
de las filosofías o religiones orientales -, percibimos algo que muchos no se
atreven a darle un carácter divino. Otra vez las palabras y sus peligros,
quizás lo único divino sea la parte de la humanidad que se da cuenta de que
está unida a todo, como una pequeña mariposa o un pequeño insecto. Quizás
comprendamos entonces el auténtico poder que tenemos, que no consiste y no
reside en grandes grandes cosas y grandes esfuerzos, y sobre todo no con
grandes palabras, sino en hacer pequeñas cosas que pueden llegar a ser
grandes.
Por eso la ciencia que aboga por la
especialización – hoy todo el mundo sabe mucho de algo y nada de todo, eso los
que no mienten – y por creerse ella misma como la culminación de lo mejor que
puede dar la humanidad es un auténtico peligro, el peor de todos, ya que se
trata de nuestra relación con todo lo demás. Cerrarse en un esquema cerrado,
nosotros que apenas si empezamos a ver algunas relaciones, como quien enciende
una vela en un gran bosque oscuro, es un suicidio. En todas las épocas que el
hombre ha creído alcanzar el summum ha venido la realidad múltiple a hundir el
Titanic, a asolar Lisboa, a destruir el Challenger, a inundar Asía. Por eso
nos conviene ser humildes, mejor estar más quietos y escuchar antes de ir por
ahí como elefantes en cacharrería, grandes esfuerzos, grandes guerras, grandes
correctivos vienen después por no escuchar. Después venimos con la camisa
llena de sangre, como el niño malo que no se puede estar quieto y se revuelva
por el barro, inconsciente de sus actos. Hay que tener conciencia siempre de
uno mismo, de cada acto y pensamiento, tanto individual como colectivamente.
Ahí esta nuestro potencial y nuestro futuro: ciencia con conciencia.