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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

El agua clara y el chocolate espeso

 MANUEL RUBIO

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Una taza de chocolate caliente con churros, siempre ha sido un desayuno o merienda exquisita, desde que el cacao fuera descubierto por los mayas y traído a España después del Descubrimiento de América. Entonces fue cuando los churros o como en Madrid les llaman, porras, hicieron contacto con el chocolate hecho. Además de estimulante, es una substancia alimenticia muy rica en hidratos de carbono, grasas, fibras, proteínas etc. y sobre todo  en calorías, además de su buen sabor.

 

Para mayor información les sugiero, abran esta página. http://es.wikipedia.org/wiki/Chocolate.

 

Este alimento, como dicen sus consumidores, acompañado de pastas, ha sido en décadas pasadas, un signo de distinción, en reuniones de alta sociedad, hoy, es notoria su consumición  en cualquier hogar, también puedes hallarlo,  en muchos establecimientos públicos dedicados a servir bebidas, donde se suelen acompañar con churros. Desayunos o meriendas, muy apropiados para las estaciones más crudas del año, pues  además de paliar el frío, quita la gazuza.

 

Nota: “Cualquier otro producto que lleve este nombre y no esté hecho con los ingredientes propios suyos,  se recomienda, no hagan uso de él”.

 

Recuerdo  aquélla residencia, en la que se solían reunir, un colectivo de amigos con sus respectivas parejas, pertenecientes todos ellos, a estamentos intelectuales, de la llamada alta sociedad, en donde a la vez que se jugaba a las cartas, se solía hablar de los más variados asuntos relacionados con la política, sus respectivos trabajos y toda clase de comentarios. Las dos o tres mesas, allí emplazadas, obligaban, a que se fraccionara el grupo, en dos o tres más reducidas camarillas, afines entre ellos.

 

Las partidas, una vez llegada la hora de la merienda se suspenderían y los allí reunidos, ocuparían una de las sillas que, rodeaban la amplia mesa del comedor,  hasta completarse y sería entonces cuando se sirviera el consabido chocolate con pastas o dulces. Sería a  partir de este momento, cuando la reunión tomaría entonces otro matiz diferente. Con cierto silencio, se acogía de buen grado a las dos sirvientas,  que con sus respectivas jarras metálicas irían vertiendo en las tazas, el humeante chocolate. Una vez servido el último de ellos, sería el anfitrión, quien anunciase  el momento de comenzar, tomando una pasta. Por temor a no quemarse el bigote, mojarían primero alguna galleta o dulce para consumirla, no sin antes, haberla soplado suavemente. Ruido de cubiertos y tazas y un buen olor a chocolate en todo el comedor. Que de seguro, más de uno se quemaría y silenciaría,  para disimular su ansiedad.  Sería aquí, como hemos dicho, donde todos mostrarían un aspecto más complaciente, donde el humor  y la donosura entre los asistentes se harían patentes. Para no hablar en alta voz, se limitarían a hacerlo con los compañeros de mesa contiguos, cuidando  sobre todo,  no caer en alguna clase de chismes o hablillas, u otra  aberración a la hora de expresarse. Pasarían de nuevo las fámulas, por si alguien desease repetir, a lo que más de uno, diría muy carismático, que le pusiese un poco más, que estaba muy rico. La astuta hipocresía, de alguna/o, se haría aflorar, en proporción al nivel de educación e inteligencia del que se pronunciara, haciendo alguna crítica o reproche hacia algún comensal u otro no asistente al acto. Por regla general, eran prudentes, diría mejor, parcos en palabras, al hablar de cualquier tema, y si lo hacían, parecería  como una veloz cuchillada, porque las críticas serían tratadas rápidas y muy refinadamente, para no hacerse desmerecer ante los demás, ya que,  a personas de esta clase social, sus mismas palabras podían volverse contra ellos y hacerse  desmerecer dentro del grupo. Pero Inteligentes y prudentes eran, para saber tratar, con mesura, las palabras pronunciadas, para no perder así,  el rango o categoría, que ante ese grupo ostentaban.

 

Como si se quisiera, corresponder a la invitación, se destacaría, aquella  dama o caballero, que invita a tomar más galletas  o pastas, para ella o él, de tal forma, aprovechar ese momento y alcanzar otra.  A la vez que expresaría “su agradecimiento” a la anfitriona,  articulando palabras como esta de: “Que punto mas rico tiene el chocolate”. Estas esporádicas intervenciones, a veces, coreada por alguno del grupo, no siempre, se verían seductoras, sino algo ridículas.

 

Terminada la merienda, cada cual, se limpiaría su bigote con la pequeña servilleta, que llena de chocolate, abandonaría con elegancia, encima de la mesa.

Recuerdo también, en más de una ocasión oír entre los asistentes, el chiste de los capuchinos, mientras en silencio una comunidad de frailes tomaba el chocolate. Que contaré por una sola vez:

Se cuenta que reunidos estaban  siete capuchinos en el refectorio de la comunidad, ante sus respectivas tazas de chocolate bastante calentito, en espera de comenzar a tomarlo, porque las reglas, como saben  obligan a guardar silencio y no empezar,  hasta que el padre prior, tome el primer sorbo. Y así se hizo, tomo el prior el primer sorbo,  y unos tras otro, los demás le imitaron, en silencio, a  la vez que por sus mejillas le corrían unas lágrimas, justamente no de agradecimiento. Hasta llegar al lego, que quemándose la boca, gritó en voz alta: ¡Aquí tendréis todos  mucho carisma de  santidad,  pero de mala leche, (no la del chocolate) si que la tenéisen abundancia,  por no haber avisado, alguno,  con anticipación,  de que estaba ardiendo!  

 

Yo, ante  un chocolate,  no me pongan pastas, háganlo con churros. Tampoco  me importa estar bien acompañado, pero si es posible,  un lugar, en donde el chocolate, sepan hacerlo bueno.  Tal vez, en la Plaza Bibarrambla, de Granada, -siglos antes situada a las orillas del río Darro, que hoy se encuentra  embovedado- o en cualquier otro lugar, donde me hagan los churros con buen aceite de oliva,  ya que este caldo, requiere toda la atención de quien lo saborea. Y digo bares, porque en estos lugares  pagas, consumes  y te largas sin que a nadie le tengas que agradecer nada.  

 

Que me gustaría, ver sentados, en la misma mesa a Z y R, tomándose un rico chocolate con churros.  ¿Avisaría el uno al otro, de que el chocolate está que arde?


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