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Una
taza de chocolate caliente con
churros, siempre ha sido un desayuno o merienda exquisita, desde que el cacao
fuera descubierto por los mayas y traído a España después del Descubrimiento de
América. Entonces fue cuando los churros o como en Madrid les llaman, porras,
hicieron contacto con el chocolate hecho. Además de estimulante, es una
substancia alimenticia muy rica en hidratos de carbono, grasas, fibras,
proteínas etc. y sobre todo en calorías, además de su buen sabor.
Para mayor información les sugiero, abran esta
página.
http://es.wikipedia.org/wiki/Chocolate.
Este alimento, como dicen sus consumidores,
acompañado de pastas, ha sido en décadas pasadas, un signo de distinción, en
reuniones de alta sociedad, hoy, es notoria su consumición en cualquier
hogar, también puedes hallarlo, en muchos establecimientos públicos dedicados a
servir bebidas, donde se suelen acompañar con churros. Desayunos o meriendas,
muy apropiados para las estaciones más crudas del año, pues además de paliar el
frío, quita la gazuza.
Nota: “Cualquier otro producto que lleve este
nombre y no esté hecho con los ingredientes propios suyos, se recomienda, no
hagan uso de él”.
Recuerdo aquélla residencia, en la que se solían
reunir, un colectivo de amigos con sus respectivas parejas, pertenecientes todos
ellos, a estamentos intelectuales, de la llamada alta sociedad, en donde a la
vez que se jugaba a las cartas, se solía hablar de los más variados asuntos
relacionados con la política, sus respectivos trabajos y toda clase de
comentarios. Las dos o tres mesas, allí emplazadas, obligaban, a que se
fraccionara el grupo, en dos o tres más reducidas camarillas, afines entre
ellos.
Las partidas, una vez llegada la hora de la
merienda se suspenderían y los allí reunidos, ocuparían una de las sillas que,
rodeaban la amplia mesa del comedor, hasta completarse y sería entonces cuando
se sirviera el consabido chocolate con pastas o dulces. Sería a partir de este
momento, cuando la reunión tomaría entonces otro matiz diferente. Con cierto
silencio, se acogía de buen grado a las dos sirvientas, que con sus respectivas
jarras metálicas irían vertiendo en las tazas, el humeante chocolate. Una vez
servido el último de ellos, sería el anfitrión, quien anunciase el momento de
comenzar, tomando una pasta. Por temor a no quemarse el bigote, mojarían primero
alguna galleta o dulce para consumirla, no sin antes, haberla soplado
suavemente. Ruido de cubiertos y tazas y un buen olor a chocolate en todo el
comedor. Que de seguro, más de uno se quemaría y silenciaría, para disimular su
ansiedad. Sería aquí, como hemos dicho, donde todos mostrarían un aspecto más
complaciente, donde el humor y la donosura entre los asistentes se harían
patentes. Para no hablar en alta voz, se limitarían a hacerlo con los compañeros
de mesa contiguos, cuidando sobre todo, no caer en alguna clase de chismes o
hablillas, u otra aberración a la hora de expresarse. Pasarían de nuevo las
fámulas, por si alguien desease repetir, a lo que más de uno, diría muy
carismático, que le pusiese un poco más, que estaba muy rico. La astuta
hipocresía, de alguna/o, se haría aflorar, en proporción al nivel de educación e
inteligencia del que se pronunciara, haciendo alguna crítica o reproche hacia
algún comensal u otro no asistente al acto. Por regla general, eran prudentes,
diría mejor, parcos en palabras, al hablar de cualquier tema, y si lo hacían,
parecería como una veloz cuchillada, porque las críticas serían tratadas
rápidas y muy refinadamente, para no hacerse desmerecer ante los demás, ya que,
a personas de esta clase social, sus mismas palabras podían volverse contra
ellos y hacerse desmerecer dentro del grupo. Pero Inteligentes y prudentes
eran, para saber tratar, con mesura, las palabras pronunciadas, para no perder
así, el rango o categoría, que ante ese grupo ostentaban.
Como si se quisiera, corresponder a la invitación,
se destacaría, aquella dama o caballero, que invita a tomar más galletas o
pastas, para ella o él, de tal forma, aprovechar ese momento y alcanzar otra. A
la vez que expresaría “su agradecimiento” a la anfitriona, articulando palabras
como esta de: “Que punto mas rico tiene el chocolate”. Estas esporádicas
intervenciones, a veces, coreada por alguno del grupo, no siempre, se verían
seductoras, sino algo ridículas.
Terminada la merienda, cada cual, se limpiaría su
bigote con la pequeña servilleta, que llena de chocolate, abandonaría con
elegancia, encima de la mesa.
Recuerdo también, en más de una ocasión oír entre
los asistentes, el chiste de los capuchinos, mientras en silencio una comunidad
de frailes tomaba el chocolate. Que contaré por una sola vez:
Se cuenta que reunidos estaban siete capuchinos en
el refectorio de la comunidad, ante sus respectivas tazas de chocolate bastante
calentito, en espera de comenzar a tomarlo, porque las reglas, como saben
obligan a guardar silencio y no empezar, hasta que el padre prior, tome el
primer sorbo. Y así se hizo, tomo el prior el primer sorbo, y unos tras otro,
los demás le imitaron, en silencio, a la vez que por sus mejillas le corrían
unas lágrimas, justamente no de agradecimiento. Hasta llegar al lego, que
quemándose la boca, gritó en voz alta: ¡Aquí tendréis todos mucho carisma de
santidad, pero de mala leche, (no la del chocolate) si que la tenéisen
abundancia, por no haber avisado, alguno, con anticipación, de que estaba
ardiendo!
Yo, ante un chocolate, no me pongan pastas,
háganlo con churros. Tampoco me importa estar bien acompañado, pero si es
posible, un lugar, en donde el chocolate, sepan hacerlo bueno. Tal vez, en la
Plaza Bibarrambla, de Granada, -siglos antes situada a las orillas del río
Darro, que hoy se encuentra embovedado- o en cualquier otro lugar, donde me
hagan los churros con buen aceite de oliva, ya que este caldo, requiere toda la
atención de quien lo saborea. Y digo bares, porque en estos lugares pagas,
consumes y te largas sin que a nadie le tengas que agradecer nada.
Que me gustaría, ver sentados, en la misma mesa a Z
y R, tomándose un rico chocolate con churros. ¿Avisaría el uno al otro, de que
el chocolate está que arde?
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