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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Ni un alto en el camino

 MANUEL RUBIO

 

Deseo dedicar esta carta a todos aquellos trabajadores que, voluntariamente u obligados a trabajar sin denuedo, para sobrevivir, y gracias a estos y a otros como ellos, levantaron a España, poco a poco, con su  sudor y sacrificio, de la honda penuria en la que se hallaba.

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Aún recuerdo aquellos arrieros, que desde Huétor Santillán, un pequeño pueblo de Granada, situado a más de mil metros de altura, en las estribaciones de Sierra Nevada, acarreando su mercancía hasta la capital, (véase  http://canales.ideal.es/guia/localidades/localidad181d.html?id_localidad=85 ) un grupo de trabajadores de la misma familia, porteadores, que combatiendo las inclemencias del tiempo solían  levantarse antes del amanecer, para enjaezar y cargar sus burros con hatos de sogas y cuerdas, unas de  esparto, otras de cáñamo, por ellos manufacturadas,. Materia prima, que ellos mismos cultivaban,  para luego venderlas. Una familia de labradores, apodados los grajos, porque cierto día, un antepasado suyo, se le ocurriera, hacer el grajo  desde lo alto de un árbol  y a partir de entonces, la familia quedó así apodada. Muy conocidos en el pueblo, aunque su cortijo, por aquél entonces, lo tuvieran algo separado de esta villa. Hombres, todos sanos, altos, apegados al campo, de carácter afable. Calzaban para sus pies encallecidos, rusticas albarcas con suela de caucho, que gastaban sobre el asfalto de la carretera. Alguna vez, los veía ya de vuelta al cortijo, en verano, marchando altaneros, al “alegre paso” de sus caballerías, con sus camisas abiertas, mostrando su piel morena, curtidos por el sol. Sus descansos  en días de fiesta, lo hacían,  en la puerta del cortijo, allí los  veríamos siempre sentados en sillas de anea, ocupados haciendo metros de cuerda trenzada y con una gavilla de este material, sostenida debajo del sobaco, desde donde sacaban las ramas con las que elaboraban los cordeles o sogas. Nunca los vi inactivos, cuando no estaban con la hoz y el amocafre trabajando en el campo, ocupados estarían, en arrancar el lino o el cáñamo. De sol a sol, era su jornada de trabajo, el único descanso era, el tiempo que dormían, fatigados por las duras jornadas de su faena. Como se suele decir: Trabajando más que las bestias.

 

Tiempo en que,  una guerra criminal, acababa de terminar, y cientos de presos recluidos en  la Plaza de Toros de Granada, y otros recintos carcelarios, no pudiéndolos  alimentar, el gobierno, optó por liberarlos, en una diáspora o desbandada, dispersados por toda Andalucía, en busca de trabajo, que no lo  había. Yo, por entonces era un mozalbete y pude comunicarme con algunos de ellos a los que compadecía, porque no tenían donde caerse muertos. Fueron unos días, les daba algún pedazo de pan con un trocito de chocolate, a cambio, ellos para agradecérmelo me regalaban  algún billete de la república, anulados, que me dio por coleccionarlos. Mas tarde, los vi vagabundear por Huétor y otros pueblos cercanos. Seguro de que éstos, o algunos de ellos, serían, los que poco más tarde, organizaran el maquis, en aquellas estribaciones de Sierra Nevada, como medio para poder subsistir, en unos  escenarios de vida muy duros para esta gente, que no tenían apoyo alguno y para comer se valían  de los cortijos que “visitaban”  y algunas intentonas de atraco  en Granada, de las que yo también presencie, más de una vez , como eran rápidamente apresados, si es que se dejaban apresar, porque ante la duda de que fueran inmediatamente fusilados preferían morir luchando.

 

Una época en la que el trabajo era como un rico manantial,  por muy mal pagados que estuvieran, nadie hacía un alto en el camino, ni para comer ni para descansar o festejar algo,  nadie exigía nada, no había nada, ni para los que tenían  una ocupación u otra clase de trabajo porque no sacaban lo suficiente. Recuerdo aquellos trenes de madera, en los que yo pocos años después viajaría, los volvería a ver por los peldaños exteriores, asomándose por las ventanillas del tren,  para que les diésemos algunas migajas de comida. Los maquis desaparecieron de España, no porque los exterminaron, sino porque se les facilitó, la “huida” por medio de algún acuerdo, para que emigraran.

 

Y  si hago alusión a esta triste pagina de la historia de España, es para una vez más, hacer una llamada de atención a los que rigen esta sociedad, que tienen los graneros llenos y las vasijas llenas de vino, y las orzas llenas de conservas, para que sepan administrarlas con equidad entre todos y  no sean tan prolongados los altos en el camino de todos los trabajadores y empleados  que disfrutan hoy, de demasiados días de descanso, entre fiestas y otras causas, amen de permisos extras y enfermedades, España tiene más días de vacaciones que la media europea. Si contamos son 36 días de vacaciones al año, 22 días laborables, más 14 días de fiesta. Y en cuanto otros lugares, no recuerdo si es en Asturias, se conceden 15 días de permiso por descanso, para aquellos que han trabajado en tareas fatigosas.

 

Decir tendría mucho más, pero no viene al caso, por lo que cerrar voy, esta carta, Para  una vez puesta la estampilla, enviársela a mi Director del periódico.


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