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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Experimentado

 MANUEL RUBIO

 

Bajo mi propio punto de vista, o sea mis experiencias y los conocimientos que me asisten, opino. Aunque,  alguno de ellos,  me puedan fallar, espero, siempre, quede al menos  uno, en el que me pueda apoyar. El cielo me asista si ando errado.

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Yo sí creo que todos conocemos la palabra experiencia, por lo acostumbrados que estamos a emplearla, en nuestras intervenciones, porque sabido es, que cualquier hombre, que practica por largo tiempo una labor, adquiere conocimiento y habilidad, en esa clase de labor o faena, que le permite, ahorrar esfuerzo y tiempo; a lo que le llamamos experiencia. También es por todos conocido, que la experiencia no puede ser transmitida, por no ser disciplina que se enseñe y que deberá se adquirida a trasvés de los distintos estímulos sensoriales, tomados (del exterior) en su tarea  cotidiana, como es la practica constante, en el trabajo que desarrolla. Por lo que, cada persona la  adquirirá, de acuerdo con el poder, de captación, retención y capacidad de almacenamiento de memoria que posea. En todo este proceso, de  la atención prestada y del interés que se haya puesto, como tiempo empleado en dichos actos, también penderá su aprendizaje. Con todo ello, cada individuo, formará sus propios conocimientos, que fielmente los irá enriqueciendo, con  aquellos otros datos, que sucesivamente vaya aportando, a estas,  sus otras anteriores experiencias y de las que hará  uso, en su vida normal,  siempre le sea preciso. Por lo que se deduce que la experiencia sea,  una práctica continua de aprendizaje que, nos aporta nuevos conocimientos y destreza para llevar a cabo un cometido.

 

Del  empirismo,- o conocimientos, que se originan desde la misma experiencia- , deduciremos, que la experiencia no es una filosofía perdurable, en cuanto,  tiene su tiempo y se renueva a través de si misma u otros nuevos conocimientos adquiridos, por hallarse en constante desarrollo y transformación. Esta facultad sensorial  de la persona, de continuos y variados estímulos, le van proporcionando,  nuevos conocimientos, robustez y una distinta visión  de las cosas. Tales serian, los  cambios constantes por renovación de  costumbres, prácticas y comportamientos sociales, que moldean, cambian los hábitos, o dan otro orden y significado constantemente a la forma de pensar y actuar.

 

Con el paso del tiempo, la buena memoria y no menos, un gran  interés por aprender, acumula un numero de conocimientos, que dota a la persona  de cierto   poder, a la vez que, se adquiere con ello, una mejor visión del valor de la posesión de experiencia, ante si mismo y los demás. La experiencia, faculta a las personas a ver las cosas de forma diferente a los  demás sobre todo a los que no la poseen.  Pero atención con aquellos, que sin  poseerla, para darles más auge o énfasis a  sus razonamientos o determinaciones, dicen tenerla y no es cierto. ¡No!. La verdadera experiencia,  se adquiere como digo arriba, a través de los estímulos sensitivos,  que el cerebro al interpretarlos, los fijará y dará forma, “clara”  en el cerebro, en la medida, de su capacidad de percepción y adaptación como de  interpretación.

 

Solemos decir, cada persona es un mundo diferente. Por el hecho de que no hay dos iguales, que piensen y actúen  de la misma manera, ni basen sus tesis, con un mismo razonamiento. Son muchas, las personas bien experimentadas que por el conocimiento que tienen de la vida, y otras circunstancias y situaciones vividas, obran con más acierto, se equivocan, menos.

 

 En este, nuestro mundo interior, el de cada persona, es tan privado, que no se le permite a nadie, se inmiscuya en los  asuntos del otro.

 

El hombre experimentado, fija sus objetivos  en sus conocimientos, como primera providencia y  no desea se los cambien, a no ser que otras experiencias más recientes, que le aporte, nuevos y ricos conocimientos. De aquí, la discrepancia de pareceres entre unos y otros, cuando llegada, la hora de ponerse de acuerdo, sobre un asunto,  no lo consiguen. Debiendo acudir a una reconciliación entre ellos o ajustarse a un arbitraje, todo para desbloquear opiniones distintas, mediante tratos de interés que beneficie a todas las partes.

 

Y volviendo a lo mismo, la experiencia, de lo que se ha aprendido, como de lo que se ha adquirido por referencias trasmitidas, aunque estas sean muy fidedignas, nunca llegaran a ser completas,  cuando no son erróneas. Y ocurre con mucha frecuencia en aquellos, periodistas, o informadores,  cuando hacen una descripción de algo, y no la realizan  bajo  sus propios auspicios, y criterios, sino sacadas de informaciones no fiables,  que  le han sido transmitidas como verídicas. Quien no ha tenido esta mala experiencia, cuando al recibir una noticia y basándose en ella, tras hacer un comentario -opinando sobre ello-,   más tarde, ha conocido, ser  falsa la noticia recibida  en la que se basó. Aquí la experiencia se enriquecerá, aunque la metedura de pata, bien la pagará,  y a  cambio, le hará caminar por vías más seguras y fidedignas en futuras intervenciones, para que este error, no le vuelva acometer. Aunque, hay molondros, que no cuidan estos errores y los vuelven  a repetir de nuevo.

 

Nuestras manifestaciones deben ser personales y nosotros responsables de ellas, aunque sean susceptibles más tarde, de ser modificadas o acondicionadas en el  momento, que él crea es conveniente. Sobre esto último, no se me ocurre ejemplo claro alguno, pero si digamos, que se está dirigiendo una maniobra militar o policial y  por los conocimientos y experiencias pasadas,  se aconseja que lo más prudente es, tomar nuevas medidas, más practicas y  seguras, que las anteriores, que  garanticen con mas seguridad, aquellos otros  resultados que se obtuvieron,  pues como se suele decir  a previsibles riesgos, nuevas acciones, que den mayor seguridad. Riesgos, que no fueron tenidos en cuenta  en experiencias anteriores, y que ahora al considerarlas, le hacen tomar, distintas formas  de parecer y actuar, bien porque han recibido supletorias o nuevas informaciones, o, porque  han tenido en consideración otros factores, que en experiencias anteriores, no se produjeron, ni se tuvieron en cuenta, y por tal proceder pudo haber salido mal, lo que, les  obliga a cambiar de inmediato el método o técnica fijados. Y si diera resultado,   esta otra nueva experiencia, por haber mejorado la situación, le hará enriquecer o cambiar experiencias anteriores. Diría que la experiencia, no suele tener límites.

 

Los sentimientos, el carácter, incluso el mismo genio de la persona, suelen tener ciertas conexiones con las experiencias adquiridas. Por lo que, a la hora de actuar  el individuo, a partir de ese momento, habrá sufrido un cambio peculiar  en sus formas de  actuar y comportarse.

 

El constante tesón y fe, en conseguir una meta, hace al hombre caminar más deprisa e instintivamente, porque, sus sentidos se han adelantado y adquieren una visión  especial que le muestra con más claridad el camino emprendido, que le crea un estado visionario y  de optimismo, y le proporciona más ánimos y confianza en si mismo y en su labor.


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