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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Amor eterno

 MANUEL RUBIO

 

 

“Cree y siente dentro de ti mi sinceridad.  Y
le pido a Dios, que puedas entender la diferencia entre el querer y el amar”

De Joshua Bruce

 

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Creo yo, si el diccionario no me contradice, que querer es desear; y amar, es tener cariño. Conceptos, que se manejan indiferentemente.

 

Las relaciones amorosas entre dos personas, son como dos líneas, sinuosas, que corren, una frente a la otra, (no paralelamente) a través del tiempo y en la misma dirección, hasta que, una de ellas o ambas, por uno o varios motivos se distancian, tanto la una de la otra, que llegan a desaparecer. Ondulaciones, que a veces, parecen converger, pero no lo hacen, porque guardaran la distancia por ellos fijada. Una pareja, que en su día, de común acuerdo, aceptó vivir juntos “para toda la vida”, temerosa y consciente de que correrán vicisitudes y riesgos varios, embarcan un día, en la nave del amor, una pequeña embarcación que  a la mar se hará, con un rumbo fijo y  unas maletas llenas de propósitos y proyectos, para llevar a cabo. Entre ambos y en  proporciones desiguales, el uno del otro, portaran amor, sexo, respeto, cariño, como compresión, admiración, etc. que mantendrán,  avivarán o por el contrario debilitaran a lo largo de sus días de navegación. Se hablaría también, de la plata, que entre ambos pueden aportar, para hacer frente a sus necesidades, básicas; éste último, factor necesario, para  mantener a flote una embarcación de este porte, la cual, deberá enfrentarse a múltiples contratiempos, de la “naturaleza”, tormentas, marejadas, mar de fondo y otras inclemencias del tiempo, que en esta travesía vayan surgiendo. Porque, la seguridad, no solo dependerá, de la fortaleza de la embarcación, sino de los mares, por los que se navegue, como  también, de los “polillas” que se fueran sumando a ellos en las sucesivas escalas que hicieran. Mas, en estos tiempos, en que la mar anda encrespada, peligroso es llevar un equipaje  desproporcionado o falto de algunos de los repuestos  imprescindibles, que pueden dar lugar a  que muchas de estas embarcaciones, suelan, pronto hacer agua y hasta hundirse. Las estadísticas nos hablan de las muy pocas que culminan el viaje o de cómo algunas, nada más ponerlas a flote, se vienen a pique. De las que llegan, seguro habrán tenido un feliz viaje.

 

Conceptos hay,  bien para  él o para ella, o para ambos a la vez,  que sin ser básicos,  como son la sexualidad y la belleza corporal,  son considerados primordiales y allá van repletos, de éste abundante bagaje, que para mucho no sirve, en tan arriesgado viaje, hasta que se dan cuenta, que  estos conceptos, si de principio, satisfacen lo suficiente, por ser el clásico dulce, sin embargo, pasado un tiempo, si no empalagan, no llenan, cuando en exceso se consume.

 

Del  amor. Tanto se ha hablado, que poco queda de él, por decir, ¿Pero, que es el amor y cuantas clases de él, hay? Porque el amor como la flor, una vez que se disfruta de su belleza y aroma, son de corta duración, porque en escaso tiempo se suelen marchitar. Tenemos vaga idea de lo valioso que éste es, y realmente, no muchos, llegamos a saber de él, como nace como  se conserva, como se marchita y hasta como muere.

 

Tanto el cariño como el amor, que portamos, no nacen espontáneamente, es una manifestación propia del hombre, cuando alcanza la pubertad, y en el que el cerebro interviene plenamente, como algunos dicen, una reacción química, o como yo llego a pensar, unos impulsos cerebrales o corrientes nerviosas a través de las dendritas de una parte del cerebro, que almacena y lo conserva en  la memoria. ¿Que clase de información? El animal por el contrario, carente de esta facultad, solo se estimula en ciertas épocas del año, sexualmente y una vez realizado el acto de la copulación, como no tiene  memoria no guarda estos recuerdos.

 

Unas veces el amor es tierno, otras duro, cuando no crudo, o cuantas otras, para ser sincero, los hay, que se chamuscan. El secreto de amar, está basado en  mutua comprensión, junto a  una actitud  tolerante, por ambas partes, capaces de saber soportar cualquier altibajo que surja en la pareja En una palabra, ésta es, una facultad ¿O  bien una educación que se adquiere? No lo sé, pero sí, que es  percibida por el  ser amado, en todo su contenido. Así que no es extraño, que dos personas, que se quieran, forzada o espontáneamente, lo mejor sería, para ellos que se entendiesen.   Algo análogo ocurre en el trato con otras personas, en la casa, en la oficina, con las amistades, viajando etc. tu conducta, tu afabilidad y simpatía  serán las que rijan el buen o mal entendimiento con éstas personas  que te relacionas y si hablo de esto último, es porque el amor siempre está presente en toda relación. La confusión surge, cuando “la bruma”,  aparece de improviso e impide ver claro, o ciega de tal manera, que hasta puede resultar peligroso seguir el rumbo trazado. Siendo mayor la responsabilidad, cuando  uno de ellos, es el que lleva el timón, y no  advierte, los escollos, que se han de sortear, y aún peor,  si, no es o son conscientes, de las aguas, por las que  navegan.

 

Cuando la pareja, ambos, han recibido, similar  educación, o formación, y sus  convicciones y sentimientos, coinciden, la estancia a bordo es más afable y hasta el viaje se hace corto, porque  estas dos líneas, a las que he hecho referencia al comienzo de este escrito, caminen mas emparejadas la una a la otra. Lo que les aportará, felicidad y entendimiento y una mejor convivencia. Es como la corriente, que salta de una línea a la otra, y según su separación, será mayor o menor el flujo de corriente que perciben, todo siempre en consonancia a la distancia que se hallen ambas líneas.

 

Concluyo con una conjetura, sacada de mis experiencias y es, que por ser difícil, que haya un perfecto equilibrio de entendimiento entre las dos personas, por las razones que sean, habrá siempre argumentos de discusión que les hagan discrepar e incluso distanciarse.  A tenor de lo que he expresado  en el párrafo anterior, siempre es muy aconsejable que no se zarandee mucho la chalana, pues por este motivo, puede caer alguno al agua o ocurrir alguna desgracia entre “los pasajeros”. Me refiero al divorcio o separación, en las que, los hijos sufren el mayor daño. 

 

Los vientos que soplan, a través del cine, la comunicación,  las exigencias de la sociedad moderna, hace cambiar a veces, el concepto actual de los valores del hombre, y con ello enturbiar las buenas relaciones entre los seres que se aman. En fin. Una sociedad envolvente, que  llega a demoler, asquear y hacer perder los estribos, al más recto de los hombres y que solo crea infelicidad entre las personas.. Estos son lo vientos que soplan hoy más que ayer, y que a muchas parejas, a uno más que al otro, les hace sentirse frustrados, sin llegar a valorar, lo mucho que  tienen, pues, con solamente se amaran ya sería suficiente.


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